NOTAS AL CANTO DE LOS DÍAS (II) FC

NOTAS AL CANTO DE LOS DÍAS (II)

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Acudo este 3 de marzo, fecha de su clausura, a la Feria del Libro de Minería, para presentar, con el concurso de Lourdes Franco Baugnol, por años mi casi vecina en el SECT, la reedición de Crónicas de Luis G. Urbina (BEU), seleccionadas y prologadas por Julio Torri. Rato llevo sin mis rituales recorridos por el Centro Histórico, que en los 60’s visitara a diario por mi adscripción laboral a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y sobre el que he escrito no pocas páginas. Ya readscrito a la UNAM, viví de cerca el impulso que la comunidad de ingenieros imprimió a la extensión, a través del Palacio de Minería, la Feria del Libro y la Orquesta de Minería. La restauración del formidable recinto novohispano, Escuela de Minas y su sala de meteoritos, se inscribió en esa vuelta del Campus a la Polis, que arrancó con la Casa del Lago en 1959 y se prolongó con el Museo del Chopo, la Casa del Libro en la Roma y la Casa de las Humanidades en Coyoacán. Sé de planes para la reapertura del Convento de San Agustín, antigua sede de la Biblioteca Nacional.

Llevo, para la presentación, un texto breve sobre LA REVOLUCIÓN DEL LIBRO DE BOLSILLO, que tanto me ha interesado, en lo editorial, en lo cultural y en lo mercantil. Como curioso historiador de los artefactos simbólicos, beneficiario en mis años taxqueños de POPULIBROS LA PRENSA, y como actual H (por lo honroso) y H (por lo  honorífico del cargo) Director de la Biblioteca del Estudiante Universitario.

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En la rica dialéctica México-Argentina, que llevó al reconocimiento de lo “Argemex”, con precursores como Tito Piazza, mi gran amigo y editor (de la desastrosa novela La aproximación, y del trancazo Vida en Londres), Christian Bach, aunque en manos de la retrograda Televisa, jugó papel decisivo. La actriz acaba de fallecer, joven para los actuales parámetros, bella de fijo, a los 59 años de su edad. Argentino-mexicanos son dos de mis nietos.

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Ni la mejor película de la historia cinematográfica, ni de su propio director, el filme Roma quedó en el centro de múltiples causas a las que los logreros “colgaron” sus “Diablitos políticos”. Los 70’s capitalinos, su nostalgia (y a lo mejor la del PRI-Presidencialismo), el sobre explotado e indefenso servicio doméstico, el machismo… el “Halconazo” apenas terminaba el exilio chileno de los presos políticos del 68. Roma, producida no al viejo modo de los Estudios Cinematográficos, sino al nuevo de la plataforma Netflix. El caso es que la cadena de salas de exhibición británica Cinewolrd se retiró de la Academia Británica de Artes de Cine y Televisión, por haber multi-galardonado la película con sus premios anuales.

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Juzgo falsa, e inútil, la polémica entre el culto de la Sala de Cine (al que soy adicto) y la recepción casera en un electrodoméstico más, por perfecta que sea su resolución de imagen y el tamaño de las pantallas. Tarde o temprano las tecnologías de la Industria de Masas conviven. Así ocurrió con la Novela Realista frente al Teatro, la imagen fija de la fotografía frente a la imagen en movimiento del cine, la pintura frente a la fotografía y al filme, la radio con la televisión, la literatura trascendente frente al cómic y la fotonovela. Lo realmente interesante es saber en qué acabará el fenómeno Yalitza. ¿Un break down existencial? ¿El punto de no retorno en el intercambio de fama, revistas, modas, celebridades de consumo rápido? ¿La moda de teatro de sirvientas en vez de cabareteras, de Patrones (señores de la casa) interesados en representar a su “chachas” en un filón que, sin duda, Cuarón y Yalitza abrieron en el racista muro cinematográfico? Seguiré informando.

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A la amnesia con la que la posteridad se comporta con las glorias del pasado, se había agregado el robo de placas, para comercializar clandestinamente bronce y cobre, en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Parece que ya cayeron los “cacos”.

Aún no me repongo de la impresión que sufrí en uno de mis constantes traslados a Taxco, mi pueblo de adopción (y, antes, de mi abuelo francés minero). Solía saludar en un punto de la carretera, a mano derecha, a mi general Morelos, en un conjunto de varias toneladas de jinete y cabalgadura. Pues bien, para mi azoro, una buena mañana, mala mañana corrijo, cuaco y héroe popular, el primero realmente popular de nuestra hagiografía patria, habían desaparecido. ¿Robados, secuestrados, por quién, cómo con tamaño peso?

