Verde Limón

Verde Limón

Kazumi Murata

Septiembre 2018

 Me he dado cuenta (suplico no se burlen de mi gran descubrimiento ya que me siento muy orgullosa de mí misma) de la importancia de los colores en los seres humanos. Este mundo está lleno de colores y muchas veces sirven de timón para hacer elecciones: con base a las propias preferencias escogemos la ropa, el celular, los tenis, los muebles, las colchas para las camas, etc. Y ya hay variedad de colores hasta en los electrodomésticos. Saber los colores preferidos de los demás también nos ayuda al momento de escoger algún regalo. Los diseñadores saben muy bien el impacto que los diferentes colores pueden causar y así lograr captar la atención de los usuarios e inclusive generar un deseo.

Alguien me comentó alguna vez que estaba en el supermercado con su hijo pequeño, de unos tres años, y al pasar por el pasillo de los líquidos para limpiar pisos, el niño le pidió que le comprara uno porque se veían deliciosos, y a raíz de eso decidió poner los productos de limpieza fuera del alcance de sus hijos porque eran llamativos (ehh… buen tip ¿no?).

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Los colores también generan sentido de pertenencia, como los colores de una bandera generan patriotismo. En el caso de México es evidente que se utilizan el verde, blanco y rojo en muchas cosas como el uniforme de las diferentes selecciones deportivas, en los rebozos y listones para las trenzas en las fiestas patrias, en logotipos y marcas mexicanas y un ejemplo fascinante son los chiles en nogada, en los que logran tener los tres colores en su preciosa presentación. En Japón, por ejemplo, el obento (caja de lunch) más sencillo y económico es una cama de arroz con un umeboshi (chamoy salado) al centro, formando así la bandera japonesa. En este país oriental, la presentación de la comida es tan importante que se procura cuidar los colores y poner siempre algún detalle verde.

 

He notado que para los niños pequeños los colores tienen una particular importancia. Desconozco cuáles son los motivos psicológicos pero, por ejemplo, mis tres hijos siempre han preguntado a la gente, cuál es su color favorito y por lo que percibo, es un dato muy importante para ellos. Me encanta su radicalidad porque siempre quieren que sea un sólo color favorito, el cual cambia constantemente al igual que cada día tienen un mejor amigo diferente. También me he dado cuenta de que el gusto por algún color no es para todo, por ejemplo, a mi esposo le gusta el color azul marino, pero básicamente para la ropa; mientras que, el que le gusta para su coche, es el negro.

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A lo largo de mi vida las preferencias han cambiado. De pequeña y por mucho tiempo, mi color favorito fue el rojo. Recuerdo que una vez vi en una tienda, unas zapatillas rojas (¡eran de charol y con tacón!) y en ese mismo instante se convirtieron en el objeto de deseo más grande del mundo. En la adolescencia, sobre todo en la universidad, opté por los colores oscuros como el negro y el café. Después me volví más flexible y empecé a aceptar que son varios los colores que me gustan: violeta, aqua, índigo, negro, rojo. También me gustan los colores combinados como gris con palo de rosa. Pero fue hace poco, un par de años, que me hice consciente de un color que no sólo me encanta, si no que siento que se me expande el pecho y mi vista se deleita cada vez que el universo me permite verlo. Cuando mi hija Emilia me preguntó por enésima vez: “mami, ¿cuál es tu color favorito?”, le contesté: “el verde limón, mi vida”. Pero pensar en un verde limón como una plasta sólida sería una descripción muy pobre, aunque ha sido el color que lo describe cercanamente, más o menos.

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Hace unos cinco años, comenzamos a realizar viajes en carretera y como a mi esposo le encanta manejar, a mí me ha tocado la fortuna de disfrutar el paisaje. Fue cuando me empecé a percatar lo mucho que disfrutaba salir de las ciudades para ver los paisajes naturales y he tratado de capturar con la cámara lo que ven mis ojos, pero siempre se queda corto…

En general me gusta mucho el verde de los bosques, praderas, hasta de las plantas de las macetas, pero a veces, la luz del sol cae en las hojas de los árboles o el pasto, que junto con el movimiento sutil de las hojas crean unos destellos, formando contrastes entre varios verdes. Ese verde brillante, bañado con los rayos del sol y que danza con el aire, ése, es mi color favorito.

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