URSS, AÑOS 30

 

Cartas 1

AGENDA URBANA/URSS, AÑOS 30

Fernando Curiel

Para quienes, en México, gustan jugar (que de un juego se trata), a los respectivos papeles del Tirano y de la Víctima de la Intolerancia Despótica, representación del primero ante el electorado, y del segundo ante el lectorado, recomiendo la consulta urgente de:

Mijail Bulgákov/Evgeni Zamiatin, Cartas a Stalin (Madrid, veintisiete letras, 2010). La traducción es de Víctor Gallego, el prólogo de Marcelo Figueras.

En la URSS la cosa fue en serio. Bulgákov y Zamiatin, dos de los más grandes escritores rusos, escritores de raza, atrapados en el stalinismo de la Revolución Soviética. Aquí no hay lugar, ni para los exabruptos sandios, acomplejados, de una vulgaridad atroz, del “Tirano”, ni para las buenas maneras de la “Víctima”. Lo que está en juego es el endurecimiento criminal del sucesor de Lenin, el próximo asesino en México de Trotsky, su tábano tierra de por medio. Stalin, verdugo impío. No caricatura del poder absoluto.

Cartas 2

Bulgákov, el autor, entre otras joyas, de El maestro y Margarita, y Zamiatin, el autor, in pectore, junto a su novela Nosotros, de 1984 de Orwell, y de los “cuando el futuro nos alcance”, unos luminosos, otros “chafas” han sido en Occidente. Cual plaga de langostas.

A Mijail y a Evgeni, Stalin les decreta, en tanto escritores y dramaturgos magistrales, mas intelectualmente independientes, la Muerte Civil. En una URSS de escritores complacientes, oficiales y oficiosos, policías, comisarios, cuentos y novelas de los enemigos desaparecen de revistas, editoriales y librerías. Sobre su teatro cae el telón de acero. Cosa de censura mortal, no de gestos para la gayola.

Acorralados, desesperados, alejados de sus lectores y su público, que es decir faltos de sistemas circulatorio y respiratorio, escriben a Stalin, Secretario General del Partido. Correspondencias que revelaran sus diversas personalidades y estrategias. Vista la represión brutal, cegados sus derechos a escribir y publicar (pensar, expresarse), no queda sino la solicitud de poner pies en polvorosa, saltar la vigilada frontera, exilarse. A Bulgákov se le negará la gracia del déspota y su camuflaje ideológico (el pueblo, el proletariado, los olvidados de la Historia). A Zamiatin, por el contrario, se le concederá.

Cartas 3

El primero, perseguido sin misericordia dentro de su propio país, morirá en 1940. El acto final lo sorprende dando los últimos toques a El maestro y Margarita, que no se publicará sino cuatro décadas más tarde.

El segundo, que adelanta su muerte tres años, en París, tiempo tendrá sin embargo de colaborar con el cineasta Jean Renoir, con la adaptación de Los bajos fondos de Máximo Gorki.

Entre los papeles que el libro aquí celebrado recoge, está el temprano artículo de Zamiatin, “Tengo miedo”, valiente y brillante examen del frustráneo desenlace de la Vanguardia Rusa y del “empoderamiento” (por ponerme al día) de la burocracia comisaria letraria, la que colmará los archivos de la KGB, escuela técnica de Putin, ese centauro de Pedro el Grande y los gemelos Lenin y Stalin, de expedientes vergonzosos de la represión, del silenciamiento de la escritura insumisa (aunque allá, bala en la nuca o Gulag, no que aquí…).

Cartas 4

Entre Bulgákov y Stalin, entre Zamiatin y Stalin, vida o muerte. Nada, por parte del Tirano, de lugares comunes ayunos de ingenio e imaginación, pedirle la verdad peras al olmo. Nada de vagas abstracciones del agraviado. Estocadas mortíferas. Algo esperanzadas en Bulgákov. Sin esperanza, desoladas en Zamiatin.

Ahora que como está más que demostrado, a la literatura raigal nadie consigue silenciarla. El “Querido follower”, como gusta decir a mi colega de blog Claudio Acevedo, puede apersonarse en Gandhi o en El Sótano, y adquirir para su solaz e ilustración El maestro y Margarita o Nosotros, o ambos títulos ya entrado en gastos.

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A Stalin, si lo busca también, puede localizarlo en la Sección Asesinos en Serie. Misma que rompiendo el orden alfabético, la encabezan él y Hitler, o Hitler y Stalin. Nómina carnicera.

¡Ah! Que no se me pase este acto de justicia poética. En 1982, “la astronauta Lyudmila Georgievna Karachkina descubrió un pequeño planeta al que bautizó con el nombre del escritor”. ¿Cuál de los dos? Bulgákov.

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¿Posee usted un poderoso telescopio? ¿Suele apuntarlo al profundo empíreo, más profundo y abisal que el Océano? Si encuentra un planeta, llámelo Zamiatin.

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