Evolución

 

Foto: Involución de Gyuri Lohmuller, tomada de https://es.artquid.com/artwork/31520/involucion.html, consultada el 24 de septiembre de 2019.

 

Evolución

Elena Escalante Ruiz

 

Cuando aparecieron las primeras mutaciones genéticas la comunidad científica quedó estupefacta. La naturaleza tuvo la última palabra y de modo tajante acabó con la disputa sostenida entre antropólogos, evolucionistas y paleontólogos a lo largo de casi un siglo. Este suceso sin precedentes marcó también el inicio de una fatalidad que ni los más agudos científicos podrían haber vislumbrado.

La controversia comenzó en 1926. La cátedra que el experto en anatomía patológica Max Westenhöfer dio en el Congreso de Antropología de Salzburgo, puso en tela de juicio las teorías darwinistas. Westenhöfer afirmó que el género humano era uno de los más antiguos de entre todas las especies que pueblan la tierra. Había observado ciertos caracteres en la especie humana que no se encontraban en simios, ni en prosimios. Argumentó que el eje evolutivo de estas dos especies debía invertirse. Ante las miradas de desaprobación y los ánimos exacerbados de la comunidad científica, Westenhöfer concluyó su cátedra afirmando que los seres humanos no eran los descendientes directos de los simios, sino más bien sus ascendientes: estos últimos podrían considerarse una rama que surgió del género humano, al igual que el neandertal, al que Westenhöfer describió como un heredero bestializado del ser humano.

Desde luego, a la propuesta teórica de Westenhöfer le siguieron un sinfín de réplicas académicas y otras fuera del campo científico, dentro de las cuales, incluso, puede citarse a Ortega y Gasset.

 

Max  Westenhöfer afirmó que el género humano era uno de los más antiguos de entre todas las especies que pueblan la tierra. Había observado ciertos caracteres en la especie humana que no se encontraban en simios, ni en prosimios.

 

Yo colaboré en la investigación desde su etapa más temprana. Todavía recuerdo el día en que recibí la invitación del profesor C. a unirme a su equipo de trabajo. Admito que el ofrecimiento fue toda una sorpresa ya que no había escuchado nada sobre este profesor desde mis años de especialidad en Oxford: experiencia que recuerdo claramente por el impacto que sus críticas al evolucionismo darwinista dejaron en mí.

La pasión del profesor C. por comprender el devenir de la humanidad nos llevó al descubrimiento del fenómeno evolutivo más importante en la historia del género humano. El equipo, bajo la dirección del profesor, retomó los estudios iniciados por Westenhöfer para comprobar que, entre distintos grupos de seres humanos, existe un considerable número de mutaciones genéticas, que alteran la morfología de dos órganos en particular: el riñón y el bazo. La noticia, que dio la vuelta al mundo, la dimos a conocer con el artículo: “Paternal-Branch and Inverse Succession”, publicado en la revista Science In Our Century (vol. 37 pp. 57-97). En dicho artículo, también señalamos que la ascendencia de los individuos con estas mutaciones, no muestran ningún tipo de anomalía genética. Así, comprobamos que la tesis del alemán propuesta en 1927, era correcta: estábamos ante el surgimiento de una nueva rama del árbol genealógico humano.

 

Foto tomada de https://www.lasprovincias.es/sociedad/ciencia/nueva-forma-adn-20180424112539-ntrc.html, consultada el 24 de septiembre de 2019.

 

Las alteraciones morfológicas en riñón y bazo comenzaron a ser reportadas de manera aleatoria por patólogos y urólogos de distintas partes del mundo. Cuando el profesor C. comprobó que la cifra de individuos con estas características era considerablemente alta, comprendió la importancia del fenómeno y lo imperativo que resultaba su estudio. En un principio la mayoría de nuestros colegas, con recelo y escepticismo, ignoró nuestra línea de investigación. No estaban de acuerdo con la teoría de que estas alteraciones morfológicas estuvieran relacionadas con alguna mutación genética. Pensaban que eran provocadas por la ingesta de alimentos procesados y por las toxicas del medio ambiente, a las que hoy en día la mayoría estamos expuestos: dos factores asociados con patologías como la aparición de células de colores extraños, problemas del sistema motor y alteraciones en la actividad cognitiva.

