AGENDA URBANA/ EL AÑO 1985 Y ANEXAS

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AGENDA URBANA/ EL AÑO 1985 Y ANEXAS

(2ª parte)

Fernando Curiel

Decía que, con motivo de la Reforma Carpizo, y la insurrección del segundo Consejo Estudiantil Universitario, la UNAM se ponía en entredicho. La Ciudad de México, reponiéndose del batacazo del terremoto de septiembre de I985, y la Nación metida en sus propias crisis, se hacían lenguas con la situación y destino de la Máxima Casa de Estudios. Transcribo lo que escribí en TERCERA FUNCIÓN O CRÓNICA Y DERROTA DE LA CULTURA (Premiá Editora, 1988). Transcripción que aprovecho para revisar, y por qué no, ampliar. Transcribo, pues:

“A la sazón yo había leído toda (digamos) contribución sobre el tema (independientemente de su signo: Izquierda, Centro o Derecha). En mi Diario apunté mis diversas reacciones: estupefacción, modorra, entendimiento, hilaridad; más estupefacción, modorra e hilaridad que entendimiento. Pero ¿cómo escapar a la corriente? Yo también aporté lo mío (experiencia de autoridad cuestionada). Más sintético que analítico, en su momento escribí:

>>>> Que en mesas redondas y sobremesas, por radio y teve, en tocadas y plantones y sentones y rumbeadas y “tenebras”, lo mismo en algún Sanborn’s que en La Guadalupana y hasta en el Café 58, en mentideros académicos y corrillos confesionales, corría, pausada o tremolante, una consigna. ¿Qué consigna? Una Universidad en verdad al servicio de la sociedad que la sustenta.

>>>> Que más allá de posturas ideológicas o poses partidarias, dentro y fuera del claustro, la Universidad era sometida a tajante interdicto (puesta en duda que en plumas incisivas como la de Gabriel Zaid, mudábase ablación).

>>> Que la sospecha sobre la UNAM y sobre la Universidad mexicana en su conjunto no respondía en todos los casos y ocasiones a la buena fe histórica, o para no ponerme moralista, al conocimiento así fuera superficial de los lances de la Universidad Mexicana del siglo XX (esa institución sin sosiego); por lo que precavía contra la perfidia o su hija impúdica, la ignorancia.

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>>> Que, por cierto, la interrogante post-post revolucionaria sobre si la Universidad servía o no a la sociedad, su patrocinadora, revivía el cuestionamiento asimismo rudo de los años del poder revolucionario (o de la disputa del poder revolucionario). En tanto el Proyecto Sierra llevaba ínsita una revuelta cultural de avanzada y a largo plazo (antipositivismo, espiritualismo, nacionalismo hispanoamericano), la Universidad real de 1910 a 1920 no halló sitio y sentido en un movimiento que ponía al país de cabeza. Bastaba señalar que el rector Eguía Lis planteó la autonomía como repliegue o anticuerpo de las convulsiones de la hora, en tanto que Pedro Henríquez Ureña, aprontó una reforma humanista de la hiper/comteana Escuela Nacional Preparatoria… ¡justo cuanto la sitiaba el chacal Victoriano Huerta! ¿Cómo diantres sorprendernos de que José Vasconcelos, rector, perorara: “Llego con tristeza a este montón de ruinas”, y de qué José Vasconcelos, secretario de Educación Pública, advirtiera: “El problema de las Universidades es uno de los más discutidos en estos momentos en todo el mundo. Se les acusa de constituir minorías —privilegiadas por la educación y el talento—, que una vez adiestradas en el saber, no emplean sus conocimientos sino en beneficio propio, desatendiéndose de los intereses sociales”.

