Lo extraño dentro de lo familiar y cotidiano (Reseña de la novela La Ciudad de Mario Levrero)

 

Lo extraño dentro de lo familiar y cotidiano

(Reseña de la novela La Ciudad de Mario Levrero)

Elena Escalante Ruiz

 

Si se habla de vanguardia debe hablarse de Mario Levrero (1940-2004). Su forma única de crear relatos tiene la particularidad de no poderse encasillar dentro de un solo subgénero literario. Este año, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (FILBA), le hizo un homenaje en el que participaron Elvio Gandolfo, Gabriela Onetto, así como el escritor y amigo nuestro Pablo Silva Olazábal (autor del libro Conversaciones con Mario Levrero), entre otros.

De acuerdo con el crítico Hugo J. Verani[1], “pocos narradores hispanoamericanos elaboran un testimonio de descolocación tan radical y perturbador como Mario Levrero”. En la mayoría de sus obras, el lector se encuentra con imágenes distorsionadas, realidades distópicas, acciones absurdas y metáforas que crean extrañamientos. Su novela corta La Ciudad[2] (1966), sin duda reúne estas características. De ahí que Antonio Muñoz Molina comience su prólogo a esta narración, titulado “La lógica de un sueño”, con las siguientes palabras: “No se puede leer La Ciudad sin un sentimiento de desasosiego que en muchos pasajes linda con la forma amortiguada pero persistente de exasperación”.

Fotografía tomada de https://www.eldesconcierto.cl/2019/09/07/mario-levrero-pudo-ser- una-estrella-prefirio-ser-un-perdedor/, consultada el 6 de noviembre de 2019.

En La Ciudad lo contingente o circunstancial está presente en dos planos y de distinta forma. En el plano externo se encuentran los hechos fuera de los parámetros de lo cotidiano. En el plano interno o psicológico, estriba la personalidad del narrador.

Desde su comienzo, lo contingente parece ser el hilo conductor del relato: en una tarde lluviosa el protagonista llega a una casa cuyo abandono y humedad, dan la sensación de que todas las cosas están “cubiertas de baba”. Esta frase es un claro ejemplo de la originalidad lingüística levreriana: las palabras se alejan de su significado pues metaforiza la realidad al tiempo que le da un constructo mental/psicológico al narrador. Paradójicamente, el lector nunca llega a conocer el nombre del personaje. Tampoco sabe de dónde viene o por qué llega a esa casa. Esta falta de información añade cierta apatía a su personalidad, pues narra los hechos como suceden sin intentar comprenderlos, ya que son pocas sus digresiones frente a lo contingente o extraño de sus experiencias.

Ante la imposibilidad de que la casa, aunque de manera precaria, sea habitable para pasar la noche, el narrador decide ir a comprar algunas cosas al almacén. Así, el protagonista se abre paso en una ciudad que parece deshabitada, distorsionada por la oscuridad y la lluvia; esta distorsión es característica de la obra levreriana, en donde los espacios y lo real se modifican, para ceder el paso a la psicología del personaje, pues su “yo” interior es el que describe el entorno.

El agotamiento y la dificultad de llegar al almacén o a algún otro lugar como refugio, llevan al narrador a buscar ayuda: detiene un camión de basura que pasa frente a él; así conoce a Ana. Tras horas de viaje, Ana y el narrador, debido a un malentendido con el conductor, son bajados del camión. De tal manera, ambos comienzan una larga caminata hasta llegar a un caserío compuesto por una estación de gasolina y algunos comercios, lugar en el que vive Ana.

Fotografía tomada de http://www.polvo.com.ar/2019/04/levrero-varlotta-devinsenci/, consultada el 6 de noviembre de 2019.

A partir de la llegada del protagonista a este lugar, Levrero recrea una serie de circunstancias imprevisibles y absurdas: en la estación de gasolina había “un gran cartel que decía BENVENIDOS en varios idiomas (entre los que no figura el español)” (Levrero, p.18). Ahí, el narrador conoce al encargado que se presenta como Giménez: “y rió brevemente, con una risa menuda y algo femenina (aunque no diría afeminada)”. (Levrero, p.19). La ambigüedad del papel que juega Giménez en el relato es muy característica del estilo de este autor. Giménez es cómplice del narrador y al mismo tiempo el personaje antagónico de la historia, ya que impide al narrador regresar a su punto de partida: la casa a la que llegó en un principio. Esta imposibilidad es quizá el pretexto del autor para mostrar la paradoja del relato: la falta de apertura hacia otras formas de pensar; hacia la problematización de nociones, tanto de lo propio como de lo extranjero o extraño.

La herencia kafkiana y la ruptura de arquetipos son algunos de los mecanismos utilizados por Levrero para recrear realidades disímiles a aquello que nos es familiar. Con esto, recordemos que la vanguardia estriba en romper los moldes establecidos por el canon. Partir de lo hecho, sólo para crear nuevas herramientas y metáforas que generen otras formas de comprender el mundo.

El resto del relato deberá ser juzgado por usted, querido lector.

 

[1] Verani, Hugo J, “Mario Levrero: Aperturas sobre el extrañamiento”, Nuevo Texto Crítico, 1966.

[2] Levrero, Mario. La Ciudad.  Plaza y Janés Editores, S.A. Barcelona, 1999.

 

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