CRÓNICA DE UNA FIESTA DE CUMPLEAÑOS

 

Federico Curiel: actor, compositor, cantante, guionista, director, “monero”; cineasta de culto en media Europa, pero no (todavía) en su patria. “Ahí nos haiga”. Director de 78 filmes.

 

 

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CRÓNICA DE UNA FIESTA DE CUMPLEAÑOS

Fernando Curiel

 

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La tarde (tarde noche), del pasado 19 de febrero, tuvo no poco de mágica. Me doy tiempo para caminar moroso, “flaneur”, Francisco Sosa, una de mis calles amadas del Sur de la Ciudad de México, Distrito Federal (D.F., sí, en efecto; mal que le pese a nuestros “Constituyentes” logreros e ignaros, en tanto funja como sede de los Poderes Federales; condición que no modifica el traslado estatal, al tuntún,  de algunas Secretarías de Estado).

Hice, lo hago a cada rato, a mi antojo, que Ella caminara a mi lado. El rabioso sol del día, se matiza, sopla tónico, en la rúa evocativa que corre del Centro Cívico de Coyoacán al Puente de Panzacola, para mudarse en la calle Arenal que lleva a la calle de La Paz costeando el Parque de la Bombilla (¡ay de mi general Álvaro Obregón, en las pinzas de la clerecía magnicida y se sospecha del propio Calles!). Y de aquí, a San Ángel. Paraje, que en mis primeros años del traslado definitivo a la Capital, mitigaba mi nostalgia taxqueña.

No soy adicto a Coyoacán. Pero no puedo dejar de recordar el domingo del pasado, en el que, en una esquina cerca del Mercado y sus tostadas de “pata” irrumpió, luminosa, Claudia Schifer, de trabajo en México. Me hinqué ante la aparición, para asombro de mis acompañantes.

Destino: la Fonoteca Nacional. Casona que fuera del conquistador Alvarado, y última morada de Octavio Paz, y sede de la oportunista pero mal orquestada Fundación con su nombre (¡ay del superior poeta, en brazos oportunistas del Ogro filantrópico, peores que los de sus acólitos y monaguillos).

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A las 7:00 p.m., tendrá lugar la fiesta de cumpleaños que Rosana, con una mezcla de amor y pericia, organizó en homenaje a su padre, Federico Curiel, nacido un día como el de hoy en 1917, hermano de Fernando, el mío (las esposas, respectivamente Estela y Teresa, hermanas a su vez). Primos del formidable Gonzalo Curiel (toda una edad dorada del bolero y la música para cine).

Federico: actor, compositor, cantante, guionista, director, “monero”; cineasta de culto en media Europa, pero no (todavía) en su patria. “Ahí nos haiga”. Director de 78 filmes; autor, letra y música, de cientos de canciones; creador del personaje “Memín Pinguín”, y autor total del cómic El látigo negro, que llevará al cine. Suyas las fórmulas de Arañas Extraterrestres versus Terrícolas (con Blue Demon en la gresca); de Vampiros versus Luchadores de Lucha Libre, El Santo al frente; y de El Santo versus alguna Momia. Compositor de clásicos populares como “Pichirilo” y “Nana Pancha”.

El cine político y social no fue lo suyo. Pero de haberle tocado este presente, no se le escaparían ni la baja comicidad ni los visos infra surrealistas, que van pautando la Cosa Pública.

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En el estrado: Rosana, la organizadora, y Carlos Díaz-Barriga de conductor (y, en ocasiones, de co-conductor con Rosana); Gonzalo Curiel hijo; Pablo Guisa, de “Mórbido”, festival que redescubre a Federico Curiel y su obra variopinta. Y como elenco musical: Estela Barona, excepcional; un sorpresivo y sorprendente Arián Conejo; y la deliciosa Valentina Morín.

Corrijo. No tarde y noche medio mágicas: mágicas redondas de pe a pa. Previamente a la fiesta cumpleañera, en los patios de la casona, encuentros, reencuentros: hijos, sobrinos, nietos, bisnietos del festejado. Con Gonzalo Curiel hijo, remembranzas: los programas que en Radio Universidad dedicamos al compositor, popular (popular modernista) y de conciertos; y la intervención de Guadalupe Curiel Defossé, mi hermana, para facilitarle el rastreo hemerográfico de los lances de su padre.

 

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Durante el ágape, un espectáculo de arqueología cultural mexicana. El artista popular renacentista que fue Federico Curiel, en una época de la industria cinematográfica nacional en franca picada. Aquel México, sin embargo, de Diosas y Dioses que aún se paseaban por la pantalla como por el Olimpo. La creatividad y humor irrefrenables de aquel Curiel. Arián, joven apropiándose, revitalizando piezas como Corazón de roca y Mar de celos, interpretadas originalmente en su momento por David Lama y el trío Los Diamantes. Valentina Morín, piano y voz,  con Alas de Plata y El copetín. Una Estela Barona que ya la quisieran las dos Luchas: Reyes y Villa, con Arroyito cantarino, Te fuiste y qué y Ojitos negros.

Para concluir la fiesta, testimonio del nieto y talentoso cine director, Álvaro Curiel.

Sí, Rosana, has quitado el polvo a un pasado que olvidamos (ignoramos) tozudos y malagradecidos. Parte de nuestra irresponsabilidad nacional.

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Ni modo: una anécdota personal. Solía yo, niño y luego tennager, pasar temporadas en la casa de los Curiel Defossé, en la Plaza de la Conchita. Indeleble mi cercanía con mis primos Patricia, “Kiko”, Francisco (hoy prolongada con Rosana y Gabriela). La cotidianidad de los asiduos Dagoberto Rodríguez, las hermanas Velázquez Tere y Lorena, Julio Alemán, Beto “El Boticario”… El estudio de mi tío Federico, siempre al yunque (diría Alfonso Reyes, otro obrero). Mi insaciable curiosidad impertinente. Un guión intitulado “El Santo contra todas las momias de Guanajuato”. Pregunta inevitable: “¿Por qué todas?”. Respuesta: “Porque ya las tengo hasta… [censurado]”.

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Regreso por la misma calle Francisco Sosa, hacia el estacionamiento de Tres Cruces. Lo sé, solo.

 

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