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Y seguía mi rollo:

“Mil novecientos ochenta y siete: ¿nos hemos extraviado de nueva cuenta, teniendo ya a la vista la línea de sombra (¿qué oculta?) del próximo siglo? [el XX y este siglo XXI en el que ya estamos]. ¿Discutimos, mientras cae otra vez Tenochtitlán, la luz del Tabor? ¿Las campanas que doblan, doblan por la UNAM? Anoto sin ambages tres respuestas. Aquí, la que afirma que la pérdida del norte (Norte, Ruta Social) es irreparable y que procede, en consecuencia, el exorcismo, la ablución pública, el castigo purificador, la nueva fundación del Reino (pedagógico); allá, la respuesta que afirma que la desnorteada es grave, mas relativa (y hasta nacional) y que, por ende, procede apostar al golpe de la Esperanza, del Timón; acullá (por último), la respuesta que, dando por definitivamente extraviado el rumbo, clama la liquidación, dicho esto en sentido crítico y administrativo”.

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“Frente a las tres principales actitudes que yo resumía, inclinábame por la segunda. Aunque no dejaba, empero, de aquilatar las circunstancias locales, metropolitanas y nacionales de la maniobra recomendada: golpe del timón, de la esperanza. ¿Qué circunstancias? Las que el Respetable Lector maneja a diario…”.

Aquí dividía el análisis en tres planos: el país de los ochenta, la Ciudad de México, la UNAM. De la “capirucha”, sentencié:

>>> la más honda crisis física y metafísica de la Ciudad de México, el paisaje nutricio de la UNAM; aviso, el desastre urbano deefeño, de lo que puede suceder a otros asentamientos “macro” del país.

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A todas luces, me quedé corto. Desastre de jefes de gobierno, regentes o como se les llame, de la Imposición y de la “Izquierda”. Concluye Ramón Aguirre, llegan Manuel Camacho, Manuel Aguilera, Oscar Espinosa Villarreal, Cuauhtémoc Cárdenas, Chayito Robles, López Obrador, Alejandro Encinas, Ebrad y el más perezoso de todos, Mancera. Mientras los Presidentes de la República, después de Salinas de Gortari, van abandonando Palacio Nacional, domicilio conocido, legal e histórico del Ejecutivo Federal, para mudarlo Salón de Fiestas Oficiales y Museo (el más empolvado de los recursos culturales), no pocos de los regentes, jefes de gobierno o como se les llame, le atoran, desdeñando sus obligaciones gubernativos y administrativos, a sus campañas para la “Grande”, la “Silla”.

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Desgobierno más falta de gobierno. Corrupción como Juan por su casa. Oleada de la delincuencia que sube, sube, sube, nos ahoga. Delirio de inmobiliarias y desarrolladores urbanos, no se sabe quién más diestro en embaucar los sueños de la clase media para arriba. Haciéndole competencia a hitos de verdad, El Castillo de Chapultepec, la Lotería, el Ángel, la Diana, rascacielos de nombre entre cursi y oligofrénico: Altopedregal, Be Grand, Mistik…

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Y el batiburrillo de la Reforma Política del Distrito Federal, en la que los piensa-mal-y-acertarás olieron un acuerdo Peña Nieto/Mancera, para parar a MORENA que es decir al Peje. ¿Verdad? ¿Fake news? Lo cierto es el resultado.

Una Constitución Local que no lo es, no en el sentido constitucional radical, por dictarla la Constitución General. Un Constituyente que tampoco lo fue por armarse pastel para repartirse entre poderes y partidos. Una estupidez mercadotécnica, —mercadotecnia política—: la de cambiar el nombre de la Ciudad de México, decantado por la historia, por las siglas CDMX (¡pamplinas!). Una desaparición imposible del Distrito Federal, por continuar siendo la Ciudad de México sede de los Poderes Federales. Y en franca nostalgia novohispana, llamar Alcaldías a las otrora Delegaciones. Y una carrera política, la de Mancera, acomodaticia, logrera hasta los huesos, que da pena ajena.

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Y aún hay más.

(NO SE PIERDA LA 3ª ENTREGA)

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