AVANZADA YA SU EDAD, Y TIERNO EL SIGLO XXI

AVANZADA YA SU EDAD, Y TIERNO EL SIGLO XXI

HABLA EL ESCRITOR

Fernando Curiel

 

Compatriotas y followers:

Si mi oriundez es doble, romana y taxqueña; lo primero por haber nacido en la calle de Manzanillo de la Colonia Roma, Clínica del Dr. D’ Hoyo Monte; y lo segundo, por haberme adoptado como residente suyo Taxco de Alarcón, entre los 3, 4 años de edad, y los 17, 18; mi experiencia escritural ha atravesado las fases manuscrita, mecánica y computacional del oficio (empiezo este texto a mano, en una libreta Scribe, con la leyenda FEEL FREE /STAY KIND, respectivamente portada y contraportada, que más tarde “editaré” en la computadora, omitiendo esta vez desenfundar mi histórica LETTERA 32, Olivetti portátil.

APARTE. Después de la película ROMA, que las autoridades capitalinas celebraran como si de una Tercera Fundación de Tenochtitlán se tratara, y Hollywood la premiara como obra maestra que no lo es (salvo el mundo de las nanas, para mi esencial), dictamen al que se sumaron sumisos Festivales de todo pelaje; la Colonia de estirpe porfiriana luego remodelada Art Decó por la Revolución, ha recobrado su paulatina mutación en zona millenial; en competencia con otra transformación New Edge, la de la vecina Colonia Condesa. En Taxco, un grupo empeñado en ello, foráneo y local (salvo las autoridades municipales), hemos fallado en la declaración estatal de un Centro Peatonal que cancele el inminente colapso vial y modernice el turismo y sus servicios (y deje respirar a la cantera de la prodigiosa Santa Prisca).

Pero, me pregunto, a estas alturas de una vasta bibliografía, ¿sé con certeza qué clase de bicho es el escritor y de ser ciertos, como lo creo, los misterios que envuelven (envolvían más bien) a la escritura? ¿Y ya tengo claro en qué casillero me inscribo? ¿Poesía, prosa? ¿Reflexión, ficción o reportaje de lo real, ensayismo o relato? ¿Imaginación pura o documento? ¿Literatura canonizada o experimental?

APARTE. Por experiencia propia asumo que el escritor es un bicho del lenguaje, como algunos insectos lo son del dengue o del Mal de Chagas. Y para la creación artística-lingüística, aduzco las tres teorías recurrentes del caso. La de un ser elegido por los Dioses, sujeto por ello mismo sagrado. La del psicópata, a fin de cuentas. La del condenado a la Piedra del Sacrificio, en aras de la Obra, guiado por la Musa, y entre mugres, hambres, excesos, trapos estrafalarios, incomprensión ambiente, bohemia en suma, perecer en el intento. Teorías que no me resuelven a fondo las cuestiones torales. La de, en principio, una libertad absoluta de imaginación por parte del escritor, violador o casto, criminal o redentor de la raza, enamorado perdido o hipocondriaco, dador de vida o suicida. La del dictado matizado, censurado, de lo imaginado sin llenaderas. La de la ejecución. La de la lectura, la fruitiva y/o anticonceptiva por no generar nuevos textos, la crítica sí procreadora de textualidad, la certificadora (esto es literatura, esto no). ¿Y cómo explicar a la lealtad lectora, de anónimas masas de la población, con grados universitarios o sin ellos, a, por citar algunos ejemplos: “El brindis del bohemio”, a “Pito Pérez”, al “Código Carreño”, a “Santa”, a “Casi el paraíso”, independientemente de los melindres académicos o de las “desapariciones” de escritores fundamentales pero aquejados de incorrección política, y derivadas de la Guerra Sucia Cultural Pos68? Un misterio, o un rosario de misterios, para mí, aún, la Literatura (y la pintura y la música). Y créanme que me perturba el distingo de mi admirado Pancho Picabia entre escritores de indudable talento, que no llevan hasta sus últimos términos sus dones y adivinaciones, y aquellos que acaban por ser reconocidos a destiempo, demasiado tarde.

