LA ESCUELA NACIONAL PREPARATORIA Y LA UNAM

LA ESCUELA NACIONAL PREPARATORIA Y LA UNAM

Fernando Curiel

 La Escuela Nacional Preparatoria, creada por la juarista Ley de Instrucción Pública de 1867, en el que fuera Colegio de San Ildefonso, con 900 alumnos de los cuales 200 era internos, está celebrando sus primeros 150 años de existencia. Testigos los patios claustrales y, en las paredes, los mejores momentos del Muralismo Mexicano. 

Uno. En 1954, a dos años de abierta Ciudad Universitaria, Henrique González Casanova, funda Gaceta de la UNAM, indispensable medio impreso de comunicación para una comunidad con lo suyo de “Pueblo elegido” (una Ciudad dentro de la Ciudad, aunque no, como algunos sueñan, un Estado dentro del Estado). Al siguiente año, junto con Rubén Bonifaz Nuño, dan vida a la Dirección General de Publicaciones (cobijo de la Imprenta Universitaria, de larga data y anticlimático desenlace). Henrique y Rubén, dos de mis maestros decisivos, fuera de las aulas, de mí ya dilatada vida puma.

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Foto: Archivo Histórico de la UNAM

 Dos. Fue a Henrique González Casanova al primero que escuché noticias sobre la simbiosis entre la ENP y la UNAM, y entre la SEP y la UNAM. Empiezo por ésta última. Creado apenas en 1905, el Ministerio de Instrucción Pública, en 1910 crea la Universidad Nacional de México, bajo su Jurisdicción. Reagrupamiento, en realidad, salvo una novedad. Reagrupamiento de la ENP, fundada en 1867 al restaurarse la República, y de las Escuelas Nacionales con diferentes fechas de inicio (Ingeniería, Jurisprudencia, Medicina, Bellas Artes). Innovación: la Escuela Nacional de Altos Estudios, inaugurada dos días antes de la solemne apertura de la UNM.

 Tres. Si la UNAM es nuestra Alma Mater, la ENP es el Alma Mater de la UNAM. Y si la UNM nació del Ministerio de Instrucción Pública, la SEP nació de la UNM en 1924. Vasta historia educativa en la que se conjugaron los nombres de Benito Juárez y Gabino Barreda, Justo Sierra y Porfirio Díaz, Ezequiel A. Chávez y los jóvenes de un grupo intelectual emergente que se conocerá como Ateneo de la Juventud. Formado en la ENP, compañero de ruta del Ministro Justo Sierra.

 Cuatro. Antonio Caso, legendario profesor de filosofía y sociología, dos veces rector. Pedro Henríquez Ureña, dominicano de origen y autor con su tesis de abogado del primer estudio sobre la UNM (del que hice una edición crítica en 2008), organismo vital del que se le nombró Oficial Mayor. Alfonso Reyes, junto con otros co-ateneístas, profesor de la ENAE, y secretario suyo. José Vasconcelos, rector y creador de la SEP (en 1917 se había degradado al Ministerio de Instrucción Pública a Departamento de Bellas Artes y Universitario). Julio Torri, Jefe de un Departamento Editorial con un pie en la UNM y otro en la SEP, del que saldrán los afamados “Libros verdes”.

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Foto: Archivo Histórico de la UNAM

 Cinco. Es en 1929 que la UNM se desliga de la SEP, aunque no del Estado Mexicano, responsable histórico y legal de proveer los recursos indispensable para el desarrollo, estratégico, de la ya UNAM (aunque reservándosele un régimen de derechos que incluye, lo sé, para soponcio de luchadores sociales de todas las edades, de bachilleres a post doctorados, el cobro de cuotas a los sobrados de recursos crematísticos; y, para los carentes de estos últimos, pero con capacidades académicas, están las becas que crecen exponencialmente).

 Seis. De tales simbiosis charlé repetidamente con “Don Henri”, como afectuosamente se le conocía. En las horas sin límite de la vieja amistad, o en las laborales de la Comisión de Nuevos Métodos de Enseñanza, a la que me invitara a integrarme una vez que, a mi regreso de Londres, renunciara a la Suprema Corte de Justica (de la que ya fungía como Secretario de Estudio y Cuenta de la Sala Penal). Esto en tiempos del rector Pablo González Casanova, su hermano. No poco aprendí del proceso histórico de la UNAM, en sus momentos luminosos “hazaña de la libertad crítica”, y de su realpolitik al estallar el conflicto que llevaría, desasistido por la “izquierda” bienpensante (véase el prólogo que Orwell tenía preparado para su Rebelión en la granja), a la renuncia del rector.

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Foto: Octavio Olvera Hernández

 Siete. Para la ENP todo comenzó con la Oración cívica de Gabino Barreda, su fundador y primer director (ya la política conciliadora de Díaz lo desplazará). Formidable “remasterización” del positivismo de Comte, desde y para México y América Latina. Para la UNM todo comenzó con el propósito clarividente de Sierra de que la coronara un organismo al mismo tiempo Normal Universitaria, Escuela de Posgrado y el reconocimiento de la investigación, humanista y científica. Para la SEP, todo comenzó con el Manifiesto redentor y popular, revolucionario, de Vasconcelos.

Para la ENP todo comenzó con la Oración cívica de Gabino Barreda, su fundador y primer director

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Foto: Octavio Olvera Hernánde<

 Ocho. La Escuela Nacional Preparatoria, creada por la juarista Ley de Instrucción Pública de 1867, en el que fuera Colegio de San Ildefonso, con 900 alumnos de los cuales 200 era internos, está celebrando sus primeros 150 años de existencia. Testigos los patios claustrales y, en las paredes, los mejores momentos del Muralismo Mexicano. El equivalente plástico de la novela y el corrido de la Revolución Mexicana.

 Nueve. Efeméride motivo de jubilosa fiesta pero también de reflexión honda (con su dosis, ojalá, de obligada autocrítica). ¿Qué ENP, qué UNAM de la que forma parte, en un navío, el de la Nación Mexicana, al garete, rota la brújula, botín de políticos? ¿Y qué decir de la Ciudad de México, botín de la especulación inmobiliaria?

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Foto: Octavio Olvera Hernández

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