Thanksgiving

thanksgiving

Thanksgiving

Querida Canadá:

Espero te encuentres bien a tus 151 años de existencia.

Definitivamente has cambiado mucho desde que me convertí en una de tus habitantes, como prueba no hay más que ver que ahora como parte de tus cultivos creces tomatillos, los cuales por cierto adquirí el mismo día que compré los ingredientes para tu tradicional pay de calabaza, pero dejé podrir pues nunca me inspiré para hacer salsa verde.

Eso es lo que me pasa constantemente en tu suelo, la idea de crear mi propio mundo mexicano me deprime porque, idealmente, me gustaría saber que el esfuerzo de permanecer lejos y de haberme convertido en inmigrante perpetua valió la pena gracias a tu única esencia y diferencia. Llevo casi veinte años tratando de saber quién eres y sobre todo, de sentirme inspirada en tu tierra.

Pero, querida Canadá, nomás no pasa.

La otra tarde, ya en el colmo de mi desesperación autocrítica por continuar eligiendo vivir en este desencanto, me senté a escribir una lista de las cosas por las cuales te estoy infinitamente agradecida y las cosas por las cuáles me llenas de descontento y a veces hasta de odio. Enlisto dieciséis.

Agradecida por:

1.- Mi hija.

2.- Vivir en el barrio italiano.

3.- Gente que me quiere y quiero.

4.- El auténtico café espresso.

5.- Estar rodeada de parques.

6.- Los biscotti caseros que acompañan al café.

7.- La medio construcción de una carrera de actriz.

8.- La Trattoria Gatto Nero donde me tratan como estrella.

 

Descontenta por:

1.- Haberme convertido sin premeditarlo en inmigrante eterna.

2.- Tener ya una visión limitada de mi capacidad creativa.

3.- El encasillamiento y la falta de originalidad de los papeles para los que audiciono.

4.- El clima, el cual odio: tu extremo frío, tu extremo calor y tu humedad.

5.- La lejanía de mi familia.

7.- La importancia que, al igual que México, le das a los USAeis.

8.- Tu falta de una cultura obvia y tangible, el melting pot aislacionista y medio racista es muy difícil de entender.

Así pues Canadá cuando pienso en nosotros veo a una persona pequeña (yo) parada frente a un muro altísimo de piedra gris descolorido (tú); y el muro es tan denso que no sé qué aparato destructivo tendría que utilizar para hacerte un hoyo y lograr cruzarte. Aunque sé que sería mejor saltarte, sin destruirte, para ver en realidad que hay detrás de esa muralla triste, que no sé si eres tú o soy yo.

Por esto es que hoy, en tu Día de Gracias, celebración extraña que recuerda la relación ultra complicada que tienes con tus indígenas, te escribo y cocino en tu honor. Agradezco lo que me has dado y por primera vez ocupo mis manos y mi paladar en los sabores insipidones de tu pavo, tu relleno de pan y tu pay de calabaza. Ojalá logremos un entendimiento o cuando menos una amnistía.

¡GRACIAS!… De todo corazón por lo que veo y no veo me regalas.

Paula

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s