PRIMER TENDEDERO DE POST-IT’S

 

PRIMER TENDEDERO DE POST-IT’S

Fernando Curiel

 

Somos nuestras fijaciones, que el tiempo recrudece. De Inglaterra guardo lecturas de un pasado imperial, una Revolución Industrial que mella los mazos de los ludditas, un Shakespeare y un Oscar Wilde, un monumental escultor (Henry Moore), un pintor Bacon, una Monarquía no por simbólica menos real (y la introducción y charla exprés con la Reina Isabel II, en un brindis en la Embajada Inglesa). De Londres, su capital fluvial, guardo el recuerdo de los autobuses rojos de dos pisos que llevados al Continente durante la Primera Gran Guerra transportarán a las tropas a los frentes de batalla, las cabinas telefónicas asimismo color rojo, el barrio victoriano de Chelsea lamido por el Támesis, el parque St. James, las perspectivas impresionistas de los puentes. Y de ambos, Inglaterra y Londres, una batalla de opinión pública que inclinará la balanza del lado de Europa (véase, si lo encuentra, mi Vida en Londres, varias veces reeditado). Hace rato que no regreso.

 

Pasó el siglo XX, y en este, el XXI, la balanza cambia de posición del lado de la insularidad. Brexit. “La más grande estupidez” (o algo así) habrá dicho mi admirado John Le Carré.

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17 de octubre. Meriendo en la Taberna del León, en Plaza Loreto, con Antonio, Kazumi y Cony; Antonio y Kazumi de retorno de su regreso a Islandia. Fotografías y anécdotas de una tierra en verdad prístina y salvaje, de estreno de la Creación. Fotos espectaculares que ya empuña PUÑO ELECTRÓNICO.

 

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Está por aparecer la reedición de La vorágine, cuyo prólogo me encomendara Augusto Monterroso cuando dirigía la colección Nuestros Clásicos de la UNAM. El autor, el colombiano José Eustasio Rivera, anduvo por las calles de esta ya irreconocible Ciudad de México (¡qué CDMX ni qué paparruchadas!), en 1921, con motivo de las Fiestas de la Consumación de la Independencia.

 

Álvaro Obregón y José Vasconcelos, formando una dupla extraordinaria, en beneficio de la educación pública, como la que formaron Porfirio Díaz y Justo Sierra. En 1921, una rectoría que volcaba a la Universidad Nacional (faltaba llegar a 1929 y su conquista de autonomía parcial) sobre nuestros dos males ancestrales, la desigualdad y la ignorancia; y la creación de la SEP (secretaría en picada después de la segunda vuelta de Jaime Torres Bodet). Once años antes, en 1910, la inauguración de la Escuela Nacional de Altos Estudios (origen del Posgrado y la Investigación) y de la Universidad Nacional de México.

 

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Ya en el blog mi “Estimado Rambo”. Stallone, Hércules decrépito, repleto de freudianas culpas, construyendo túneles como si siguiera en Viet Nam, protegiendo a una madre e hija mexicanas, abandonadas por el miserable padre, bueno para nada. Todo esto en época de “Bóreas” Trump y en la Frontera Norte, ese Tercer País, binacional, al que el Muro donaldino hará los mandados. Padrastro benefactor, y madre abnegada y amorosa, verán perderse a la hija camino ya a la égloga del Campus Universitario, en la búsqueda de la verdad (que el padre le ladrará en la cara: desamor e irresponsabilidad por parejo), en la traición de una disque amiga, en la más cruel red de tratantes de blancas que se ha visto en Cinépolis. La joven muere. Y la venganza (reparación) de Rambo rayará en la épica carnicera.

 

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Me entrevista por verdadero azar, en el Jardín Zen de Filológicas, una joven aplicada al estudio de la “imagen” (artimaña, arte, ciencia). Le dedico IMAGEN ES FONDO, artículo que enviaré a El Financiero. Fases que van, de la ocupada en actrices, modelos y presentadores de televisión, pasado por la de las elecciones ya vil “marketing” (el político actor, modelo y locutor), a la de “montajes” sobre malhechores y eficacia policiaca (que más tarde se vienen al suelo); y rematan en la auto imagen del selfie y la deplorable contra-auto-imagen (como la de Paris Hilton en su milésima visita a México: outfit deplorable que ni Madonna).