Para algunos, así lo percibo, lo mío que se dice mío, es la escritura académica, la de investigación. Juicio que quizá no anda tan descaminado, si mi Onetti: calculado infortunio se llevó el Xavier Villaurrutia, mi Querella de Martín Luis Guzmán el José Revueltas, y mi El cielo no se abre. Biografía documental de Alfonso Reyes, el Colima (Premios, a la sazón, todavía acreditados).

¿Pero le asiste, en definitiva, la razón, a este tipo de parecer? Me temo que no. ¿O no se respira un aliento narrativo en Mi vida en Londres? ¿De ficción en mi Tren subterráneo? ¿De narratividad, ficción y hasta poesía en mi Navaja y en mi Junto a los escombros?

APARTE. Contabilizo, a la fecha, treceavo día de octubre de 2019 (año tan dado al catre), puñados, decenas de títulos de mi autoría, sin considerar los colectivos. Amplia producción entre investigación, varia invención, ensayo y autobiografía (que gusto endilgar a una Tercera Persona, salvo este escrito). Tendré que ceñirme a este corpus, descifrar su sustancia, explorar el mapa que traza, para dictar sentencia (no definitiva, sino apelable, lo admito). ¿Qué escribo? ¿Qué pulsiones me empujan a hacerlo? ¿La fama, el reconocimiento, la celebridad? ¿Intento espantar fantasmas? ¿Me dirijo a Ella, a Ellas mejor dicho, desfile de féminas que antes que clausurarse se reinicia? ¿Me va la vida en el afán? ¿O más que de religión, psicopatía, mitos románticos, habría que referirse a la fisiología, función física del alma? (¡ah caray!).

La conciencia, el descubrimiento del escritor FC, lo debo a Juan José Arreola, entonces mi maestro de Declamación en la Escuela de Arte Teatral del INBA (dudaba yo entre el histrión y el abogado, la fiebre política aún tardaba en manifestarse). Pero, aunque el rito de paso lo fue su taller legendario Mester, en cuya revista publicaré mis primeros textos (¿cuento? ¿estampa? ¿qué diablos?), y disfrutara el espectáculo verbal de su pedagogía (me inició en Borges, en Schwob, en Torri), nuestra relación no cruzó el umbral que abre a la intimidad. Mientras que el editor de mis dos primeros libros (fracaso de La aproximación, campanazo de Vida en Londres), lo fue el “argenmex” L. G. Piazza, éste sí íntimo, cómplice, cuate, amigo del alma, que me hubiera gustado compartir con mis hijos (orden de aparición) Adrián y Paula, ambos escritores, él talentoso y maduro cuentista y novelista, ella talentosa cronista y poeta en agraz.

APARTE. Corrían los 60’s en una Ciudad de México todavía armónica, ocupada tarde y noche en una Revuelta Cultural transversal (arte todas y pensamiento), lejos de la politización del 68 y de la Guerra Sucia Cultual Pos68. Prosperaba una red de focos culturales naturalmente conectada, y la “intelectualidad”, que había crecido una barbaridad, contaba con su propio asentamiento, la Zona Rosa (vulgo “La Zonaja”). Yo vivía en Río Atoyac, paralela al Paseo de la Reforma, a la altura del original emplazamiento de La Diana, mi confidente. Nos visitaron De Gaulle (con Malraux en la comitiva) y Kennedy (con Jackie, luego viuda señora Onassis, de alter ego). Y la Ciudad de México me había regalado el “amor fou”. De más o menos mi edad, finco honda relación con Gustavo Sainz y Jorge Arturo Ojeda, con Elsa Cross y Esther Seligson. Tendrían que pasar lustros para que reparara en las resquebrajaduras del vertical, presidencialista, “sistema”: que la obtención de la sede Olímpica para 1968 no encendiera todas las alarmas en Palacio Nacional y en Los Pinos; que el PRI, partido de Estado, más Politburó soviético que émulo de partidos semejantes en América Latina, se negara en 1965 la oportunidad de auto reformarse, reconfigurarse (premio: Corriente Crítica que lleva al PRD que lleva a MORENA que lleva a la paliza que MORENA propina por igual en 2018 al PRI y al PAN y al PRD).

