AL CALCE DEL HIPERBLABLAISMO

 

AL CALCE DEL HIPERBLABLAISMO

Fernando Curiel

 

Entre burlas y veras, he comentado que, a partir de mi general Lázaro Cárdenas, de pocas palabras, la historia pública de nuestro país ha pasado por las siguientes corrientes: Blablaísmo, Neoblablaísmo, Postblablaísmo, y el actual Hiperblablaísmo.

Con la aclaración de que, sobre esta última corriente, me refiero no sólo al torrente verbal presidencial (con los antecedentes del echeverriato y del salinismo), sino a un fenómeno que ya exige franco análisis.

Hablo (mot just), señoras y señores, del salto de no pocos “opinólogos”, de anteriores medios críticos independientes, tanto a cargos públicos (con los riesgos que ya se cargaron al historiador Pedro Salmerón), sino a los espacios radiales y televisivos, que, sin perder un ápice de su naturaleza mercantil exaltadora del consumo, decidieron ajustarse a los nuevos tiempos.

Llámelos usted nuevos tiempos modernizantes o “desfifizantes”.

Y, la verdad, patético resulta escuchar o ver, o ver y escuchar, a comentaristas de la Res Pública, fuera de sus habituales trincheras impresas y electrónicas, ocupando de la noche a la mañana los espacios de los reconocidos portavoces del poder dominante.

En un hiperblablaísmo que con denuedo hace cera y pabilo al pasado público inmediato. O, tendencia que va imponiéndose, se aplica con idéntico denuedo a los dimes y diretes de la actualidad.

Se quiera o no, irrumpe una especie de retórica, o si usted prefiere, neoretórica.

Un buen ejercicio consistiría en enlistar las temáticas recurrentes.

Los distractores amoríos que rayan en lo grotesco de Peña Nieto, incluidos gorra beisbolera y peluca.

Fans shout slogans as they pay tribute to late Mexican singing legend Jose Jose at Bellas Artes Palace in Mexico City, Mexico October 9, 2019. REUTERS/Carlos Jasso

Los fallecimientos de ídolos que engordan el caldo de cultivo de la emotividad popular.

Los engorros sobre políticos que se derrumban por propia mano o son obligados a derrumbarse (el caso del ex ministro de la Corte, Medina Mora, a modo de ejemplar ejemplo).

Y todo esto, dando la voz, en busca del “rating”, a esa informe opinión de espontáneos, en los que asoma la cola de Partidos Políticos, arremetidas de “bots” y Redes Sociales claramente militantes.

Algo así como el traslado de la Industria del Chisme (usos y costumbres y desfiguros de la Realeza, la real y la del espectáculo), al análisis político.

Patética, desalentadora mejor dicho, la experiencia radial o televisa, de otrora adalides del “círculo rojo”, afanados, también a modo de ejemplar ejemplo, en el debate de si el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, puede decretar o no, que puesto que le habían robado previamente la elección, que la muerte en un accidente de helicóptero (por cierto aún no dilucidado), del ex gobernador Rafael Moreno Valle y de su esposa y sucesora, Martha Erika Alonso, fue un “castigo de Dios.

 

 

Por cierto, ya puede uno imaginarse a tan Alto Poder Superior, de caminos de suyo inescrutables, preocupado por hacer merecida justicia terrena a uno de sus hijos, aunque descarriado perredista-morenista, “Ojos bovinos”.

Bastaba que la nave se elevara, e interponerse en su camino. Así de sencillo. El golpe de un soplo.

¿En qué parará esta mutación, en la que el ultrablablá se lleva la partida?

Supongo que, a la larga, en el descrédito, no del “Sistema”, de “centro”, de “izquierda” o de “derecha”, que tiene sus modos propios de difusión amañada, y de sobrevivencia, sino del juicio crítico.

Servicio social, público, hasta ayer, respirando su hábitat natural. Bajo presión, amenazado, minoritario, pero natural.

Descolocado, en resumidas cuentas. Como corresponde a las voces alternativas, autónomas, un tanto de “outsider”.

Se impone, en cambio, quién iba a pensarlo, la “corrección política”.

De suerte que, discreta pero tenazmente, quedan fuera de la agenda, la mafia del poder sindical o las flagrantes contradicciones y opacidades de muchas políticas públicas. El supuesto ir a fondo del caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. La vindicación guerrillera, así no más, porque sí, sin el análisis, parejo, de caminos cerrados y la elección del crimen. Los arreglos, no por debajo del agua, sino a ojos vistas, justamente con las normales rurales en rebeldía, o con la propia CENTE. O la cuestión de una propaganda oficial (el burro hablando de orejas), que no sólo deja intacto al ramo de la publicidad, sino, al igual que los viejos tiempos, bordea el cursi melodramatismo.

Pero lo dejo, por ahora al menos, de este tamaño.

 

 

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