LAS VOCES DE LOS MÚSICOS URBANOS

 

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Foto: Armando Sánchez Romero

 

LAS VOCES DE LOS MÚSICOS URBANOS

MÚSICOS SIN ESCENARIO

Por Armando Sánchez Romero

Lo músicos y artistas callejeros han existido desde tiempos remotos, en la edad media fueron llamados juglares. A partir de aquella época se dedicaban a tomar los espacios públicos para ofrecer sus servicios de entretenimiento a cambio de algunas monedas.

De acuerdo con José Antonio Galarza Tejada, antropólogo del Colegio de San Luis: “Los músicos de la calle, quienes no tienen muchas veces una legitimidad que los convierta en músicos profesionales al igual que su antepasado juglar en la época medieval, forman parte de la existencia de sonidos en el centro urbano. Estos músicos, las condiciones y contextos donde tocan y sus sonidos musicales se diferencian en gran medida de los músicos que se contratan como músicos profesionales y también de las grabaciones que se reproducen en distintos locales o actividades.”

Sin embargo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, se pueden encontrar todo tipo de músicos. Existen quienes tienen estudios formales y superiores, carreras técnicas, quienes han tomado clases particulares o quienes le deben su talento al esfuerzo de la práctica en solitario.

Hay una fuerte demanda de espacios por parte de músicos que residen en la Ciudad de México y otros que llegan desde el Estado de México para hacerse escuchar entre los ruidos y sonidos característicos de la ciudad.

Hasta hace unos años, era muy difícil tocar en las calles más concurridas de la ciudad, dado que las autoridades evacuaban a los músicos, muchas veces de forma violenta. Actualmente se ha trabajado para regular ese tipo de situaciones.

 

EL COLECTIVO DE MÚSICOS URBANOS DEL CENTRO HISTÓRICO

UNA CARA DE LA MONEDA

Uno de los casos más sonados sobre el abuso de la policía sobre los músicos fue la detención de un cuarteto de cuerdas conformado por mujeres en el Centro Histórico, el cual fue captado en un vídeo que muestra a alrededor de 15 elementos policíacos que buscaban arrestar a las mujeres, además de decomisar sus instrumentos.

A raíz de estos acontecimientos nació el Colectivo de Músicos Urbanos del Centro Histórico (CMUCH), con la finalidad de buscar la regulación de espacios en las calles de la zona centro de la Ciudad de México. De esta manera consiguieron lugares en la calle 16 de septiembre.

Algunas vías no reguladas, como la Avenida Francisco I. Madero, también son aprovechadas por los músicos urbanos, con conflictos menores en los que la única sanción suele ser el desalojo de la vía pública. Aunque varios músicos han llegado a un acuerdo con las autoridades para aprovechar horarios fuera de los tiempos laborales, que suele terminar alrededor de las seis de la tarde.

Gracias a los esfuerzos del Colectivo, se han abierto algunos sitios para que los músicos puedan difundir su arte en la calle sin temor a ser molestados o evacuados por las autoridades, aunque esto sólo es válido para quienes sean miembros de dicho grupo.

El propio colectivo, a través de su cuenta de Facebook, afirma que su función no es la de ofrecer ni asignar permisos para tocar en el Centro Histórico. No obstante, en la práctica las cosas son diferentes.

 

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Foto: Armando Sánchez Romero

 

LA COMODIDAD: LOS MÚSICOS DEL COLECTIVO

En un día lluvioso de noviembre, suena el son huasteco en la calle 16 de septiembre. Ni el frío ni la lluvia son rivales para la cálida alegría que causa escuchar un falsete acompañado del vibrar de las cuerdas de la jarana que, de un compás a otro, abren paso a las dulces y veloces melodías que provoca el arco al ser frotado contra las cuerdas del violín. El bajoquinto brinda cuerpo y los aplausos son la única percusión que cualquier son necesita.

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Foto: Armando Sánchez Romero

El Trío Nuevo Mundo se presenta de martes a jueves en la zona correspondiente al CMUCH, con jornadas pequeñas de 2 a 3 horas. Aseguran que estos horarios les son asignados por esta asociación.

«Nuestras ganancias dependen mucho de la época del año. Regularmente por los tres días que tocamos nos llevamos alrededor de $1,300 cada uno. Pero hay personas que trabajan más tiempo y sí se llevan como $1,500 al día», comentaron.

En el mismo lugar, tan sólo unas horas más tarde, resuenan de esquina a esquina las poderosas voces del conjunto Syrigma Ensamble, cantantes de ópera pertenecientes al Colectivo.

Ellos no se encuentran en las calles por dinero, sino para aprender a dominar sus nervios y sus voces frente a la gente, usan la vía pública como un entrenamiento de sus habilidades artísticas, las cuales son aprendidas en escuelas formales como Bellas Artes o de clases tomadas con profesores particulares.

Destacan que el Colectivo de Músicos Urbanos les asigna los espacios, días y horarios para presentarse. Además de que al contar con ese respaldo, simbolizado por una pequeña lona con un número en ella, pueden llegar y quitar a cualquier otro músico que no sea miembro del CMUCH.

“Si no tienen la mantita, los pueden quitar los del colectivo. Pero sólo funcionan sobre esta calle (16 de septiembre); si vas a otra calle ya pueden quitarte los músicos que tengan sus espacios allá.”

Argumentan que su principal problema es que, desde su perspectiva, las personas que llegan con bocinas y se ponen a cantar o a tocar el saxofón, no son músicos, porque «tocan horrible y no tienen un buen repertorio. Sólo lo hacen por molestar».