La entrevista se hace conversación. La joven prepara una prospectiva de negocio que involucra fondos libreros académicos. Me participa que mientras en las universidades privadas, la consulta es en línea, en las públicas es bibliotecaria. Lo juzgo lógico asunto cultural. Ciudad Universitaria, por ejemplo, gira alrededor no sólo de la Torre de Rectoría y del Estadio, sino de la tatuada (se pondría de moda) Biblioteca Central. Ninguna Universidad privada cuenta con algo semejante. Le muestro la espectacular biblioteca Bonifaz Nuño del IIFL, cumpliendo ya no meses sino años de permanecer cerrada, inutilizada. Por equis o por ye. Advierto una desafortunada intervención (tapancos) en un interior proyectado como espacio catedralicio de luz.

 

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Comparto con mi hijo Adrián el gusto por el último Vargas Llosa, el de Tiempos recios. Como si se tragara sus palabras contra la “Novela primitiva”, la del autor de La vorágine, por ejemplo. Lo que en el peruano es el banano de la United Fruit, en el colombiano es el caucho. Seguiré informando.

 

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Si el sistema literario local da de qué hablar, el internacional no se gasta malos bigotes. En Francia, Olivier Truc, quien fuera en Suecia corresponsal de Le Monde, publica L’affaire Nobel, libro destinado a recontar y desnudar los tejemanejes al interior del célebre areópago, protagonizados por Jean-Claude Arnault, esposo de la poeta Katerina Frostenson, integrante esta de la Academia Sueca, y que llevará a la suspensión por dos años del premio correspondiente a literatura. La historia da para una novelita Nota Roja. Arnault, francés de origen, arriba a Suecia en calidad de electricista, pero además de seductor y timador. La Frostenson cae rendida. Juntos abren el Forum-Nutidsplats för kultur, pronto mentidero de moda entre la intelectualidad. Pero asimismo espacio en el que el esposo opera como delincuente sexual y receptor de fondos (¿mano de la esposa’) otorgados por la Fundación Nobel, y que incluirá un departamento en mero París. El malandrín es denunciado por diversas víctimas de su voraz libido. Sara Danius, feminista “outrance”, y secretaria permanente de la Academia, secunda la denuncia, despertando la ira de la Frostenson. El areópago se hace bolas como diría Carlos Salinas y se divide en bandos (ni en el Nobel faltan los jurados “culeros”). Se retira el apoyo al Forum, la pareja galo-sueca se retira a París. Estalla el escándalo, con un vigor digno de una carga de la dinamita patentada por Alfred Nobel. Y paro de contar, en espera, usted follower y yo, de la traducción del libro de Truc. Que, por cierto, no sé si aborde, en la descomposición a estudio de la judicatura del Nobel literario, si en algún momento asomó, junto al acoso sexual y el favoritismo, la mano negra de la negociación política en favor de tal o cual candidatura (¡viste tanto un Premio Nobel en los países en subdesarrollado desarrollo!).

Y, por otro lado, resulta que el PEN Club Internacional y el PEN Club México, entran en colisión. Notita a modo de antecedente cultural. En 1922, como si previeran la persecución de la inteligencia que desatarían fascismo y nazismo (y franquismo), un grupo de escritores encabezados por el inglés Bernard Shaw, el francés Anatole France y el alemán Thomas Mann, se da a la tarea de organizar una institución freno del poder político que le declara la guerra a la libre imaginación. Tres años después, la empresa es secundada en México por el inseparable par Genaro Estrada-Alfonso Reyes. Así nace el PEN Club México.

Pues hete que el PEN Club Internacional, ganado por la causa independentista culé, intenta afiliar al capítulo mexicano, nomás por sus pistolas, a escritores catalanes. Lío. Se desconoce a la presidenta mexicana actual y se nombra, para el Pen Club Internacional, como secretaria, a Elena Poniatowska, de indeleble filiación lópezobradorista. ¡Dios Apolo, de nuevo la “polaca” comiéndose el mandado!

 

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Recordatorio. Decía yo, y lo reitero, que el problema de la Universidad es demasiado complejo para dejarlo sólo en manos de los universitarios. Ahora agrego que el problema catalán es de tal suerte complejo para España (y para Europa) para dejarlo sólo en manos de los catalanes.

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Comida en mi bunker de Copilco el Alto, con Claudia Curiel de Icaza, historiadora, en el equipo responsable de la Casa del Lago en Chapultepec, hija del telentosísimo músico Francisco Curiel, mi sobrina. Obvia botana a base de aceitunas rellenas de anchoas y trozos de queso, láminas de salami, uvas; y de plato principal un espagueti con diminutas pero sápidas albóndigas. De postre obleas y galletas monjiles de San Jacinto, en San Ángel. Se agrega a última hora, Priscilla Pomeroy, diseñadora de la página de PUÑO ELECTRÓNICO, mi “ready made” de cabecera. Formidable encuentro.

(CONTINUARÁ)

 

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