ACHAR, GANDHI, 1972

AGENDA URBANA

ACHAR, GANDHI, 1972

Fernando Curiel

El negocio de Achar había nacido bajo principios subversivos: contacto directo del libro con el posible lector, disposición de los libros en cajones —un poco más y huacales— y en pilas colocadas en pleno suelo, ofertas a precios bajísimos, amplio repertorio de títulos (de Argentina, por ejemplo, Libros de la Flor, Sudamericana, Corregidor) gracias a sus técnicas de adquisiciones directas en depósitos en quiebra, técnica que llegaría al virtuosismo con la compra en masa, en Nueva York, de formidables catálogos sobrantes de exposiciones de grandes pintores recién clausuradas.

 

 

 

 

Llamada

Venía yo del periplo europeo: Londres (larga estancia), París (corta pero definitiva), Madrid (pa’agarrar aire: era como tornar por Morelia). Ya de vuelta, el primer día recorrí, a pie, en camión, en tranvía (¿conoció usted los tranvías?) y en “trole”, mis parajes capitalinos amados. Y me puse a indagar, ese mismo día del regreso, y los subsecuentes, qué había de novedades ocurridas durante mi ausencia.

Lista magra: la revista Plural de OP & Co., más su red internacional, bajo el amparo del Excélsior de Julio Scherer, periódico y don Julio en pie de guerra; los “guaruras” y los Servicios de Seguridad Privada; en su esplendor, la ciclotimia desquiciada del “Preciso” Echeverría, mitad Lázaro Cárdenas mitad Salvador Allende (según él); las salidas desesperadas de las huestes “sesenta-y-ochoístas”: la mota, la Guerrilla, el rock (y, al rato, la política made in LOPPE)…

Y, en el Sur, una inopinada librería, Gandhi, abierta el año de 1971.

Uno de mis entrañables desaparecidos, Alfonso Millán, psiquiatra más cabrón que bonito, me puso en contacto con el creador de Gandhi, Mauricio Achar, en lo que fuera un amplio local de artes marciales y en zona entonces virgen, diría salvaje, en lo que toca a cuestiones culturales y libreras (¡no que hoy!), maguer la cercanía, casi colindancia, con Ciudad Universitaria.

El Sur

Toda mi vida capitalina, antes de marchar en viaje de iniciación a Europa, había discurrido en la Colonia del Valle, el Desierto de los Leones, la Colonia Nápoles, Cuauhtémoc; laboralmente, el Primer Cuadro (Suprema Corte de Justicia, la de entonces, galería de juristas).

Foto: Octavio Olvera

De Londres, que es muchos Londres, a partir del generoso alojamiento brindado por Ignacio Durán, tenía claro el tejido de Chelsea, Bloombsbury, Picadilly Circus, Trafalgar Squire y sus alrededores, los parques emblemáticos (Hyde Park, Saint James), Parlament Squire, el Strand, Rosemarie Hill, y del Támesis, su orilla Norte (faltaba por recuperarse el South Bank cuyo recorrido acometeré en su momento, el de su esplendor).

 

De París, me había trazado un cómodo plan. Salía del departamento que Fito Peralta me facilitó (a mí y a mi familia de tres), en Rue Des Due Ponts, en plena Isla de San Luis, y elegía entre izquierda y derecha. Si en esta última dirección: Pont Marie; la Plaza de los Vosgos; la Plaza de la República; la Plaza de La Bastilla. Si tomaba a la izquierda, me enrumbaba hacia los bulevares Saint Germain y Saint Michel, el Cartier Latin con su Sorbona (lo que quedaba después del Mayo del 68). A la otra Isla, la fundacional de París, la de la Cité, iba a diario, cruzado el breve puente con el recuerdo de María Antonieta y José Vasconcelos y la pistola del amante con la que ella se dispara al corazón (si usted es follower de este blog, por lo que lo felicitamos, recordará ARDE NOTRE DAME). Esto para empezar los periplos parisienses, a partir de sus dos islas.

