CAPÍTULO ESPAÑOL

CAPÍTULO ESPAÑOL

Fernando Curiel

 

I

“El Consejo de Administración de la empresa editora del diario de la izquierda socialdemócrata y la biblia del periodismo se convirtió en un selecto club, de amigos millonarios de Polanco”. Lo anterior lo afirma el periodista argentino Luis Balcarce, autor de PRISA, liquidación de existencias (Madrid, FOCA, 2018), baldazo de agua fría.

¿Qué periódico de la “izquierda socialdemócrata” y “biblia del periodismo”? Ni más ni menos que el español El País, cuyo primer número, bajo la dirección de Juan Luis Cebrián, empieza a circular, con un tiraje de 180,000 ejemplares, que se agotan ipso facto, el 4 de mayo de 1976.

“Polanco” es Jesús Polanco, “último poder fáctico de la España post franquista” (de ahí que letal llegara a ser su poder de fuego); factótum de PRISA, conglomerado dueño del periódico citado, buque insignia, de Sogecable (la plataforma audiovisual de Digital +, más el Canal 4); y de la editorial Santillana. Y en su momento, Felipe González le entregaría una radiodifusora, que se traía a mal vivir a su gobierno.

PRISA: Promotora de Informaciones Sociedad Anónima.

Al morir Polanco, el 21 de julio de 2007, PRISA, que cotizaba en la Bolsa, arrojaba un beneficio neto, en euros, de 230 millones, pero al mismo tiempo, una deuda, de 5,000 millones.

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II

Al nacimiento de El País, habían concurrido de manera central, en lo financiero, José Ortega Spottorno, hijo del filósofo Ortega y Gasset y uno de los artífices de Alianza Editorial, que en 1966 había revolucionado el campo editorial (el otro fenómeno a registrar, claro está, era el Boom de la Nueva Novela Latinoamericana, anclado en Barcelona); Ramón Tamames, integrante del Partido Comunista Español; el propietario de El Corte Inglés; y Jesús Polanco, uno de los dos dueños de la editorial Santillana. En lo netamente periodístico, de contar son Carlos Mendo, Darío Valcárcel y el citado Ortega Spottorno, quien recuerda:

La idea de El País se me ocurrió en 1971, al sentir la necesidad nacional de un periódico independiente que defendiese la libertad y la democracia por venir. Redacté sus principios ideológicos, incorporados después al Estatuto de Redacción, el primero, por cierto, que ha tenido una publicación en España.

No que no existieran impresos semejantes: Cuadernos para el diálogo, Ruedo Ibérico, Triunfo, Cambio 16. Pero ninguno del alcance que tendría El País: 420, 000 ejemplares diarios, un millón la edición dominical.

Figura clave en lo político, para el arranque: Manuel Fraga.

España se disponía al gran pasaje de su historia posterior a la Guerra Civil del 36 al 39: el fallecimiento (y tiempos posfranquistas) del dictador Francisco Franco.

Jesús Polanco tenía un discípulo de última hora, un delfín, un cancerbero: Cebrián, quien terminara desplazando a Mendo y a Valcárcel.

Decisiva será, cómo negarlo, la influencia del periódico de Cebrián y Polanco, en la prensa mexicana posterior al golpe, interno y externo, al Excélsior de 1976: Proceso, Unomásuno que parirá a La Jornada, etcétera.

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III

En resumen: el periódico El País y PRISA, florecerán en una España en la que, si se le comparara con un gallinero, como lo hace uno de los informantes del libro, el cacareo lo tendrán 4 gallos: el Rey Juan Carlos, Felipe González, el catalán Pujol dueño de la Generalitat, y Cebrián (en realidad 5 gallos, si se añade, frente a la alta exposición pública de los cuatro antes mencionados, a Jesús Polanco, siempre de bajo perfil).

Una España en la que, la escena electoral, la cubrieron el PSOE y el PP; la futbolera, el Real Madrid y el Barcelona; la musical pop, que antes tuvo su propia trova al modo Chileno y Cubano, Ana Belén, Ríos, “gorgoritos” Serrat; la de la “Marcha” liberadora de costumbres, en Madrid, el bar La Libertad y, en Barcelona, el bar Bocaccio; la operística, el mexicano-español Plácido Domingo y el “culé” José Carreras; la cinematográfica, Almodóvar principalmente; la actoral, Penélope Cruz, Antonio Banderas, Bardem; la teatral, Furia del Vas; y la literaria, dos grupos, uno  madrileño, y el otro catalán (Camilo José Cela a la vera del Manzanares, Juan Goytisolo a la de la Barceloneta; Luis Martín Santos en la Gran Vía, Juan Marsé en Las Ramblas; en una Santa María mítica trasladada a Madrid, el uruguayo  Juan Carlos Onetti). Etcétera, etcétera.