Dado que la genética evolutiva estudia únicamente la biología de los organismos, no calculamos las repercusiones sociales y políticas de nuestro descubrimiento. Así, y a pesar de los esfuerzos del profesor C. por ofrecer al mundo una perspectiva transparente y conciliadora de este fenómeno evolutivo, surgieron otras líneas de investigación que marcaron el principio de la fatalidad.

Meses después e inspirado por nuestro artículo, Osvaldo Petirostro, especialista en el desarrollo y la maduración del cerebro humano, difundió la noticia de que los genes señalados por el profesor C. están directamente implicados en la regulación del lenguaje. Señaló que las mutaciones en los genes NFIX y FOXP2, en particular, causan alteraciones relacionadas con la capacidad de habla y la dispraxia orofacial.

Por su parte, sociólogos y expertos en ciencias de la conducta, coincidieron en que la nueva subespecie está gobernada por sus pulsiones y no por la razón: señalaron ciertas peculiaridades en su comportamiento y formas de socialización. Observaron que el uso de recursos gestuales en estos individuos es considerablemente mayor al del resto de la raza humana, en especial cuando el gesto es de connotación sexual. Afirman que los portadores de estas mutaciones tienen un gusto particular por la música electrónica de estilo recitativo y ritmos sincopados. Explican que su Sistema Instintivo de Comunicación, como lo llaman los expertos, se puede observar en los movimientos de carácter psicosexual que dicho estilo de música despierta en ellos.

A pesar de que estos estudios fueron realizados con el máximo rigor científico, la burla constante en redes sociales rebajó a la nueva subespecie al estatuto del neandertal: unas veces aparecía con lentes oscuros y una ridícula camiseta de universitario; otras, haciendo la señal de Peace & Love, con la leyenda mami, mami, pusy. Fue entonces que la plaga de todólogos y pseudocientíficos invadió los medios de comunicación. Unos hablan acerca de la decadencia de la raza humana. Otros, sobre teorías de la conspiración y eclipses. Además de un sinfín de charlatanes y grupos religiosos que alimentan la hoguera asegurando ver en la nueva subespecie al mismísimo demonio.

Abrumado por el escándalo, el profesor C. enfermó. Durante días la fiebre quiso arrebatarle la vida. Hasta que una madrugada, acaso sumido en su delirio, intentó escribir una carta advirtiendo al mundo algo relacionado con nuestro descubrimiento; segundos después se arrojó por una ventana murmurando in fine hominis…

foto tomada de http://www.encuentrosculturalesenvalencia.com/2019/07/involucion-maria-gomez.html, consultada el 24 de septiembre de 2019.

Tras la muerte del profesor C., millones se manifestaron alrededor del mundo exigiendo al Consejo Mundial de la Salud una prueba de ADN. Y hasta que las cifras de individuos con la mutación crecieron, las burlas terminaron; se dio paso al secretismo, a las miradas desdeñosas, a las primeras señales de discriminación en puestos de trabajo.

Los pacifistas hablan de biopolítica y bioética, los sociólogos de inclusión; pero, en general, la atmósfera social es de tensión e incertidumbre. Algunos ya se han resignado a los desmanes en casas, parques públicos y azoteas: se han acostumbrado a los grotescos bailes; a la música tocada a decibeles inauditos.

Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, puedo afirmar que su número asciende a cientos de millones. Los genetistas todavía no comprendemos la rapidez con que estas mutaciones genéticas se manifiestan. Sé que algunos colegas estudian la posibilidad de revertir el proceso evolutivo, pues el número de personas con estas alteraciones sigue en aumento, e intuyen el peligro de semejante calamidad. Dudan que esta nueva rama del género humano tenga la misma suerte que los chimpancés.

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