AGENDA URBANA/ CINE PATRIO

AGENDA URBANA/ CINE PATRIO

Fernando Curiel

 Sábado 13, I, 2018. Roxana me hace la merced de pasar por mí a la Librería Gandhi (la nueva), a las 10 a.m. Nos dirigimos a Tlalpan, a la exposición La fábrica de cine: estudios churubusco, 1945-2017. Producción de la Secretaría de Cultura, los Estudios Chrubusco Azteca y el Instituto Mexicano de Cinematografía. Excursión al modo de serie gringa a las raíces: el hábitat cotidiano de Gonzalo Curiel, tío de Fernando y Federico, respectivamente mi padre y el de Roxana, hermanos (que casarán con dos hermanas). Gente de cine, de la farándula.

Me han contado de un criticastro que llama, a la Edad de Oro del Cine Mexicano, fake news, y se escandaliza de la veneración (que yo comparto) del inclasificable Ulises Carrión por Lilia Prado. Sin comentarios. Pero a mí, confiésolo, me escandaliza tamaña ignorancia supina, semejante analfabetismo sentimental. Pobrecillo.

Exposición, frente a la inmensidad del universo fílmico vernáculo, que llenaría salas y salas (y más salas), en una especie de Sin Fin de actrices, actores, directores, guionistas, técnicos y manuales y películas, que elige una estrategia que podría llamar de Cámara. Espacio y contenidos reducidos, selectos. Pese a la temprana hora, desfile de concurrentes, que (se nos informa) alcanza la suma de 250,300 por día.

Bamba 1

Más que suficiente. Sin alardes museográficos, y menos aún teóricos, bajo una división que refleja los “campos” que, sumados, paren una película; multi-disciplina de la que se da cuenta gráfica en un Árbol de la Vida Fílmica (llamémosle así) plasmado en una pared. Desfilan, en los Exteriores, la tecnología aparatosa de los comienzos y la cada vez menos voluminosa de los desarrollos subsecuentes, y en los Interiores, la filmografía entre 1945 y 2017. Y los rostros, esos rostros que se alojan en el Mito (manque lo ignore, insensible, el criticastro de marras).

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Cuando un cine deja de fabricar Diosas y Dioses, mayores y menores, de esa religión que se practica a oscuras, sin límites para la imaginación y las confesiones secretas, deja de ser cine y se convierte en otra cosa. Documento, información, quizá vil negocio, etcétera, del todo ajenos a la sacralidad de la Cinta de Plata.

El montaje de una salida de cine, dos filas de butacas, y la proyección de hitos (cápsulas de tiempo) del cine nacional, reviven aquella masiva pedagogía del corazón, que sobrevive en algún canal comercial de teve, en video piratas y las monografías que, de tarde en tarde, dan cuenta de ídolos —en el set, tras la cámara— y estilos  inconfundibles.

Lilia Prado

De especial resonancia, significado, la ceremonia, en tiempos echeverriacos, que tanto prometieron a nuestra industria cinematográfica, celebrada en la Plaza del Ariel, ahí cerquita; Ariel que, ¡hurra!, a diferencia de las Pérgolas de la Alameda, derrumbadas precisamente en aquel desquiciado sexenio, sigue todavía en pie (véase fotografía alusiva).

FC

Ver, contemplar, al Pedro Armendáriz y la María Elena Marqués de La Perla, al Arturo de Córdoba y la María Félix de La diosa arrodillada (a la Doña en una entrevista, sujetando un cigarrillo con los dedos del pie, mientras se maquilla); a Gabriel Figueroa midiendo la intensidad de la luz antes de la “toma” (tomas que él volvía paisajes); a Luis Buñuel (mi vecino en la Cerrada de Félix Cuevas) dirigiendo El ángel exterminador; al cuarteto formado por Tito Junco, Carmen Montejo, Andrés Soler y Víctor Manuel Mendoza en Bamba; a mi amigo Manuel Ojeda en El apando

 

diosa_arrodllada

Y la muestra de esos carteles que tanto inspiran a Priscilla Pomeroy, mi portadista de cabecera, y que Federico Curiel dibujaba personalmente para la promoción de sus películas de El Santo (esas obras maestras que el director de la Cineteca Nacional juzga chafas).

El Santo Y las Momias

 

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Y no, no podía faltar Macario, filmada en Taxco y las Grutas de Cacahuamilpa, película en la que debuté, de extra sí, pero debuté.

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Grato encuentro con un grupo que se ha trasladado desde Ciudad Guzmán, en Jalisco, para ver la exposición.

Gratamente impresionados, Roxana y yo continuamos la jornada sin parar de hablar. Ni siquiera cuando yantamos en  El Japonez de la plaza comercial Oasis.

Juré volver a las páginas de La aventura del cine mexicano, de Jorge Ayala Blanco, uno de los más hondos, clasificatorios homenajes del cine patrio.

La exposición se desmontará en abril. No se la pierda.

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