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IV

Una España, tercio, que, a partir de una primera incursión en 1972, de regreso a México después de la “fuga” a Londres, y con una larga escala en París, empecé a visitar, y pensar, asiduamente. Base principal: Madrid. De los gallos que cacareaban con más fuerza, llegué a conocer personalmente al andaluz González, en la Feria México del Campo del Moro, enmarcada en los actos de la Reanudación de Relaciones entre ambos países, en 1976 (me tocó la representación librera Puma; Jefe de la Misión Mexicana: don Adrián Lajous).

Con compartida esperanza, seguí los pasos, de una Alternancia con Transición (no que aquí pura Alternancia, pese a que los Pactos de la Moncloa inspiraron la Reforma Política cocinada por Reyes Heroles); el efecto “Pausa” en lo que se refiere a la Memoria Histórica (“Dictablanda”, Guerra Civil, “Maquis”, represión franquista, aggiornamento de los 60’s, terrorismo vasco), y la construcción de futuro que significó el ingreso de España a la Comunidad Europea (entonces a la alza); y con desencanto seguí la vasta corrupción oficial, una cooptación miserable de la juventud por el permitido consumo de drogas (escenas vi en los parques, de deliciosas jovencitas tambaleantes extraviadas en su éxtasis, y escuché la maledicente especie de una política deliberada para mantener distraída de la cosa pública a las explosivas Universidades), y la pérdida del inicial impulso que enrostró la muerte del Generalísmo, en 1975, mantenido hasta entonces artificialmente medio vivo (y eterna caricatura de sí, chaparrito y barrigón, atrapado en su uniforme). Y también estuve atento a los nacionalismos autonómicos, el criminal fundamentalista de ETA (con sus ejecuciones y sus “zulos” infernales), en el País Vasco, y el dizque democrático, plebiscitario, de Cataluña.

Y, por supuesto, me apliqué a El País (aunque a partir de cierto momento, el de su mudanza en descarado catálogo de ventas de poderosas casas editoriales, lancé por la borda a su suplemento Babelia). A El País y a El Papus y a Cambio 16, y a Inteview, entre diarios y revistas que recuerdo.

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V

Debo de reconocer que aún me atrapan: el Madrid y sus alrededores del 72 (debí tragarme las palabras dichas en Trafalgar Squire a Hilda y al pequeño Adrián, de que para evitar el “shock” cultural del retorno de Europa, aplicaríamos la técnica de la “descompresión” de los buzos: regresaríamos por “Morelia”); La Puerta del Sol y la Plaza Mayor recorridas por primera vez; la colaboración en él stand universitario de Marisa Magallón y de Concepción Ruiz Funes; el restaurante El Comunista; el parque del Buen Retiro con su anexo Jardín Botánico en el que nuestro Reyes armara un hapenning en homenaje a Mallarmé; el Ateneo en el que tanto investigué el “exilio mexicano”; la Residencia de Estudiantes en la que residí larga temporada, con la advocación de García Lorca y Buñuel y Dalí; el consomé y los sándwiches de pepino en el  Lardhy de Carrera de San Jerónimo, mientras mordía el invierno; las noches de “Marcha” (un tinto acá una caña allá un whisky acullá); el Café El Comercial al que comparecía en pijama Sánchez Ferlosio; el barrio de Lavapíes donde Leticia me hospedara; Las Vistillas; el Bar Chicote cuando fue reabierto; copia de amistades; la tertulia de los jueves que presidía Mariano Tudela; las reiteradas visitas a Juan Carlos Onetti, el último mohicano del Arte devorador, amigo entrañable…

Y Toledo y Sevilla y Granada y Pamplona y Bilbao y San Sebastián hermosa Concha… Y en Barcelona, con “La Pedrera” y el Parque Güel, los puestos de periódicos y revistas y libros abiertos día y noche… Pero ni siquiera el morbo sociológico me han conducido al Valle de los Caídos…

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VI

Tal es el panorama, el contexto —los contextos— del inusual, anticlimático, revelador libro de Balcarce, que sin rebozo recomiendo a mis compatriotas.  Premisas:

“PRISA es una empresa que, pese a su delicada situación económica, todavía impone miedo en la profesión” (Vid. “Agradecimientos” del autor).

