EJERCICIO DE AUTO/ENTREVISTA Fernando Curiel

 

EJERCICIO DE AUTO/ENTREVISTA

Fernando Curiel

 

—¿Cómo te hiciste escritor?

—Yo no sabía que lo era… que era escritor. Me lo dijo Juan José Arreola, y me abrió las puertas de su legendario taller Mester.

—¿En serio? ¿Me tomas el pelo?

—Arreola era mi profesor de Declamación en la Escuela de Arte Dramático de Bellas Artes. Me decretó pésimo actor, pero al saber que además de teatro estudiaba Derecho en CU, y había vivido entre los 3 y los 17 años en provincia, me vaticinó escritor.

—¡Vaya!

—Junto con el Mar de la Escritura, en el que me zambullí digamos sin saber nadar, descubrí el Egosistema (la palabreja es mía) de los escritores. Aunque no muy diferente del de los actores. Ambos Jarritos de Tlaquepaque… Tla-pa-qué-te-lo-cu-en-to…

 

 

—¿Y ya leías, digo, como lo haces ahora, sin darte respiro?

—En Taxco, mi pueblo adoptivo, en el librero familiar en una de las paredes del enorme comedor (aunque todo pasaba en la cocina, no menos amplia), lo que había era un singular guiso. Fascismo italiano y alemán, Segunda Guerra Mundial, una biografía de Alfonso XIII, La casa de la Troya de Enrique Larreta. En la preparatoria militar, la Universidad Militar Latinoamericana, Sartre, Camus, el Existencialismo. En la Facultad, vía el constitucionalismo mexicano, su 1917, descubro a Guzmán, a Vasconcelos, a Reyes, que es decir al Ateneo de la Juventud; y claro, en pleno estallido, estaba el Boom!; más todo el ensayismo político que borboteaba por doquier (Marcuse, Ensenzberger, Fanon, Debray; aquí, Paz y Fuentes). En la Escuela de Arte Dramático, trágicos griegos, Brecht, dramaturgia norteamericana. En Mester, amén de los dilectos de Arreola —recuerdo a Schwob, Borges, Torri, Papini ¡y Sausurre!—, por mi cuenta, la novela vanguardista del siglo XX, de Proust a Faulkner.

—¡Vaya revoltura! ¿Es eso cultura literaria?

—Lo ignoro.

—¿Y El Quijote, Cervantes?

—Gloria, banquete opíparo, deleite de la tercera edad.

—El caso es que el disparo de Arreola da en el blanco. Un pajarito, no el que revolotea en el delirio de Nicolás Maduro, otro, otra, mejor dicho, una pajarita para no darle vueltas, me ha dicho que en tu bunker de Copilco, un librero lo colma lo que hasta ahora has publicado.

 

—De todo. Como en botica.

—La misma fuente me confió, y esto es off the record, que en extraña fusión te da por musitar: “Yo que fui tormenta, yo que fui tornado” / “Ayer maravilla fui y ahora ni sombra soy”. ¿Es verdad?

—Sin comentario.

 

—Por cierto, ¿qué eres? ¿Novelista, poeta, ensayista, periodista, comunicólogo, autor de historietas, o, para estar a la última moda día contigo mismo, “blogero”? ¡Y ahora te da por tirajes de camisetas escritas!

—Yo diría que escritor y punto. Pendolista, amanuense. Bicho del lenguaje.

—¿No te afecta, no te duele, no te frustra, ser Autor de Culto? Mucha bibliografía, muchos premios, pero pocos lectores. Reconozco, sí, dos que tres campanazos. Y, a falta de editores dispuestos que te pelen, o muertos o retirados, has acabado por publicarte a ti mismo. Con todo y la vergüenza que a muchos causa eso de “Edición de autor”.

—Lo atribuyo, y ya, sin que me altere, ni duela, ni frustre, a mi ideología literaria.

—¡Atiza! ¡Chispas!

—Humor corrosivo que ni a mí me perdona. Inclinación a la parodia, al pastiche, a la experimentación y al juego, a la irreverencia ante las testas laureadas. Inconformidad al rojo vivo. Anarco-liberalismo lo llamo. Formación humanista cabal: derecho, literatura, historia, filosofía, semiología, prontos sociológicos.

 

—¿No será que tantos frentes abiertos, sobre todo la actividad y los cargos políticos, acabaron por cobrárselas al escritor? ¡Y la esquizofrenia que te cargas! Fernando Curiel Defossé para el investigador académico. Fernando Curiel para el escritor y periodista. Y va para rato, las iniciales FC, las del informante de sí mismo. ¿No confundes al lector?