 Bien. Me sumerjo, un tanto sorprendido, en el Mar de la Escritura. ¿Y? ¿Cómo alcanzo a verme hoy? Está el narrador, y sin dubitaciones, el ensayista en diversas fases (experimental, pop, grave) que no deja títere con cabeza (la urbe misma, la literatura nacional y asomos a la hispanoamericana, las costumbres clasemedieras en pleno cambio, el cine y los “mass media”). Aunque corren otras venas, la de cierta erudición por ejemplo (por “erudito” me tendrá Huberto Batis cuando le llegue su hora a mi “Onetti”). ¿Qué concluyo a las vueltas del tiempo, pasados los 70’s y los 80’s y los 90’s del siglo XX, y lo que va quién sabe a dónde del XXI? La tendencia decidida de estudiar la Literatura (con el favor, aquí, de Alfonso Reyes y su discípulo José Luis Martínez principalmente), pero la disposición (que empezó intuitiva y terminó del todo consciente) de erosionar los géneros literarios, imbricarlos, enfrentarlos hasta que saquen chispas. De ahí, afirmo, mi tendencia al pastiche, al aforismo (que dispara a media distancia del pensamiento y el simple y llano reclamo publicitario), al juego de lenguajes; mi gusto por la novela vanguardista de Joyce y Dos Passos (por citar un par de clásicos) y el New Journalism (el no haberlo entendido así, me condujo, vía la Nouvelle Roman Francais, a la puerta falsa de La aproximación); mi auto reclutamiento en el Ateneo de la Juventud, enemigo de las fronteras literarias rigurosamente vigiladas.

De esta suerte me veo, avanzada ya mi edad y todavía medio en pañales el siglo XXI.

APARTE. Y mientras tanto, el Sistema Literario en el que me hice escritor sin señas de identidad de género identificable, se ha desplomado. Vayamos, como dicen que dijo un famoso asesino descuartizador londinense, por partes. Estarían la Creación, la Producción, la Circulación, la Recepción y la Certificación del producto literario. Pues bien. Los tiroteos y jalones de lo que llamo Guerra Sucia Cultural Pos68, desmantelaron tales componentes. Veamos la Creación. Lo que antes era libertad plena, empieza a verse condicionada por la filiación a facciones, las pujas becarias, la proliferación como si se tratara de alpiste para pájaros de Premios (mayores o ínfimos), juramentos de sangre con tal (por cual) Tlatoani; conflictos de intereses con dictaminadores y jurados que aspiran a ser escritores; el dinero, con la firma FONCA, CONACULTA (principalmente) enrarece, hasta tornarla irrespirable, una atmósfera antes libérrima, a su aire, apostando a la Estética (de una camada sé su disposición a hacerse del Poder Cultural, participar en cuanto Premio le saliera al paso, calcular antes que arriesgar). Pasó a la Producción, campo de encuentro del Editor de raza y el artista y técnico gráficos; si en los 60’s y parte de los 70’s, proliferaron las editoriales alternativas, independientes, tal florecimiento entró en vuelo de picada, barrena, los años subsecuentes; y no exagero al decir que en el de otra suerte natural combate entre Riesgo Estético y Rentabilidad, ésta noqueó al primero. ¿Y la Circulación? Basta, como desalentadora respuesta, la curva descendente de librerías de buena literatura; vender, así sea basura, pero vender: hora de “mayoras” y amas de casa, y políticos a la baja, mudados “mayor venta”.

 Lo que no impide la mención de la primera Gandhi, del librero innovador Mauricio Achar, cercano amigo; ni la versión original de las Primeras Ferias Libreras, nacionales o internacionales, a la postre convertidas no pocas de ellas, ora en experiencia de hacinamiento (como entrar al METRO Estación La Raza en hora pico); ya en oficinas temporales de negociantes trasnacionales (suele afirmar mi tocayo hermano Tola de Habich: “La industria editorial mexicana que es española que es alemana”); Pasarela de los de siempre que ni Son todos los que Están. Aquí cabría hablar del, más que sonado, sistemático fracaso del Estado y de las Universidades públicas en la divulgación, ya que no edición, de la gran literatura mexicana del siglo XX, una de sus lumbres. Pero, en cambio, por razones de “tenebra” oficial, evangélica, se publican millones de ejemplares de la Cartilla moral de Alfonso Reyes, obra en verdad menor del regiomontano, escrita por encargo de su amigo y “secre” (primera vuelta) de la SEP, don Jaime Torres Bodet; ¿menor?, sí, menor, si se le compara con tantos otros títulos alfonsinos decisivos (y llenos, estos sí, de gracia).

