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Claudio Acevedo

 

Propincuo follower:

Me imagino al canciller Ebrad (Capitán Ebrad después de la victoria), sentado tras su escritorio en plena tensión, o al filo de un sillón, en la mano el control, jugando en tiempo real con los permisos, las negativas, los permisos al punto denegados, del puñado de países sudamericanos, por cuyo espacio aéreo navegaría, o no, el avión de la Fuerza Aérea Mexicana, encargada de trasladar de Bolivia a México a Evo Morales, renunciante a la presidencia un poquito más y reelecta de su país natal. Juego concentrado, ruta llena de sobresaltos. Pero Capitán Ebrad lo logró en numerosos sets y no pocas horas.

Eufórico, ya en el hangar presidencial (en realidad ex hangar presidencial), esperó a que el refugiado descendiera por la escalinata de la nave, para recibirlo con abrazo y carantoñas. Ignoro si pronunció la fórmula clásica:“¡Ave, Evo”. Y si éste, contestó: “Vini, vidi, vinci”. En una de las “mañaneras” narraría, prolijo, la aventura. Que si Bolivia primero sí y después ninguas. Que si Perú y Quito mala onda. Que si Brasil (quién iba a suponerlo), jalador. Si todo lo anterior no da para un Video Juego, confieso ignorar lo que un Video Juego es. Pero pasando, follower, a otra cosa, comparto con usted, a uno de mis palmitos preferidos. Se llama Anllela Sagra (colombiana, para no salir de Sudamérica). Nacida no hace mucho, en 1993. Con 59 kilitos repartidos con imaginación en 1.75 m. de estatura. Instructora (se nota a leguas) de fitness. Dirección:

@anllela_sagra

 

 

 

 

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