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A lo mejor, en este campo amnésico, irresponsable y oportunista, habría que incluir la decisión gubernamental de exaltar al Alfonso Reyes insustancial de una Cartilla moral redactada a chaleco, bajo presión amiga (la del señor Secretario de la SEP Torres Bodet), y falta, digámoslo, de inspiración. Vaya, si se le compara con Visión de Anáhuac, Atenea Política, Pasado inmediato o el libro griego Junta de sombras

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Una nueva amiga, en trance de turismo europeo (curiosidad y medios le sobran), periplo que arrancará en España y comprenderá Francia, Alemania, Italia, Inglaterra y Holanda, para regresar a su natal Querétaro; me pregunta si el recorrido español debería incluir Barcelona. Aclaro que la joven, aspirante a escritora, desea hacerlo al modo de los primerizos poetas y narradores norteamericanos de los 20’s y 30’s que veían en Europa, con natural predilección parisiense (en París estaba Gertrude Stein, París fue uno de los focos de la Vanguardia), el camino a Damasco (que, aunque un poco tarde, lo fuera asimismo para mí).

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Mi respuesta sobre Barcelona fue, desde luego positiva. Con algunas observaciones. Que ella, aunque no obstante su posición social, del todo sensible a la política y a las injusticias galopantes que la política jura y recontra jura paliar, hiciera caso omiso del independentismo que incendia a Barcelona. Franco, le di mi opinión en el sentido de que es de tal suerte importante para España el asunto catalán, que no podía dejarse sólo en manos de los catalanes, y menos sólo de los “progres” de la Ciudad Condal. Que se concentrara en lo básico, la ciudad, de tierra firme y mediterránea. Que quizá el eje de su visita, podría determinarlo la ruta Gaudí. Por ejemplo, en el Ensanche, la Casa Batlló y la Casa Calvet. En Villa de Gracia, la Casa Milá y por supuesto la Sagrada Familia. En el Barrio Gótico, el Palau Güell. Y, por sobre todas las obras, el Parque Güell. Profunda es la huella de Gaudí en el rostro material del territorio barcelonés. Como, en menor medida, y dispersa, lo es la huella de los arquitectos Mario Pani, Luis Barragán y Teodoro González de León en la de nuestra capital republicana.

Le recomendé, también, que en las Ramblas constatara si aún persisten los puestos de periódicos y revistas y libros abiertos las 24 horas; que gozara la frontera marítima de la Barceloneta; que visitara morosa la librería La Central; que me mantuviera al tanto, por correo electrónico, de sus incursiones; y, favor personal, que se animara a visitar de mi parte, en el pueblo de Moia, al entrañable Fernando Tola de Habich (y que Nonoy, su mujer, le mostrara la Masia: sus inscripciones medievales, las belloteras excavadas en la tierra; le indicara cómo llegar a la población de Vic, corazón porcino de la región, y sede semanal de un mercado marroquí formidable; y le confirmara que por las noches, yo abría la ventana de la habitación asignada, y me  asomaba para conformar que los Turcos no invadían Europa).

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No tanto como a los Mercados fijos de la ciudad, soy “habitué” de los “Supers”. Conocí el Superama que, en la esquina de Insurgentes y Empresa, se construyó con motivo del Multifamiliar Miguel Alemán, en la esquina de Félix Cuevas y Avenida Coyoacán, de vasta alberca comunal, set de películas de la Edad de Oro y, en su exterior, un expendio de tortas legendario (¿el de don Polo?). Merqué por años en el de Copilco, en el que se quieren construir unas Torres de Departamentos ni más ni menos que frente a la entrada histórica (la leyenda aún guarda la caligrafía original, medio manuscrita). En City Market, suelo desayuñar, nostalgia madrileña, Huevos Rotos, y comer, nostalgia londinense, “Fish & Chips”. A la cadena Wallmart, otro de mis “supers”, la veo ya con banderas de huelga azuzadas por la recomposición del Sindicalismo de Estado que quien sabe en qué acabe.

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La cuestión es que, por motivos de congruencia ideológica, los best-sellers que, lo cofieso, de vez en vez consumo, los adquiero en los Supers. Si no, no. Ahora estoy embebido con La muchacha del tren, de Paula Hawkins (México, Planeta, obviamente colección Bestseller, 2017). Por lo que llevo, épica de la derrota, la gordura, el suburbio londinense, el alcohol (vino blanco, gin), las relaciones rotas, la expulsión del Paraíso versión “las afueras”. Y un mismo tren que pasa de ida y de vuelta, y que uno cree abordar cuando, en realidad,  es él el que te aborda.

Versión locomotriz del Arca de Caronte.

Seguiré informando.

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