DÍAS DE RADIO

AGENDA URBANA/DÍAS DE RADIO

Fernando Curiel

 

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ATENTO AVISO

El pasado sábado 26 de agosto, participé en la presentación, en el Museo de Artes Populares, en mero Coyoacán, del libro de Elvira García De lunas garapiñadas. Abrazando la memoria. Francisco Gabilondo Soler habla de su vida, publicado por la Fundación Gabilondo Soler. En vida FGS fue momentáneamente “El guasón del teclado” y, en definitiva, Cri-Cri. Público sensible, participativo. Comparto en el blog, el texto que leí.

 

UNO

Empiezo, con la venia de ustedes, con una nota personal. A principios de los 60’s, década dorada, Juan José Arreola, mi maestro de Declamación en la Escuela de Arte Dramático (INBA), dedujo que, en realidad, mi cabra tendía al Monte de la Literatura.

Merced a dos indicios.

Asimismo estudiaba yo Derecho (CU) y había vivido infancia y adolescencia en Taxco, Guerrero (Guerrero Mártir). Si vas para bogado, y tienes un pasado provinciano: escribes. No se equivocó.

Yo  pude  haber añadido que los nutrientes de mi Educación Sentimental, los suministró la Radio. “El Monje Loco”, “La Hora Azul”…”Cri-Cri”.

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DOS

Lo que no imaginábamos ni Arreola ni yo, eran que aquel magma de cultura popular —en vías ya de industrialización—, adquiriría con el tiempo los visos de una cultura de resistencia. La W, su insuperable radionovela; Lara y Curiel; “La Familia Burrón” y “El Santo” (pero también “Blue Demon” y “El Cavernario Galindo”)…”Cri-Cri”…

¿Resistencia a qué? Al derrumbe de la Nación Mexicana.

¿A causa de una cadena de sismos activada por nuestros míticos volcanes (por su furia y por los cuadros de Atl y Velasco), de una serie de devastadores Tsunamis, del Mar de Fondo? No. De la pifia —gran fraude— del Sistema de Representación (tanto que los partidos buscan su candidato a la Presidencia o en otros partidos o donde “haiga”, pero ya asegurada la millonada para 2018). De la ya enfermiza palabrería oficial (y oficiosa). De la brújula perdida de la sociedad nuestra, alta, media, baja, popular.

 

TRES

Elvira García, “De lunas garapiñadas”, la Fundación Francisco Gabilondo Soler, se suman a la resistencia. Nuestra más sostenida tradición cultural. Por eso, este mediodía de Coyoacán, no asistimos a la presentación en sociedad de un libro más. Las armas se llaman “La Patita”, “El perrito”, “Negrito sandía”, “Di por qué”, “Cochinitos dormilones”, “La muñeca fea”, “Caminito de la escuela”, “Ratón vaquero” y “La merienda”, entre otras piezas de inspirada, de prodigiosa, de indeleble factura.

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CUATRO

Agradezco a Elvira García, periodista “todoterreno” como se dice hoy, avezada entrevistadora (por no ver al entrevistado como enemigo sino como cómplice), los formidables reportajes que “De lunas garapiñadas” nos regala:

  1. De la creación, y grandes años, de la radio comercial (capítulo, sin embargo de una historia con mayor número de personajes, los del que insisto en llamar Modelo Mexicano de Radiodifusión (MMR), en el que participaron radioaficionados, la radio comercial (no sólo ella), la radio cultural y la radio pública.
  2. De las mutaciones, para mal, de la Ciudad de México (¡qué CDMX ni qué ocho cuartos!).
  3. Sobre todo, estelarmente, de una vida mexicana, la de Francisco Gabilondo Soler, excepcional (ejemplar) por todos sus costados. Contemporáneo de Los Contemporáneos (Novo, Pellicer, Villaurrutia…). Nativo de Orizaba, Veracruz. Tritón, boxeador, torero, caudillo musical a la postre, astrónomo más que aficionado.

 

CINCO

Concluyo con una cita:

El retirarse de los compromisos radiofónicos, Gabilondo Soler quiso probarse en la televisión, quizá para no cerrarle la puerta a aquella invitación que Azcárraga Vidaurreta le hiciera en los albores de ese naciente medio electrónico. Pero su presencia fue tan fugaz como la de un cometa. Ese lenguaje no era el suyo, ni el de su personaje, el Grillito Cantor. Cuando le pregunté acerca de esa etapa de su vida profesional, apenas si quiso decir unas cuantas cosas, como éstas:

—¡Es horrible la televisión!, no pude acostumbrarme a tanta tensión que hay en los foros y tanto tiempo que se pierde en cada toma. Se da la vida de balde que da gusto. Toda esa frialdad espantosa que hay en la televisión no existía en la radio, en donde éramos una familia. Yo decidí no seguir más, no era lo mío.

Liberado de la tele, tampoco se interesó por la cinta producida por Carlos Amador y dirigida por Tito Davison, en la que de buena fe pretendieron relatar su vida. Se estrenó en 1963, y aunque casi al final Gabilondo Soler aparece brevemente, fue Ignacio López Tarso quien caracterizó al compositor. Dicen algunas voces que a don Pancho no le gustó nada la historia ni la actuación de López Tarso (pp. 187-188).

 

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No es de esto a lo que me refiero, cuando hablo de resistencia cultural. Fallidas intentonas por explotar a Cri-Cri, igual de desnatadas y falsificadas.

Señoras, señores, si quieren saber a fondo, de la vida y milagros, talento, extravagancias, aficiones y fobias, ir y venir hasta que las patas de “Cri-Cri” pisaron tierra, de Gabilondo Soler, lea De lunas garapiñadas.

Tierra firme de la etérea, hertziana, radio.

 

CODA

La presentación se acompañó de grabaciones, pura nostalgia, de los programas radiofónicos de Cri-Cri. De las intervenciones de mis compañeros de mesa, y de la sesión de preguntas y respuestas, quedó claro que a nuestra intelectualidad —excepción si acaso de Carlos Monsiváis— el fenómeno, popular, trasgeneracional, de Cri-Cri, le pasó de noche. Lo que se han perdido.

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