“Juan Luis Cebrián no quiso hablar y canceló en dos oportunidades la entrevista” ya pactada (Ídem).

“La trama de este drama, que acaba en ruina y tragedia, es Juan Luis Cebrián, uno de los hombres más poderosos de nuestra historia reciente” (Vid. “Prólogo”, a cargo de Raúl del Pozo).

“Luis Balcarce ha ideado esta historia como un detective de gabardina y bloc de notas. Pensaba el autor que en la historia del periodismo español había, metafóricamente, muchos asesinatos sin resolver y ha vuelto a los lugares del crimen” (Ídem).

Objetivos, a modo de “la de ocho” (las ocho columnas de la primera plana).

RETRATO DESCARNADO DEL MAYOR GRUPO DE COMUNICACIÓN ESPAÑOL DE LA DEMOCRACIA.

NUEVAS E INÉDITAS REVELACIONES DEL PACTO DE SANGRE ENTRE JUAN LUIS CEBRIÁN Y JESÚS POLANCO

DE COMO FELIPE GONZÁLEZ GANÓ UNAS ELECCIONES QUE TENÍA PERDIDAS

PRISA RESCATADA POR EL ESTABLISMENT POLÍTICO Y EMPRESARIAL ESPAÑOL A FONDO PERDIDO

EL PAÍS PUNTA DE LANZA DEL PP CONTRA EL GOLPE SEPARATISTA CATALAN

JUAN LUIS CEBRIÁN ACCCIONISTA DE “STAR PETROLEUM”, NEGOCIO FRAUDULENTO DE SU AMIGO Y SOCIO ZENDI, DE ORIGEN IRANÍ

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VII

Dos historias, anudadas, se cuentan, imbrican. La del empresario Jesús Polanco, quien, de vendedor de libros de texto en Santillana, se zambulle en las aguas revueltas, plagadas de tiburones, de los “medios” impresos y electrónicos; y la de Cebrián, su criatura, su monstruo, que escala de posiciones ultramontanas pintadas de “progre”, a una gama logrera: periodística, política, social, financiera, académica (de la Lengua, que hasta en la Real se cuecen habas). Otras dos historias revélanse: la del periodismo y la de la política.

Si Polanco se adueña del paquete accionario de El País, Cebrián dirige dictatorialmente al diario. Y a la muerte del empresario, maniobrará astuto para ocupar la Presidencia del Grupo PRISA.

Sobre Polanco, escribe Balcarce:

La PRISA de Polanco era una empresa provinciana, de ordeno y mando. Como presumía Polanco, tres editoriales de El País podían acabar con la carrera de un político. El País tenía una capacidad de fuego despiadada y su director mandaba como un ministro. Primaba el negocio, la cuenta de resultados.

Y sobre la PRISA de Cebrián:

“sálvese quien pueda, mientras yo me la llevo calientito”/ “Una empresa donde se valoró más la fidelidad que la eficacia”.

Punto de quiebre: la edad digital, con todo y que Cebrián escribiera el infumable libro La red. Para disque exhibirse al día. Aunque sobre Cebrián director del periódico, el autor y el prologuista coinciden en reconocer momentos luminosos seguidos de oscuridad.  Escribe del Pozo:

Al igual que el autor de este libro, tengo que reconocer que hizo uno de los mejores periódicos de Europa, que tuvo huevos el 23F y que fue la fortaleza, el Fuero Juzgo de la democracia, hasta que la enfermedad del poder le convirtió en el cardenal laico y secretario de una nada Santa Inquisición. Marcaba pautas y mandaba. El Gobierno era parte del holding. Pero como apunta Balcarce, supo leer los tiempos que venían, llegó a tener tanto poder que lo que no aparecía en El País no existía o era el mal.

Un prolijo reportaje, en suma, en el que andan juntos y revueltos, figuras políticas y periodísticas; el tránsito del Viejo al Nuevo Régimen que implantó nos sólo el lavado de dinero sino el del pasado; el combate entre accionistas y periodistas, el Capital y la Redacción; Bancos voraces; traiciones y cuchilladas traperas; la Prensa emancipadora y la Prensa ya jugoso negocio ora palanca del Poder; la loca idea Imperial del Quinto Centenario del Descubrimiento de América (¡cómo diablos perdí el programa de una reconquista del Nuevo Continente: de la adopción altruista de ciudades y de edificios coloniales, a emisoras indígenas, a inversiones a diestra y siniestra!); partidos políticos; sueños guajiros; despropósitos; arribismo social; corrupción; medro con las asignaciones procedentes de la Comunidad Europea. Etcétera, etcétera. Moraleja: el código genético autoritario puede ser susceptible de maquillaje, pero no de borrado; tras un Dictador hay un pueblo, que, si no en la forma, en el fondo desea ser “dictado”.

