POSTALES GRIEGAS (II)

 

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POSTALES GRIEGAS (II)

Fernando Curiel

 

DELFOS

Todo en vano: abluciones, presentes, dirección propicia del viento, afligida contrición. El Oráculo de la montaña nada auguró sobre mi pasado.

 

ISLA DE CIRCE

La terrible hechicera ya no distingue entre hombres y cerdos.

2

LESBOS

Como en todas las islas, la noche cerrada ayunta mar y tierra. Mismamente, Atis y Arignota confunden labios y crespones, jugos corporales. No lejos del lecho en el que Eros las desvela, escribe la casi divina Safo, su maestra. Alumbrada por la enésima lámpara de aceite resinoso, se pregunta qué flor crecerá en el abono de su tumba.

¿La dalia?

¿El asfódelo?

¿La rosa?

¿El mirlo?

Sin dejar lugar a dudas —me entrometo—, la azucena. El color, el sabor, la turgencia, la tersura, del pecho femenino.

 

3

SOUNION

El Dios Poseidón emerge al fin, lejos de la costa, enloqueciendo a las aguas sosegadas. Chorrea, inmenso, peces, ninfas, delfines color plata, tritones, mantarrayas, cúmulos de Caballitos de Mar. Su aliento nos empapa la ropa. A todos, japoneses, norteamericanos, italianos, mexicanos. Se detiene ufano. Posa. Lo fotografiamos, hasta que se sumerge desdeñoso y antiguo.

4

TROYA

¿Quién lo ignora, lo cuestiona un ápice? El talón de Aquiles es Patroclo.

5

MONTE CAUCASO

Lo que Prometeo pretendía era algo muy distinto de lo que interpretó el Olimpo, condenándolo, atado a la roca, a eterna tortura. No, no; no entregar al hombre, el artilugio prodigioso del fuego. Apagarlo.

6

PROA AL TÍBER

Harto de las inconsecuencias y desmesuras de los Dioses, apiadado de Dido —desgracia para él más honda que la caída de Troya—, Palinuro, piloto de la nave, se vale de la noche para huir.

Se desliza sigiloso al ponto.

Nada silente entre las ondas cómplices.

Una vez en tierra firme, obsequia sus pertenencias a los nativos y cambia de identidad.

7

ENEAS

Jamás conseguirá apagar, Eneas, en su corazón, la pira en la que Dido arde en carne viva.

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