DOS PÁGINAS (DISCULPANDO LA PARADOJA) RADIOFÓNICAS

 

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AGENDA URBANA

DOS PÁGINAS (DISCULPANDO LA PARADOJA) RADIOFÓNICAS

Fernando Curiel

En los lejanos 90’s del siglo pasado, RTC puso a la venta una de sus emisoras, no recuerdo si AM o FM, pero estratégicamente localizada en el cuadrante hertziano. Se me ocurrió formar un pool de cuates para adquirirla, limitándose mi participación a la chamba dura, y a su Dirección. Emisora urbana por los cuatros costados, Radio Ciudad de México. La respuesta fue fantástica.

Dirigía a la sazón el Sistema de Transporte Colectivo (“Metro”), como nadie volverá a hacerlo, el ingeniero Gerardo Ferrando Bravo, antes Delegado Político en Venustiano Carranza (cuando las “Delegaciones” imponían un servicio público comunal, eco de los Municipios chilangos desaparecidos en 1928, lejos, muy lejos, de la Magna Urna Electoral Permanente en que se han convertido). Coyuntura ni mandada a hacer. El proyecto, por sus contenidos, requería el Vo. Bo. político y el jefe de Gerardo era Manuel Camacho, Regente.

Preparé las tarjetas: objetivo, programación, “escaleta” (algo había aprendido como niño y adolescente radiofónico, y ya madurito titular de Radio Universidad). El director del Metro, aprovechando un acuerdo, comentó el asunto y entrego las tarjetas al Regente. A éste le cuadró, y las trasladó a una de sus más cercanas colaboradoras, Alejandra Moreno Toscano, historiadora de mi más alta estimación (gracias a ella cuando dirigía el Archivo General de la Nación, con el auxilio de mi entrañable Leonor Ortiz Monasterio, fungiendo yo como Agregado Cultural en Nicaragua, pude colocar en el periódico sandinista, día a día de un noviembre irrecuperable, fotos revolucionarias del Archivo Casasola, lo que gusto al orador invitado por un gobierno todavía épico, el gran Horacio Labastida).

 

Todo parecía marchar sobre hojuelas. Pero la comunicación en la cúspide sobre el proyecto se cortó. Cuando surja, más adelante, la “buena nueva” del Canal 22, con su alharaca de “ciudadanización” y demás yerbas, y se me solicite telefónicamente mi adhesión, me negaré por lo redondo (técnica de consenso, por cierto, ya experimentada con el agarrón de Salinas con el líder petrolero “La Quina” y endilgada al Presidente de CONACULTA, que terminó en un desplegado con Abajofirmantes de 1ª, de 2ª y del montón; ¡qué tiempos del primermundismo!). Lo que yo quería era la devolución de mis tarjetas.

La segunda página paradójicamente radiofónica reza lo contrario. Entre 2005 y 2009, con el apoyo de un formidable equipo de jóvenes colaboradores (Mafer Olvera y Antonio Sierra a la cabeza), coordiné y conduje un programa coproducido por la Coordinación de Humanidades (UNAM) y Radio Educación (SEP). El primer impulso (primera patada diría Raúl Velasco, que cómo andará del asco la caja idiota comercial que hasta se le extraña), nos lo dio su entonces formidable directora, mi cercana Lidia Camacho. De entrevistas y charlas con connotados investigadores, con teléfono abierto, el programa se llamó Fronteras. Lo permeaban la idea de George Steiner sobre la categoría “frontera” y mis inquietudes en Historia Intelectual (y el sueño de Bertold Brecht sobre el “feed back” radiofónico). Pegó con tubo. Se codeó con las más gustadas emisiones de la emisora lanzada al aire en 1924. Recuerdo el comentario de un radioescucha, relojero de profesión, en un programa dedicado al tema del TIEMPO (narrativo, filosófico, físico). Dijo:

“El tiempo es lo que marca el reloj. Lo demás es personal”.

 

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