Reflexiones sobre el género

 

1

 

Reflexiones sobre el género

Yuki Gudiño

Algunas semanas después de regresar de mi viaje al Sureste Asiático (Vietnam y Laos) fui a comer a casa de mi abuela. Mi tío Mauricio estaba de visita desde Querétaro y, naturalmente, me preguntó acerca de la gran aventura que mi primo Eduardo – mi acompañante – y yo tuvimos. Él me preguntó lo siguiente: “¿Y te consintió tu primo?”.

No pude contestar la pregunta directamente; de hecho, volteé a ver a mi tío con cara de incredulidad y guardé silencio. Segundos después, como buena estudiante de filosofía, le contesté con una pregunta: ¿Le hubieras preguntado a mi hermano lo mismo si él – que es hombre – hubiera viajado con Eduardo en vez de mí? Esto desató un debate sobre el feminismo y las cuestiones de género que llevaron al olvido cualquier interés que tanto mi tío como yo hubiésemos tenido acerca de mi viaje.

Ya pasaron meses desde esa comida con mi tío, pero sigo pensando en la pregunta y en lo molesta y ofendida que me sentí. Lo curioso – hasta irónico – es que, en realidad, mi primo sí me consintió, sí me cuidó y no podría estar más agradecida con Eduardo por cuidarme y por consentirme.

2.jpg

Recuerdo cuando estábamos en Laos a punto de abordar el Night Bus de 12 horas que nos iba a llevar de Luang Prabang a Huai Xai para una caminata en la selva. No estoy bromeando, sentí que estaba cruzando alguna frontera de manera clandestina. Al subir al camión me dirigí a nuestros asientos que en realidad era una cama, más bien tabla forrada en piel sintética roja, que medía aproximadamente 1.60 por 1 metro. Los locales que ya estaban en el camión (la mayoría eran hombres) nos observaban mientras mi primo y yo aceptábamos la inevitabilidad de compartir esa pequeña tabla por doce horas. Nótese que yo mido 1.66 metros y mi primo rebasa los 1.70 metros. A Eduardo no le importó que yo acaparara el lado de la ventana y la miserable cobija pulgosa que me protegía, casi nada, del helado aire acondicionado. En este viaje en camión se tenían que ocupar todos los asientos, esto es, dos personas por ‘cama’.  No sé cómo hubiera lidiado con las doce horas de viaje, si me hubiera tocado compartir esa tablita con un completo desconocido.

3

En ningún momento del viaje me sentí insegura. Pude disfrutar de los hermosos paisajes de Sa Pa en Vietnam sin tener que preocuparme de voltear disimuladamente hacia atrás para ver si alguien me estaba siguiendo. Pude dormir en cuartos grupales, donde tu única privacidad es un mosquitero de tela, sin temer que alguien desconocido se metiera a mi cama. Pude caminar sin preocupaciones en las calles de Luang Prabang y visitar los hermosos templos y palacios (eso sí, siempre cubierta de los hombros y de las rodillas) tanto en el día como en la noche, gracias a que Eduardo estaba acompañándome.

Estoy segura de que hay casos en los que muchas mujeres que han viajado solas o con otras mujeres y nunca se han sentido inseguras. La presencia de un hombre no es necesaria para sentir seguridad. Sin embargo, creo que las mujeres, en la realidad que vivimos, a veces sí tenemos que tomar decisiones que un hombre no tendría que tomar: la manera de vestirnos para no llamar atención indeseada o para que los demás no ‘supongan’ nuestras intenciones al usar mini faldas, la hora o el lugar adecuado para caminar solas, etc.

4.jpg

Sí, mi primo Eduardo sí me consintió y me cuidó. Pero esto no significa que el hecho de cuidarme o consentirme sea por ser una mujer indefensa y dependiente de alguien más para poder viajar o salir a la calle. Este viaje me permitió experimentar el significado de independencia y autonomía. Eduardo y yo viajamos juntos. Sin embargo, cada quién tomaba sus propias decisiones, cada quién se responsabilizaba de su propia vida. Ahí se encuentra el propio empoderamiento: en la percatación de que tu propia vida depende de ti misma o de ti mismo. Este viaje me sacó de mi zona de confort y me enseñó que, independientemente de mi género, el poder está en mí para tomar y asumir las decisiones que o me harán subestimar mi propia autonomía y capacidad de acción o me liberarán de los prejuicios y obstáculos que frenan a cualquier persona a tomar las riendas de su propia vida y su propia felicidad.

Deja un comentario