Decálogo del periodista

Un periodista tiene que ser cada día más original que el anterior.

En el diarismo la monotonía es un estado agónico, y la uniformidad un caso mortal.

Decálogo del periodista

Antonio Sierra García

Tal parece que el periodismo nacional está envuelto en una crisis de la que no se puede sacudir. Este sexenio ha surgido el ritual mañanero, donde el Talatoani dicta las agendas y los reporteros asisten puntuales, en la mayoría de los casos, obedientes y sin un espíritu crítico. Salvo, claro, algún espectáculo montado para hacer creer que hay un diálogo con los responsables de los medios. Por eso vale la pena recordar algunas líneas del periodista y empresario Félix F. Palaviccini. El creador de proyectos como El Globo y El Universal, consideró muy alta la labor reporteril. Desde el arranque de El Universal fijó un decálogo que traemos para los lectores del blog Puño electrónico.

Félix F. Palavicini

Decálogo de Félix F. Palavicini

  1. Sed orgullosos del prestigio de vuestro periódico y ostentad vuestro pecho sin fanfarronería, pero con donaire.
  2. En el diarismo la monotonía es un estado agónico, y la uniformidad un caso mortal.
  3. Sed oportunos; transformaos incesantemente; un periodista tiene que ser cada día más original que el anterior.
  4. Colocad a la sociedad antes que al individuo, y a la patria antes que a los gobiernos, considerando que el hombre es pasajero y solo las instituciones y los ideales perduran
  5. Sabed tener amigos y enemigos, siempre que los unos sean dignos de vuestra estimación y los otros de vuestro desprecio.
  6. Repeled agresión con agresión; lo mismo económica que literariamente; la forma de que viváis en paz es que estéis siempre preparado para la guerra.
  7. Vivís en una sociedad que fluctúa entre el periodo bélico y el fénico; la espada y el oro son los adversarios de la pluma; sacrificad cuanto sea preciso, vida y fortuna, antes que la dignidad.
  8. Sed firmes, pero no testarudos; dúctiles, pero no débiles; generosos, pero no cándidos.
  9. Sed francos, altivos y enérgicos, si queréis ser respetados; la humildad es buena solamente cuando conduce al calvario y a la crucifixión, porque conquista la divina inmortalidad; en los otros casos es una cobardía vulgar.
  10. Sed agradecidos y leales. Dentro del ingrato hay siempre un tonto que se deleita con pecados veniales a cambio de penitencias eternas.

Fuente: Revista Hoy, 2 de marzo de 1940, p. 14.

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