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VIII

La España de la transición posfranquista ha cambiado. Aznar del PP, como Calderón aquí, jugó al “soldadito”. Zapatero, del PSOE, fortaleció la verdad práctico-ancestral de Zapatero a tus Zapatos. ¡Rajoy, ay Rajoy! Al PSOE y al PP le hacen sombra PODEMOS, CIUDADANOS, VOX y la baraja de independentistas “culé” bajo el falso argumento de que Cataluña mantiene al resto de España. Al flujo democratizador del Post Franquismo: el reflujo de una Derecha nostálgica del Generalísmo. Abdicó en favor de su hijo el Rey Juan Carlos, ocupado ahora en el Emeritazgo, en viejos amores y la cacería de elefantes puestos a modo. Las dos Reinas, la Emérita y la Efectiva, disputan por quítame allá esas pajas. Irrumpe la amenaza de Media España versus Media España. Y a México se exportan las Viejas Glorias del Show biz, sin mercado peninsular, de Mocedades a Serrat.

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IX

De última hora. De la greña, como antes de 1975, unos y otros. Ahora, que ya viene, ya viene, ya viene, el juicio por el Tribunal Supremo a los funcionarios catalanes que, en octubre de 2017, rompieron el pacto de España Una, con el plebiscito y posterior declaración unilateral de la Independencia Catalana, caiga quien caiga y se cometan los errores históricos que se cometan (como los del Brexit), agrava la crisis.

(Opiné ya por esas fechas que, así como, dada su importancia nacional, el problema universitario no podía dejarse sólo en manos de los universitarios, el problema catalán no podía dejarse sólo en manos de los catalanes).

Pedro Sánchez, del PSOE, relevo después de la impotencia de Rajoy, para formar Gobierno, oferta un marco de diálogo con los separatistas catalanes, que estos rechazan. Lo precisa Carmen Calvo, Vicepresidenta de Gobierno: NO a la propuesta sostenida de referéndum de autodeterminación catalana; SÍ a un diálogo entre posturas encontradas que tiene “que ser en el marco del propio Estado de Derecho que somos y la democracia que somos”.

¿Callejón sin salida?

Respuesta. Madrid, a 10 de febrero de 2019. Convocados por el PP, CIUDADANOS y el ultraconservador VOX, miles de miles de miles de españoles marchan con la consigna de la Unidad, la acusación a Sánchez de traición por dialogar con los separatistas catalanes (le queman los aparejos el asunto de los Presupuestos Generales), y la exigencia de nuevas elecciones.

Desenlace por el momento: rechazo legislativo de la propuesta presupuestal, adelanto de las Elecciones Generales.

 

X

¿Sirve de espejo, franco o deformante, la historia blanquinegra, caciquil y prodemocrática, de PRISA, de El País, a la actual convulsión íbera? Juzgo que sí. Como juzgo apremiante insistir, como lo hemos hecho en ocasiones diversas, en la instalación de un Seminario de Investigación, binacional de preferencia, que pesquise comparativamente los pasados, los presentes y los posibles futuros de España y México. Máxime ahora que se nos viene encima, la efeméride del arribo de Hernán Cortés, a las costas de un Nuevo Continente que trastocará la geopolítica —y no sólo la geopolítica— del mundo entonces conocido.

¿Una probadita de temas? Tres, mejor. La historia generacional comparativa entre, por México, Modernistas y Ateneístas, y por España, los de 98 y los de 14 (añádase la de los Contemporáneos mexicanos y los de 1927 españoles). La superficial y mañosa imitación que, de los Pactos de la Moncloa, hizo, aquí, la LOPPE, tabla de salvamento del “Sistema” (Presidencia de la República más PRI), y aduana de la Partidocracia. Naturaleza, alcance y prognosis de las respectivas crisis políticas (y sociales y culturales) que aquejan por igual a México y a España.

Una tercera historia cuenta el libro: la guerra a muerte en el ABC de Ansón, y El País de Polanco-Cebrián. Esto en el marco de la Transición Post Franquista en la que uno de los negocios más redituables era: “la influencia”.

Seguiremos informando.

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