INGLATERRA, 1945

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INGLATERRA, 1945

Fernando Curiel

Tres textos saltaron las fronteras de lo literario, mundo de la ficción, para derramarse caudalosos en la política y la sociedad reales. El guion radiofónico con el que Orson Welles “narró” la invasión marciana de la tierra, oída a pie juntillas y pánico por los radioescuchas neoyorkinos de 1938 (así de aprensiva andaba el alma humana a punto de desatarse las carnicerías de la Segunda Guerra Mundial). En primer lugar.

En segundo y tercero, la aparición, respectivamente, de Rebelión en la granja y 1984, novelas ambas del inglés George Orwell. El autor, para acercarnos a nuestros pagos, de Homenaje a Cataluña, impresiones de su experiencia de brigadista internacional en la Guerra Civil Española. Me detengo en Rebelión en la granja (1945).

George Orwell

Tortuosa fue su aparición, el año del fin de la Segunda Guerra Mundial y de un momento en que Inglaterra y la Unión Soviética vivían una luna de miel. Aunque no al extremo, claro, de la pasión que enlaza a Trump y a Putin, con todo y confidencias íntimas (como la de que al despedido Director del FBI le falta un tornillo). Para colmo, el cerdo, “Napoleón”, que encabeza para tiranizarla, la insurgencia de los animales de la Granja Manor de Mr. Jones, estaba inspirado a todas luces en Lenin y en Stalin.

Cuatro editores rechazaron la singular novela, hasta que Specker & Walburn, se jugaron el pellejo. Y, además, se preveía un prólogo del propio Orwell, “La libertad de prensa”, que a la postre no se incluyó. En 1971, el texto fue descubierto entre los papeles de uno de los socios de la casa editora. Adquirido por el Archivo Orwell de la Universidad de Londres, el profesor Bernard Crick, orwelliano, prueba su autenticidad.

Entre los editores que rechazaron Rebelión en la granja, se contaron Gollancz y Jonathan Cape. Un funcionario del Ministerio de Información, desaconsejó la publicación. A lo que se sumó el poeta T. S. Eliot, influyente en Faber & Faber.

Rebelión en la granja

La trama de Rebelión en la granja es conocida. ¿Pero de qué diablos trata el misterioso prólogo prometido por don George, y finalmente no incluido? Hoy sabemos que el hachazo va dirigido a los intelectuales y periodistas de izquierda, denodadamente cultivadores de verdades “políticamente correctas”.

La guerra de los mundos

Lo que lastraba a Inglaterra en esos años era la cobardía intelectual. Y no porque durante la guerra, la censura oficial se extralimitara. Sin necesidad de censura gubernamental, lo que se silencia son las ideas impopulares. Su origen radica en una ortodoxia, la de ideas asumidas sin discusión alguna por influyentes personas (y “medios”) bienpensantes. No se trataba de prohibición, sino de lo que no estaba bien mencionar en ciertas circunstancias, al igual que en la época victoriana no estaba bien mencionar los pantalones delante de señoritas. Lo que excluye a las opiniones independientes tanto de la prensa popular como de las “publicaciones minoritarias e intelectuales”. Perversa tolerancia: prohibir cualquier crítica a Stalin pero tundirle a Churchill. Malpensante el que defienda a Trotsky, rechace el salvajismo de los Procesos de Moscú o el comportamiento criminal de la Unión Soviética entre las filas republicanas.

Dogmatismo, ortodoxia, indoctrinamiento, mentalidad “gramófona” (reiteración reiterativa): cobardía intelectual.

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Se acerca un aniversario más, el 60, del 2 de octubre de 1968. Episodio pleno de mitología que atribuye, sin matices, a una represión fascista, las bajas estudiantiles en la Plaza de las Tres Culturas. Que torna “verdad histórica” La noche de Tlatelolco, libro en estricto sentido, no de, sino atribuido a, Elena Poniatowska. Que omite la contaminación de la sucesión presidencial de 1970. Que no repara en las diferencias profundas al interior de la dirigencia insurgente. Que, conectando el 68 a la LOPPE de 1976, afirma que en Tlatelolco nace la democracia. Bienpensantes. ¡Y pa’ democracia electoral que nos tocó en suerte: clase política mafiosa, partidos cárteles de la política!

Lanoche de Tlatelolco

*AGENDA URBANA.

 

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