GONZÁLEZ-GERTH, MEXICANO TRAS LA FRONTERA

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GONZÁLEZ-GERTH,  MEXICANO TRAS LA FRONTERA

Fernando Curiel

La noche del viernes 22 de junio recibo este e-mail: “No sé en momentos como estos, como comunicarme a tu celular / Miguel murió antenoche en el Hospital Seton… / Tus llamadas, tu estímulo fueron tan capitales como lo podían ser en vida. Pero siempre gana al fin, la luna / Un grandísimo abrazo / Tita”.

Miguel: Miguel González- Gerth. Tita: Tita Valencia. Pareja formidable, amada.

Al punto llamo a Austin. Tita, el dolor instándose definitivo, afortunadamente acompañada por su hija Diana. Firme decisión: sigue el pie la publicación del libro de poemas (gran poeta, bilingüe, Miguel) en nuestra colección artesanal Dares y tomares.

La película corre para atrás.

Marco Antonio Campos, comunicándome la muerte de Gastón García Cantú, admirado amigo, contertulio en El Rioja. Beatriz Espejo la del entrañable Emmanuel Carballo. A destiempo (yo en el fondo tenebroso de una depresión galopante), la noticia de la muerte de Rubén Bonifaz Nuño, por no haber sido alumno suyo en aula alguna, influyente mentor. Y, en la lista fúnebre, José Moreno de Alba, José Emilio Pacheco, Hugo Gutiérrez Vega (siempre lamentaré el distanciamiento de los últimos años)… El sábado 17, había yo participado en el homenaje luctuoso (en su Estanquillo) tributado a Carlos Monsiváis…

Un México, tan lejano del actual, cuyas hojas cayeron hace mucho del calendario. Aunque Videgaray aclara que no somos el 2° país más violento del mundo, Peña Nieto informa que a él también lo espían, y Mancera diseña emoticones… ¡uf!

Lluvia de momentos, en Austin. El sabático cumplido con Belem Clark en la Old House (junto a la New House) de Miguel y Tita, en el barrio Hyde Park; tertulia en aquel Austin de clima sin pronóstico posible, desquiciado, a la que se adunaron Enrique Fierro e Ida Vitale. Mi sobrina Aura Estrada y sus amigas, pos-graduándose. La librería alejandrina de la Calle de Guadalupe. Joyce y Lewis Carroll dialogando a través de sus manuscritos resguardados por el Ransom Center. El “Friscos” de memorables camarones. La anécdota del niño González-Gerth dando una vuelta en “El Espíritu de San Luis” cuando Lindenberg voló a México. En la Universidad de San Marcos rendimos, al alimón, una conferencia con tema rulfiano.

Miguel, en la selecta copia de los esenciales.

Voy al comienzo. Regimos en Difusión Cultural de la UNAM. ¿Por qué no un espacio binacional de encuentro y reflexión con los mexicanistas de los campi gabachos?

De aquí: Marco Antonio Campos, José Luis Martínez, Emmanuel Carballo, Edmundo O’Gorman (de sus últimas apariciones), Fernando Tola de Habich (todavía en Santa Rita Tlahuapan, a la sazón discretamente huachicolera, o ni siquiera), Luis Mario Shcneider.

De allá: Brushwood, Menton, Bruce-Novoa (le publicaremos su “versión periodística” de La sombra del caudillo), Hinojosa…y Miguel González-Gerth. Cuyo prestigio académico, obra poética y ensayística, bonhomía, elegancia, embajador natural de México en el sur norteamericano, nacionalismo a todo mecate, nos abrió las puertas de la Universidad de Texas en Austin. Para la UNAM, las de San Antonio estaban abiertas desde 1947.

Nos preocupaban las nupcias Letras-Historia. Tuvimos presente la experiencia de conversión de almas que Vasconcelos y Henríquez Ureña idearon para los Cursos de Verano (aquellos veranos de principios de los 20’s del pasado siglo). Lugar hubo para la, en boga, Literatura Chicana.

No poco tuvo que ver Miguel con la invitación tejana de Octavio Paz en momentos inciertos (antes de Plural, de la “tlatoanización”). Gran conocedor de las letras británicas, en la Revista de la Universidad le publicamos un “Lawrence” de inconfundible memoria. Estudioso y traductor al inglés de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, en suspenso se queda la edición del epistolario entre Alfonso Reyes el Hombre del Pombo, que nos propusimos acometer.

¿Qué fue de los encuentros de mexicanistas, cuyo arranque me dio la oportunidad de conocer, y fincar honda amistad con él, a Miguel González-Gerth? Algún sucesor, por sus pistolas con tiritos de salva, les dio “cran”. No poco significarían, de haber subsistido, en este hoy de trumpiano Muro, en que la cultura cobra los filos de la resistencia.

Si no recuerdo mal, el día de la fotografía en que aparezco con Miguel y Tita, comimos pozole guerrerense.

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