Foto: Octavio Olvera

Y Madrid, el Madrid esencial, había resultado pan comido. A la mano la Gran Vía, Alcalá (su Puerta incluida), la Puerta del Sol, Lavapies, El Rastro, La Plaza Mayor, Las Vistilla entre el Palacio Real y La Almudena…

Foto: Octavio Olvera

¿Pero el Sur de la Ciudad de México? Cierto que en los 50’s, disfruté periodos vacacionales en casa de mis tíos Federico y Estela, sus hijos dilectos, en plena La Conchita, en Coyoacán (clara es la memoria de los cercanos del director Federico Curiel, polifacético: Dagoberto Rodríguez, Julio Alemán, Beto “El Boticario”, las hermanas Tere y Lorena Velázquez, el mismísimo “El Santo”).

Pero Ciudad Universitaria era mi límite territorial.

Gandhismo

El negocio de Achar había nacido bajo principios subversivos: contacto directo del libro con el posible lector, disposición de los libros en cajones —un poco más y huacales— y en pilas colocadas en pleno suelo, ofertas a precios bajísimos, amplio repertorio de títulos (de Argentina, por ejemplo, Libros de la Flor, Sudamericana, Corregidor) gracias a sus técnicas de adquisiciones directas en depósitos en quiebra, técnica que llegaría al virtuosismo con la compra en masa, en Nueva York, de formidables catálogos sobrantes de exposiciones de grandes pintores recién clausuradas.

Añádanse, una Cafetería que frisará la leyenda, merced a su excelente brebaje y a sus mesas de ajedrez, que invitaban a largas horas de lectura, ocio, juego, tertulia (condición que no conseguirá emular la frontera de la Librería Octavio Paz, a la fecha en tránsito del priismo salinista al morenismo anarco-gilipollaz).

 

Foto: Octavio Olvera

Mauricio logró lo todavía imposible: bajarle el precio al libro. Una revolución, aunque suene paradójico, democrática.

Y, de paso, cambiar la vocación, en cuanto a régimen de suelo, de Miguel Ángel de Quevedo (no contenta la Calzada con su rimero de Librerías, incluidas las de ocasión, ya gasta hasta Centro Comercial, Oasis: bien logrado salvo el desmadre de tráfico que arma y las inanes Pirámides de Vicente Rojo).

P.D. ¿Y qué nos deparará a los chilangos, visto el desacierto rojo de la Plaza Alameda y la Glorieta Ixca Cienfuegos, la conversión de Gabriel Orozco, escultor dernier cri, en arquitecto urbanista y Zar del Bosque de Chapultepec?

Otro cambio de vocación en el uso del suelo, fue el restaurantero. La taquería La Lechuza se inaugura también en 1971. Pie de cría de lo que con el tiempo será un sistema de comederos de todo tipo, populares y de postín, que abarcará las calles Miguel Ángel de Quevedo, Altavista, La Paz, parte de la Avenida Revolución y se extenderá al barrio de San Ángel y a San Jerónimo.

Llamada (II)

¿Auxilio, al fenómeno Gandhi, que de un fenómeno urbano hablamos, la búsqueda del Grial de los estudiantes (y profesores y artistas) del 68, brutalmente reprimidos el Jueves de Corpus; el tamaño y baja renta de locales en una zona que ya había vivido la edad de oro de los grandes Laboratorios; que se pusieran o estuvieran de moda Mafalda y los Supermachos, Benedetti, el París re-etiquetado de la Rayuela de Cortázar; la explosión de los talleres literarios y el boom! en la Facultad de Filosofía y Letras de escolapias poetas?

Foto: Octavio Olvera

Sin lugar a dudas

(Por aquel entonces acuñé el aforismo: “Ya que no pude tomar Palacio Nacional, tomo buen café en Gandhi).

