2018

2018

Recuerdo con precisión la toma de posesión de Miguel de la Madrid en 1982. Mi madre y yo visitábamos la casa de mis abuelos, sus padres, en la colonia Nápoles. La televisión, situada en lo que ellos llamaban el hall, mostraba el suceso. Los adultos discutían acerca de Lopez Portillo y el futuro de nuestro país. En las imágenes veíamos a Miguel de la Madrid paseándose en un convertible, saludando al “pueblo” mexicano como si fuera una auténtica “Reina de la Primavera”. Después de él las cosas ya no fueron igual: el presidente, casi Dios, la democracia mexicana y el PRI, comenzaron a ser cuestionados.

México es un país donde sus habitantes, informados o no, conversamos siempre de política, es parte de nuestra identidad, así como en Canadá sólo se habla del clima, aquí todos tenemos una opinión generalmente quejumbrosa de nuestros políticos corruptos y del estado calamitoso del país. Durante mi crecimiento en la Ciudad de México y hasta que me fui a los 22 años, tuve la sensación constante de que el país mejoraría, es decir, de entrada entendí que estaba jodido, sin embargo, creía en los discursos de sus líderes, los cuales prometían, apasionados y esperanzados, un gran cambio.

En mi mundo infantil vislumbré que mi país llegaría a ser mejor y que de grande lo disfrutaría. Tristemente, treinta y tantos años después, todo, absolutamente todo —hasta los colores y estética setentera-ochentera, vintage de la ciudad de México— sigue igual, de hecho quizá peor, pues somos muchos más y el mundo en general está envuelto en una depresión total.

De la Madrid hablaba de una renovación moral de la sociedad, López Obrador habla de un cambio moral, casi mágico, es decir, el mismo discurso del PRI viejo y dinosaurio, pero disfrazado de otro partido político. (Me disculpo por ofender a los discípulos lopezobradoristas) Parece ser que la clase política actual tiene a los ya “chochitos” disidentes de finales de los ochenta, o a los jóvenes nada sofisticados cuya estética cultural son Oprah Winfrey (nada más hay que ver a Anaya subiéndose a un poste tipo Tom Cruise declarando su amor por su ex Holmes) y el programa Hoy de Televisa (empresa que hasta hace dos semanas pensé no estaba del todo con el PRI, pero que después de la campaña sostenida de desprestigio a Anaya me imagino sigue detrás del gobierno actual). El objetivo de los políticos que contienden por un puesto público (privilegio que debería en verdad serlo) parece que ha sido y será llegar al poder para vivir en casotas, viajar en avionzotes, salir un montón en la tele, conocer al Papa, y “bullear” a todo aquél que ose criticarlos.

PAU 3

Llevo mucho tiempo fuera de mi país pero percibo que no hay una verdadera visión de nación, que parece ser que desde que nací, esa virtud de los políticos se perdió. Veo a mi ciudad natal con construcciones inacabadas, como siempre, cosas nuevas que al poco están destruidas, como siempre, una saturación enferma de coches como siempre, y segundos pisos que parece fueron construidos en 1950, no apenas hace un año. Las mismas dinámicas sociales, el mismo antifaz de los ricos que manejan convertibles y llevan nanas y guaruras a los restaurantes y que viven en un México que triste y efectivamente existe, pero ignoran al otro que es mayor y con una gran necesidad de ayuda.

¿Y yo? Pues resulto ser muy mexicana al sólo culpar y no hacer tampoco mucho por mejorar, pero ese es tema para otra ocasión.

¿Por quién votar? Creo que en realidad nadie, bien a bien, lo sabe.

P. Rivera.

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