—Quizá, a lo mejor, presumiblemente. Aunque habría que añadir el estado patético de la escena literaria. Desaparecidas, largo tiempo a, las condiciones de posibilidad del Artista Escritor; fenecidos los en verdad Grandes de nuestras letras, u ochentones o más los sobrevivientes de sí mismos, ¿qué, quienes quedan? Viudas literarias cada vez menos; Fundaciones díscolas y fundamentalistas las más; acólitos o monaguillos o de plano sicarios; herederos auto declarados; revistas que se canibalizan y arrastran a sí mismas; descarado coqueteo con el Poder; desencanto, hasta el extremo del Réquiem, de sus propios Intelectuales Orgánicos, de la Democracia Partidocrática. Confusión, simulación (cion, cion).

—¡Bájale dos rayitas!

—¡Ah, y la “nomenklatura” literaria! Pachorruda y medio astrónoma, digo, ocupada en la posición de los astros y en la salida fácil de las efemérides. Tantos lustros del primer diente de leche del narrador Mengano, del primer garabato del pintor Zutano. “El calendario avisa”, como en los marcados el paso de los cargadores: “El golpe avisa”. Y la rebatiña de migajas “fonqueras”, “conaculteras” y “esnieras”. Y a la Secretaría de Cultura, que EPN, jefe de una pandilla, se sacó de la manga con todo y recortes, la arrumban en Tlaxcala. Y ahora, lo que faltaba pero era de esperarse, la obligada filiación partidaria del burócrata cultural, que todo lo disculpa y permite. Como en los tiempos del PRI o de su ramal el PRD.

 

—¡Que le bajes! ¿No reconoces excepciones?

—¡Por supuesto? Si no, ¿de qué clase de regla estaríamos hablando?

—Menos mal.

—Un ejemplo, entre muchos, de confusa, simulada “vida literaria”. ¿A quién sirve realmente la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, nuestro Festival de Festivales Libreros, lo que la Entrega del Óscar a Hollywood? Suprema Pasarela, kilométrica Alfombra Roja. ¿Sirve a la propaganda fide de la lectura, la lectura crítica y creativa? A todas luces, no. Hay por ahí el dato de que ocupamos el penúltimo lugar en el “ranqueo” de países lectores (pero podríamos esforzarnos por el último). ¿Sirve al fragor de nuevas casas editoras, como en los 60’s y en los 70’s? “Ni maíz”. Y por ahí se cuenta que uno de sus prohombres está a punto de formar nuevos partidos políticos. Con la rebaba de otros, ya en esa nómina que lleva por literal y ominoso nombre el de “Prerrogativas”. (Pausa). ¿Cómo sorprenderse de los dimes y diretes de cuánto gasta, realmente,  el FCE en la FILG, entre metros cuadrados de stand, mobiliario, vinos de honor y hotelería entre NO VIP, SEMI VIP y VIP? ¿Y todo, en puridad de verdad, para qué demontres en términos de hábitos literarios, de cultura literaria generacionalmente transmitida, compartida? Lo que no resta la lealtad tenaz a Santa, a Pito Pérez, a Casi el paraíso, a El brindis del bohemio, pese a la censura académica.

—Suenas asquerosamente pesimista.

—Sí, si pesimista, el auténtico pesimista, como gusto “aforizar”, es aquel que sabe, a ciencia cierta, con los pelos de la burra en la mano, que a la postre no todo sale mal.

—¡Recórcholis!

—Y no tengo hígado para cortejar a editores balines, a críticos que se perecen por la gloria literaria o una beca de perdida, a “mediáticos” que se creen dadores de famas  y oscuridades, a jurados juramentados con su facción, a “Padrinos” de tal o cual feriecilla librera. Menos aún para incursionar en el Stand Up, o fungir de Edecán de Lujo en de espacios oficiales dizque rescatados para el pueblo.

—Bueno, que con tu pan te lo comas.

 

 

  1. PD. En el anterior ejercicio, se nota la mano constante del Borges teórico del Alter Ego, y, reciente, la de Hans Magnus Ezensberger, autor de Tumulto, quien a los ochenta y tantos años, después de moverse en los escenarios de la izquierda, la fundamentalista, la demócrata, la fen shu, la guerrillera, etcétera, y beber (vivir) hasta las heces la década de los 60’s, descree de las Memorias de sus contemporáneos pero factura las suyas, y en el camino, acude con gracejo al recurso —que me cuadra— de la auto entrevista. FC.

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