Pero por encima de todo lo anterior, estaba la adivinación, visión, de Mauricio, que de no haber explorado el “nicho” librero, hubiera quedado en empresario condenado a la rutina de los empresarios sin intereses y conexiones políticas. Gandhi, además, abrió cauce a su amor al teatro, a sus arrestos de actor aficionado (tanto que terminará en personaje él mismo, de pastorelas enloquecidas por su director, Germán Dehesa, a la cabeza de los impulsados por Achar, un efectivo Mecenas).

La entrevista

Me recibe Mauricio en la cafetería, no en su pequeña oficina, también con vista a Miguel Ángel de Quevedo (oficina siempre atiborrada de artículos varios, pequeño zoco, que se me volvería familiar). Simpático a más no poder, presa de la bonhomía, mezcla de promotor cultural y mercadólogo. Ufano, me muestra la mesa destinada al Dr. Millán, dotada incluso de teléfono (Alfonso, el único cliente autorizado para llevarse a su casa, en una especie de “a consignación”, las últimas novedades, y devolverlas si no le satisfacían).

Nace ipso facto una amistad firme, duradera, que podría servirme de espejo de mis pasos a partir de los 70’s, en la política universitaria, en la escena cultural, en el sube-y-baja amoroso, en mi biografía “urbanita”, en el cumplimiento del pedigrí académico: Maestro en Letras, Doctor en Historia.

Con el tiempo, paso a la condición de informal asesor de Mauricio; me encuentro entre los que lo animan a que adquiera el terreno en el que hoy se levanta la Nueva Ghandi de Taxqueña, en previsión de la oleada de competencia que se agudizará con el terremoto de 1985, y obligará a la mudanza sureña de El Sótano; veo extenderse el sello Gandhi a Coyoacán, camino a una compleja red que a la fecha comprende numerosas sucursales en la Ciudad de México y puntos de los Estados de la República, aeropuertos, Centros Comerciales. Y todo empezó en el Sur.

Fotos: Octavio Olvera

Me hice de libros fundamentales, catálogos, colecciones de Arte; y el CD´s, de una discoteca (Jazz, Crooners, Big Bads, música barroca) que bien podía competir con la formidable Fonoteca de Radio Universidad (estación en la que empecé a producir programas, y que, en breve, comandaría).

Tres episodios (entre otros muchos)

Va el primero. Un sábado de 1985. Yo estaba en trance de divorcio —el primero—, y me dirigí a la cafetería a devanarme los sesos. Mauricio, que no solía asomarse a Gandhi esos días, estaba ahí, frente a un tablero de ajedrez. Mutua sorpresa. Intercambio de nuevas. En segundos se torna mi casero y yo su arrendador. Me explico. Achar había adquirido para uno de sus hijos, en proceso de liberación familiar, un estudio en la casona que el presidente López Mateos le había edificado a una joven novia, educadora, en la Cerrada de la Providencia, lugar de ensueño en la subida a San Jerónimo, cruzado el Periférico. En la parte que se había destinado al kínder, vivía Alfonso Millán. Conocía yo, pues el sitio, que me recordaba un pasaje de mi adoptivo Taxco de Alarcón.

—El lunes vengo por las llaves, para echarle un vistazo.

—De una vez. Que te lleve mi chofer.

Así ocurrió, así fue. De regreso, concertamos condiciones, precio. Y a mi condición de asesor informal, se agregó la de inquilino.

Va el segundo.

Experiencias previas en Nicaragua (Agregado Cultural) y en la Delegación Venustiano Carranza (Sub Delegado de Cultura), aunadas a mi coordinación de las Conferencias Santa Prisca en Taxco de Alarcón (que derivarían en la propuesta de su Centro Peatonal sustentada en una encuesta a la población y en el parecer unánime de colegas expertos; véase el libro Taxco. La perspectiva urbana, que tuve el privilegio de coordinar); me habían conducido, en lo académico, a una disciplina multánime, la Filología urbana, y a un activismo urbanista a contracorriente del desastre en que se iba convirtiendo la Ciudad de México.

