CASAMIENTO

 

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Ale mía:

Aquí estamos, la flota, el grupo, la Neo-tribu, en Valle de Bravo, con vista al lago, en la casa paterna de Paco. Enfrente, El Santuario, coto de Michel Domit, “maestro espiritual”, mezcla de templo, resort y fraccionamiento. Las lanchas de motor van y vienen, trazan círculos de espuma, las entrecruzan, las borran. ¿Metáfora del interlineado de la vida, en veces nudo ciego?

Fotografía, la que aquí reproduzco, para mí preciada. Daguerrotipo de edades. Las jovencitas, tú y Carla. El casi niño Giorgio. Los jóvenes Pepe, Leo, Chema. Maduros, Toño, Lalo, Paco. Y yo. Falta, me falta, Vivienne.

Nos habíamos encontrado al borde del abismo: las vidas rotas, las almas en vilo, las mentes adictivas. Y aquí estábamos, recios y recias, en Avándaro, primer encuentro extra muros.

Estas líneas son para disculparme por no poder asistir a tu boda. Tampoco pude hacerlo a la de Carla. Pero como si estuviera. Orgulloso, ufano.

Serán en Torreón (que conocí en los 80’s, camino a Gómez Palacio, a recibir el Premio Literario “José Revueltas”, que, cuando el jurado supo la identidad del ganador, la mía, protestó contra su propia decisión justiciera no acudiendo a la ceremonia de premiación; otro día te platicaré el embrollo).

Sabes lo que te quiero. Recuerdo el día que comimos en Taro, ummmm, y te descubrí Chimalistac. Tu cumpleaños en San Jerónimo, ocasión de que al fin me presentaran a ese gato vagabundo del que tanto se hablaba. Sabes lo que quiero a tu madre, a su pareja, a tu abuela.

Lo mejor para ti y para Luis. Dispuestos a navegar, y sortear, las aguas matrimoniales, sólo en apariencia mansas. Lo mejor de lo mejor: ustedes mismos.

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