UN CAFÉ, CALLE BOLÍVAR

AGENDA URBANA/ UN CAFÉ, CALLE BOLÍVAR

Fernando Curiel

UNO

Había yo sustraído la mañana a la jornada laboral en el Sur. Mañana soleada, más de domingo que de día miércoles como era. Celebración. Me enfilé al Primer Cuadro. Llegando por la calle Independencia, me estacioné en el edificio de Relaciones Exteriores. Por el patio abierto en el que ensayan virtuosas parvadas de juveniles bailarines, frente a los escaparates de comercios que le sirven de espejo (la barra resulta innecesaria), irrumpí en la Avenida Juárez. Rúa tan taloneada por mí en los 60’s del pasado siglo. Caminé hacia el oriente, no piense usted que para asomarme a la horripilante fuente dentada —supuestamente México bajo la lluvia—, y el burdo homenaje a Luis Barragán, arquitecto mudado diamante que se merca en supermercados trasnochados. Ni por pienso. Otra era la intención.

Bellas Artes desde la Torre Latinoamericana.jpg
Foto: Octavio Olvera

Ahí, griego, el Hemiciclo al Benemérito de las Américas.

Ahí la Alameda Central, deshecha y rehecha una y otra vez, pero ya no más poblada por poetas dejados de la mano de Apolo y de la Diosa Fortuna, léase en la quinta chilla (de Arreola, si recuerdo exacto, la anécdota ejemplar de un bardo largo tiempo ha desdeñado por su Musa; musa cruel que, sin decir agua va, lo visita —inspirara— justo a la mitad del parque, desprovisto de papel y pluma; fulguración, fuego fatuo que dura un minuto, para difuminarse inapelable, arrojándolo al suicidio).

Bellas Artes y la Latinoamericana
Foto: Octavio Olvera

Y hablando de pérdidas, desconsuelo eterno por la demolición de las Pérgolas de la Alameda.

Desando.

Ahí Bellas Artes, palacio iniciado por el Porfiriato para prez de la Fiestas del Centenario, y concluido en los 30’s por la Revolución. Loor a uno y otra.

Dudo entre las calles de Francisco I. Madero (antes, y para siempre, Plateros) y Cinco de Mayo. Si fuera el juego del “Avión”, saltaría poniendo un pie en cada calle. Me gana la querencia y elijo la primera calle (no de balde le dediqué el libro fotográfico Paseando por Plateros, SEP, 1982).

Ahí el Palacio de los Azulejos, a la izquierda.

Samborns de Los Azulejos y torre Latinoamericana
Foto: Octavio Olvera

Ahí, a la derecha, sin conseguir acomplejar al palacio novohispano, la súper dinámica (para los 50’s) Torre Latinoamericana (¿en qué paró, lo oí o lo leí, el proyecto de Carlos Slim, verdadera Autoridad del Centro Histórico, de convertirla en hotel?).

Ahí, en la misma acera, lo que queda del Convento de San Francisco, y el templo de San Felipe.

 

DOS

Cruzo Gante. Como sigue taponado el Pasaje Iturbide, delito de lesa humanidad, sigo por Madero. Feliz, desocupado, anónimo entre los promotores de servicios ópticos, las encarnaciones de Blue Demon o Kate Perry, las oleadas que suben hacia el Zócalo, o bajan al Eje Central (“Éjeles” llamó Tomás Mojarro a los ejes trazados por los técnicos de Gengis Hank).

En Bolívar, doblo a la derecha. Me detengo en mi camisería preferida, charlo con el dueño, ya tercera generación. Prosigo mi camino. No lo dudo: cafetería discreta, limpia, pequeña, ocupadas tan sólo dos de sus ocho mesas, grato aroma de la máquina cafetera, del estilo de la original Parroquia de Veracruz. Lugar ideal para mi propósito (porque eso de pleno ocio laboral ni yo me lo creo).

Eje Central
Foto: Octavio Olvera

Ordeno un latte y un plato de “masitas” (así anunciadas, muy ríoplatenses), y me dispongo a darle que es mole de olla.

¿Pero qué propósito?

Escribir, tomándolo en serio, sobre el proyecto de Constitución Moral, lanzado, entre resplandores y escenas de Historia Sagrada, por el franquiclitario de MORENA, Tema por el momento: la ceremonia de inauguración —está por decidirse el recinto— del Constituyente Moral, a años luz del montado, mazacote,  para la Ciudad de México, por los Ejecutivos, Federal y Local.

Tenía ya, dibujados en la mente, algunos trazos. Los Señores Constituyentes visten caftanes blancos, portan pelucas nazarenas, sandalias y, sujetas por dos discretas correas transparentes,  unas alitas. A AMLO, sólo a él, lo orna una corona, no de espinas, sino de flores de cempazúchitl, una morada, una amarilla, una morada, otra amarilla, y así sucesivamente. Pero como son de papel, no hay apuro ni por la temporada ni por el marchitamiento. Un resplandor morado-amarillo circunda la blanca cabecita. Sólo se bebe, en jarritos de Tlaquepaque, agua bendita previamente electro purificada. Toman sus asientos Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Elena Poniatowska, Alberto Anaya, Eric Flores —sus alitas aletean—, Napito, Cuauhtémoc Blanco, etcétera, etcétera. En vez de sillones, bancos para no estropear las alitas. Madera sino de los restos del Arca de Noé, sí de rudo cedro sin desbastar.

En esas estaba, cuando un movimiento torpe, al asir la taza y mover el platito, hace rodar al suelo mi lapicero ZEBRA, 2, HB, 07 mm. Movimiento torpe mío, no de la mesera, aunque un tanto monjil, guapísima. Al recoger el “zebra”, descubrí un papel arrugado, junto a una de las patas de la mesa, imperceptible a primera vista. ¿Estará escrito? ¿Qué demontres dice? Puntual seguidor de Cervantes, que leía hasta los papeles rotos que encontraba en la calle, con toda discreción lo recogí junto con el lapicero providencial. No menos discreto lo desarrugué sobre las piernas. Sí, claramente escrito. Una confesión.

 

TRES

Transcribo:

“No se compara un 7.5, o de plano un 8 Richter, con el temblor del Amor. Para no confesarte la oscilación y la trepidación que me causas, no sé cuál primero, me consuelo virtualmente. Escucho con cualquier trío, pero sólo si hay acompañamiento de órgano, aunque no al extremo parlante de Gil Olvera, Somos novios de Manzanero. Y Me gustas de Joan Sebastian. Y a Michel Bublé inspirado con Something stupid, donde canta con Reesse Widerspoon. Todo con tal de no aullarle a la luna. Luna hiena”.

Eso es todo.

Aviso por este medio al autor de la “confesión” susodicha, que conservé la hoja en mi poder. Por sí desea recuperarla. Garantizo discreción.

¿Y el Constituyente y la Constitución Morales?

Dejé el asunto para más adelante.

La Ciudad de México tiembla a cada rato.

Me tomé a pecho eso de una sismicidad corazón adentro.

Secretaría de relaciones Exteriores y T. Latinoamericana
Foto: Octavio Olvera

 

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