Foto: Octavio Olvera

Ya por inaugurar Mauricio la Nueva Gandhi en Miguel Ángel de Quevedo, frontera a la original, le propuse que hospedara las sesiones de un grupo de arquitectos, historiadores urbanos, filólogos, preocupados por el uso cultural de los espacios públicos capitalinos; grupo al que, desde luego, lo invité a formar parte: no poco tenía que decir de su autoría en el tejido librero de la zona. Sesionamos, a lo sumo tres ocasiones. Y ahí murió. En el aire quedó el proyecto de “Sábados del Libro en Taxqueña”, feria de publicaciones y toda la parafernalia alrededor de la escritura y la lectura (plumas, libretas, máquinas de escribir, computadoras, atriles, lámparas de mesa, lupas; todo menos presentaciones de libros o stand up de escritores de moda), que se extendería, exclusivamente peatonal, de la Glorieta de los Coyotes a la frontera con Insurgentes, ocupando, con cafeterías y bares, las estribaciones de la Calle del Río.

Va el tercero.

Alguien me da el pitazo de que se pondría a la venta una estación de radio. Como en los cómics, se me prende el foco. Charlo con mi gran amigo Gerardo Ferrando, a la sazón Director del Metro, cercano al Regente, Manuel Camacho. Tres puntos a cubrir. El técnico-programático, del que me encargaría yo, sobre la base de una estación radicalmente urbana (radiografía de la ciudad), hecha en esencia por los pobladores mudados reporteros y comentaristas, con acento en la recuperación histórica-turística. El político, que, sin perder independencia, la estación tuviera el Vo.Bo. del gobierno capitalino; punto del que se encargaría Ferrando. Y el financiero, para el que se invitaría a formar un “pool” de inversionistas (el propio Ferrando, Jorge Fernández Varela, amigo querido ganado en las batallas culturales unamitas, Achar; entre los que recuerdo).

A Camacho, supe, le encantó el proyecto, y pidió su desarrollo en detalle, que cumplí a cabalidad en un rimero de tarjetas. Ferrando se las entregó al Regente, el Regente se las pasó a Alejandra Moreno Toscano, ésta a Monsi o a HAC, o a ambos. En vez de Radio Ciudad de México, apareció, puritita grilla del estamento intelectual, el Canal 22. Proyecto para el que alguien me solicitó telefónicamente adhesión. Puedo decir, cuidando las formas, que me negué por lo redondo; o la verdad: que menté madres y mandé a mi solicitante telefónico al carajo.

Tras el ventanal

Lucinda Gutiérrez Vega, su mujer, nos convoca a un grupo de cercano a la Cafetería de Gandhi. Hugo, uno de los mejores Agregados Culturales en la historia de nuestra Cancillería, poeta, conversador fabuloso, había sido nombrado Cónsul General en Río de Janeiro. Saldrían en breve. Actor también, observo llegar a Hugo, de punta en blanco, sin falta el sombrero, ya un carioca antes de treparse al avión.

Pero la suerte cambia de rumbo. Un lío diplomático, echa abajo la designación del nuevo Embajador nuestro ante el gobierno de Grecia. El nombre y el expediente de Gutiérrez Vega sale al paso. Se cancela Río de Janeiro, irrumpe Atenas.

Foto: Octavio Olvera

A Grecia viajaré. Del primer viaje, es este aforismo: “Grácil, ansioso, no obstante los coturnos que lo elevan de estatura, Alfonso Reyes salta a la barca de Caronte. ¡Grecia, Grecia al fin!”

Último día de junio de 2019

Flaneo a mi sabor, evocativo, por la zona. Las dos librerías Gandhi, la Plaza de Chimalistac, los parques Sánchez de Tagle y de La Bombilla. Me acompaña un extraordinario reportaje, el de La maleta mexicana (Capa y pandilla fotógrafa). Como en el nuevo local de la marisquería Mazatlán. Consigno los cambios, las mutaciones. Me apresto a la kermese política del lunes 1° de julio.

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