APARTE (CONTINÚA). ¿Y la Recepción, la puramente gozosa, la periodística, la crítica, la académica, la premial? Hasta aquí llegó la obra perniciosa de esa mezcla letal de lucha de facciones (de “izquierda” y de un centro que paró en derecha), y de tendencioso intervencionismo estatal. Prensa y centros de estudios obligados a tomar partido; ausencia de visiones totalizantes a cambio de la Divinización de Zutano o la Demonización de Mengano; insostenibles contiendas: Guzmán versus Revueltas, Rulfo versus Arreola, Paz versus Fuentes (bueno, aquí sí corrió figurativamente sangre), y un largo etcétera. En cuanto a la recepción premial, esta engarza con la Certificación. Y todo lo dice el reciente agarrón de los colaboradores de Mario Bellatín, director fugaz del FONCA, con sus alebrestados creadores derechohabientes. Reconocimiento de complicidades, cuatachería, becas y apoyos y hasta premios pre dibujados, corrupción. A lo que se añade la reducción presupuestal de una Secretaría de Cultura, sacada de la manga del entonces presidente Peña Nieto, reconocido analfabeto cultural. Secretaría de otra parte errante, y desvelada por el Último Grito de los pueblos y las lenguas originarias (que ojalá no pase de moda apenas se agote la alharaca del “encuentro” Moctezuma/Cortés, noviembre de este repito dado al cuas 2019). Y mejor dejar por ahora la profunda sacudida del CONCAYT…

Me reconozco, pues, como un escritor ayuno de género literario, de plano “de culto” a la luz del destino (las Librerías de Viejo) de Vida en Londres, Navaja, Tren subterráneo, Paseando por Plateros, La telaraña magnética o el lenguaje de la radio, Mal de ojo. Iniciación a la literatura icónica, Manuscrito hallado en un portafolios y paro de contar. Quizá por eso me auto-edito, en busca afanosa de la lista de MIS CIEN LECTORES (FC, confidencial, Muchacha en sus treinta, Diario taxqueño, por aparecer Contantes y sonante (selfies) y en proceso De Puño Electrónico). ¿Lecciones cual tatuajes? Varias.

Primera: si toda literatura, sin excluir la de valor universal, es nacional; toda escritura es autobiográfica (lección reforzada por mi defensa académica, digamos gremial, de la edición crítica de epistolarios, de diarios, de memorias, y pareceres como el de Joseph Conrad).

Segunda: mi escapada a Europa (Londres pre-Thatcher, París en corta primera temporada, pero desde la Isla de San Luis, Madrid todavía franquista y premoderno, del lado de África antes que el de Europa, pero amor de primera vista), significó mi Camino a Damasco.

Tercera: escritores químicamente puros los hay, Juan Carlos Onetti, de quien me reconocí amigo y él asentó en una dedicatoria “A Curiel que sabe del onettismo más que yo”, uno de ellos.

Cuarta: lo que nos mata, colegas escritores, es la Inmortalidad (aforismo ya viejo).

Quinta: el orden literario (todo orden artístico en realidad) empolla continuidad y ruptura, tradición y vanguardia, y conecta con el educativo y el político, y en México persisten los dos males que desvelaron a Vasconcelos rector y secretario: la desigualdad y la ignorancia (desigualdad azuzada por racismo, violencia, corrupción y su gemela impunidad; ignorancia en la que se solaza nuestra verdadera Industria de la Conciencia, el mono-bipolio Televisa y Televisión Azteca).

Sexta: como se recomienda para las políticas, a las enemistades literarias hay que cultivarlas (aforismo también viejo).

Séptima: debe recobrarse Creación, Producción, Distribución y Recepción del Sistema Literario, Para eso están los blogs y las plataformas. Prédica con el compartido ejemplo: PUÑO ELECTRÓNICO.

He dicho (por ahora).

Gracias conciudadanos, followers, por la atención prestada.

 

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