La mayoría de los músicos del CMUCH son músicos que han estudiado formalmente y dominan sus instrumentos de forma más profesional. «Se trata de mantener un estándar y una planeación, si llega alguien ajeno a su agrupación echa a perder toda la organización», afirmó Lizbeth, la soprano del conjunto.

Mencionan también que la primera esquina entre la calle 16 de septiembre y la plancha del Zócalo es una de las mejores, económicamente, y que se la asignan entre los «mejores» miembros de esa liga de músicos.

 

LA OTRA CARA DE LA MONEDA

MÚSICOS QUE NO PERTENECEN AL COLECTIVO

Más adelante, entre la calle 16 de septiembre y Eje Central, suena «Cuando pase el temblor» de Soda Stereo, interpretado por un trío que no tiene nombre, pues es aún un proyecto nuevo, aunque sus miembros tienen más tiempo haciendo música de forma urbana.

Alrededor hay menos de 8 personas viendo y un grupo de jóvenes consumiendo drogas a menos de 4 metros del grupo. Aún así, Nacho (batería), Guido (bajo) y Ezequiel (voz y trompeta), completan su perfomance y agradecen los escasos aplausos recibidos.

Ellos, aunque se dedican 100% a la música, no pertenecen al Colectivo debido a la nacionalidad de dos de sus miembros, pues la voz y el bajo provienen de Argentina. «La chica me dijo que no le podían dar lona a la gente que no sea de México”,  mencionó Ezequiel.

Nacho, quien lleva más de 9 años tocando en el Centro Histórico, cuenta que aún con su historia en las calles, al no pertenecer al Colectivo, han llegado a retirarlo.

“Es como todo, cuando hay grupos de poder y dinero, siempre pasan este tipo de cosas. Navegan con banderita de ‘buena onda’ y de que apoyan al arte de la calle, pero la verdad, nada que ver”, afirmó el baterista.

 

¿Y LOS DEMÁS?

Otra forma de vivir (de) la música urbana

Bellas Artes se conoce como uno de los lugares en los que se escucha la mejor música y a los mejores músicos, con un gran nivel de ejecución y dirigidos por reconocidos directores orquestales con una trayectoria impecable.

No lejos de ahí, a unos cuantos metros, bajando las escaleras, antes de llegar a la taquilla del Sistema de Transporte Colectivo Metro se pueden escuchar las melodías de grandes compositores como Silvio Rodríguez o Pablo Milanés, de la voz de un músico urbano de avanzada edad y larga experiencia.

Federico es el nombre de quien entona dichas canciones. Con nada más que su voz y una vieja guitarra con cuerdas de nailon y una estampa de The Beatles pegada en la madera frontal, cautiva a las multitudes que van pasando hacia el metro y fuera de él.

El no conoce los mecanismos de los músicos de la superficie; sin embargo, vive de la música y para ella de una forma diferente, de manera humilde, mientras disfruta de amoldar a su gusto sus melodías favoritas.

Federico también es pintor. Crea diseños únicos que incluye en separadores de libros que vende, junto con otros dibujos, a quienes se interesen en ellos mientras toca sus canciones favoritas y sus composiciones originales.

“En la calle yo toco desde el año 2000; vendo desde antes, pero comencé a tocar ese año”, mencionó mientras le vendía un separador, pintado por él, a un turista que entró al metro Bellas Artes.

Comienza a tocar “El papalote” del cantautor Silvio Rodríguez, mientras caen las monedas en reconocimiento a su voz y el sentimiento que transmite al interpretar aquellas melodías.

Para Federico el dinero es lo de menos, él se considera un artista en toda la extensión de la palabra y piensa como tal: “Lo importante no es cuánto ganes, sino a quienes conoces, que quienes te escuchen se lleven el mensaje que les estás dando. Es difícil vivir de la música, pero la satisfacción de una sonrisa, un aplauso o que te regalen una comida, muchas veces es más valioso que el dinero”.

Viene una oleada de gente, Federico se dispone a cantar un son veracruzano y llama la atención de algunas personas que colocan en su gorra, boca arriba en el piso, monedas de $10 y billetes de $20 pesos.

Al terminar agrega: “yo no subsisto, subsisten los que tienen hambre, yo vivo bien. Puedes vivir bien con $200 o con $100 pesos. A mi edad, prefiero vivir cada día como si fuera el último de mi vida”.

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Foto: Armando Sánchez Romero

EL DINERO EN SEGUNDO PLANO

Los esfuerzos de los músicos por conseguir más espacios poco a poco dan sus frutos y aunque son pequeñas las victorias que han tenido, aún existe la esperanza de que el gobierno destine más lugares para su uso público. No se debe dejar de lado la generación de grupos de poder y abusos por parte de los mismos músicos hacia otros, argumentando la falta de talento o de formación, ya que son aspectos subjetivos que pueden variar de un público a otro.

Urge la regulación ante la gran demanda que se está generando y va creciendo cada vez más. Es menester que el Gobierno de la Ciudad de México preste atención en estos temas y ponga en marcha acciones que permitan la imparcialidad al momento de asignar lugares para la expresión de las artes.

Por otra parte, los músicos urbanos tienen algo claro: no puedes comer solamente con el dinero que te da música en las calles; sin embargo, no es algo que les importe demasiado cuando se compara con el arte y sus deseos de expresarse ante un público que se identifique con sus canciones, con sus voces.

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