SERGIO PITOL, JALAPA

AGENDA URBANA/ SERGIO PITOL, JALAPA

Fernando Curiel

 

De la mano de Pitol, y de Carlos Fuentes y Rosario Castellanos, Víctor Flores Olea y otros, estamos en condiciones de reconstruir la Ciudad de México habitada, descubierta, gozada por su generación, la de Medio Siglo

 

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La colección portaba el sello prestigioso de la editorial Tusquets y se llamó, si mal no recuerdo, Marginales. Tiempo del placer del texto para su director, Sergio Pitol, y sus lectores. Indeleble el cuadernillo con las cartas cruzadas por el editor Cape y el autor Malcolm Lowry. Éste último defendiendo a toda costa la integridad y herejía de Bajo el volcán, manuscrito amenazado por la intolerancia de un dictaminador preceptista del inglés. Se impuso la verdad estética sobre la reglamentaria. Y la novela del Cónsul Firmin, de sus dichas y tragedias, mezcales y delirios, cantinas mexicanas, amores desdichados, fue.

Un tiempo acaricié el sueño de publicar en Marginales una versión ampliada, no mucho, de la guía turística de Santa María de Onetti (¿o de Brausen?), que en dos capítulos me publicara una de las grandes amigas de Sergio, y de todas mis admiraciones, Margarita García Flores, en su Los Universitarios. Y que me abriera la puerta a la primera de las muchas entrevistas que hiciera al autor uruguayo, en la Ciudad de México, en Xalapa, en Madrid.

Guía, la susodicha, cuya versión definitiva, por demás ampliada, daría pie a Santa María de Onetti. Guía de lectores forasteros (UNAM, tal).

 

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Leído, enterado de su vida y milagros sobre todo por su cuate Hugo Gutiérrez Vega, releído, encontrado en México en los altos de su vida trashumante, porque sí y al ritmo de la diplomacia, me lo topé como colega en el IIFL. Relación no íntima pero cordial. Aceptó formar parte del Consejo Editorial de Revista Universidad de México, el tiempo auto-prescrito que la dirigí (no desvelaba entonces eso del Consejo Editorial Internacional, tan inútil como apantallante). Cuatro años memorables. Sus co-consejeros: Beatriz de la Fuente, Margo Glantz, Miguel José Yakamán, León Olivé.

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La salida de su El arte de la fuga marcó un hito. En sobresaliente prédica ateneísta, Pitol rompía géneros literarios que era un contento. Narración, ensayo, crítica, relato breve. Me deslumbró (y sigue deslumbrando). Y animó a iniciar un ciclo, junto con Hernán Lara Zavala, de diálogos entre creadores e investigadores, en el IIFL, que el propio Pitol inauguró.

 

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De la mano de Pitol, y de Carlos Fuentes y Rosario Castellanos, Víctor Flores Olea y otros, estamos en condiciones de reconstruir la Ciudad de México habitada, descubierta, gozada por su generación, la de Medio Siglo. Nacida por iniciativa de su Director, el inmenso Mario de la Cueva, en la Facultad de Derecho, apenas mudada a la Ciudad Universitaria. Las cafeterías Kikos a guisa de pista.

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Foto tomada de la DGCS-UNAM

 

4

La salud ya quebrantada, en el centro de un espeso lío familiar e institucional de acusaciones mutuas, tutelas e interdicciones, Sergio Pitol vivió los últimos años, recluido en su casa de Jalapa. El pasado jueves 12 de abril, a los 85 años de su existencia viajera, políglota, de testigo de la desaparecida Europa de la Cortina de Hierro, Pitol pasó (como se dice) a mejor vida.

La noticia me trajo a cuento al escritor y a Xalapa. Ciudad entre las dilectas mías de la República Mexicana.

A disposición de usted, están los 5 tomos de las obras de Sergio Pitol hasta hoy publicados por el Fondo de Cultura Económica.

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