METRO, 50 ANIVERSARIO

El presente —siempre el presente— es el hilo que la Historia teje, anuda, desteje, reanuda, ovilla, ata, enmaraña, rompe, pudre.

 

METRO, 50 ANIVERSARIO

Fernando Curiel

 

UNO

Como si fuera ayer. El 4 de septiembre de 1969, se inaugura, finalmente, el “Metro” de la Ciudad de México. Que hoy por hoy, alcanza 226 kilómetros y 195 estaciones. 5.5 millones de pasajeros al día.

En 1997, publiqué Tren subterráneo, experimento de coautoría (la Ciudad, toda Ciudad, es en sí misma un sistema de lenguajes, de escrituras), redactado en dos etapas, en las profundidades del Metro mismo. Líneas, estaciones, pasillos, escaleras, andenes.

 

 

Género: aforismo.

Primera etapa: redacción mental, sobre temas predeterminados.

Segunda etapa: ya en las afueras, redacción/transcripción urgente de la cosecha (libretas, servilletas, márgenes de periódicos y libros).

Más adelante, con un grupo de amigos alrededor del proyecto Cultura Material, editaremos la guía: Metro, puertas a la cultura.

DOS

En la presentación de Tren subterráneo, que intitulé TORNIQUETE, señalé que al momento de la inauguración del METRO, no tenía freno “la desaparición de los cafés en los que la fauna literaria de los cincuenta y los sesenta escribía, desvergozada, públicamente”. Lo que, uno de sus adictos, me llevó a pensar, contristado,  “que ya sólo me quedaba el gabinete casero, abstraído de la calle”. Pero qué equivocado estaba, por fortuna. “La naciente navegación por el subsuelo de la Ciudad de México —distinto, doy fe, del de Londres o Monterrey, Nueva York o Praga— me condujo a otra escritura: escritura automática, escritura automática sumergida”.

Asimismo, me cuide de reconocer que los primeros vagones de Tren subterráneo, circularon por Sábado, suplemento del periódico Unomásuno, a lo largo de 1992 y 1993, paso libre que agradecía a su director Huberto Batis.

El breve instructivo del libro, indicaba:

El pasajero puede recorrer las páginas en las direcciones que le plazcan. Ascender aquí, descender allá, transbordar. El aviso “Disponible” es una atenta invitación para que aporte lo suyo: juegue al mismo juego. También si le place, desde luego.

No pude evitar una muestra de mi colección particular de maestros (voluntarios e involuntarios) del aforismo. O arte del gatillo.

TORNIQUETE, firmado el jueves 12 de octubre de 1995, en la Estación Copilco.

TRES

En una de las reediciones subsecuentes de mi Tren subterráneo, la realizada en 2009 por Sonidos Urbanos Producciones S.A. de C.V., de la amiga María Fernanda Olvera, hice justicia a una de las fuentes de inspiración: el fragmento de una carta que Alfonso Reyes dirige, desde París, a Julio Torri, en 1913, y que reza:

Imagínate una enorme red de tranvías eléctricos subterráneos de varios carros y sin alambre aéreo, con estaciones perfectamente dispuestas para obtener todas las correspondencias posibles entre las diversas ramas: muchos trenes, mucha velocidad, breves estaciones, mucha comodidad […] y puedes pasarte todo el tiempo que quieras con el mismo boleto, cambiando de un tren a otro y recorriendo los túneles de París, mientras no salgas de nuevo al exterior. ¡E imagínate lo que será meterse en el túnel y salir al Louvre, volver a meterse y salir en la Estrella, volverse a meter y salir en Chapultepec…!

Justamente a esta conectividad, transcitadina y transcontinental, está dedicado el Mural de Cauduro en la Estación Insurgentes, la primera en inaugurarse (y refugio, una época, de la extraña tribu de los “Emos”).

CUATRO

Transcribo, a continuación, los aforismos correspondiente a la Estación Insurgentes. Espero los disfrute el seguidor de este PUÑO ELECTRÓNICO:

 

)o(

El espectáculo de la Historia Universal es harto improvisado.

)o(

Lo que todo historiador encuentra son las documentadas ruinas de lo por venir.

)o(

El presente —siempre el presente— es el hilo que la Historia teje, anuda, desteje, reanuda, ovilla, ata, enmaraña, rompe, pudre.

)o(

El historiador no reconstruye el pasado como fue sino como será.

 

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