¿RULFO, C’EST MOI?

Juan Rulfo

Foto: Retrato de Juan Rulfo por Ricardo Salazar, tomado de Calendario2014, editado por el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación

 

¿RULFO, C’EST MOI?

FC

(Les pedimos) que no se metan con Rulfo, punto. Que, si después deciden que sí lo aman tanto, etcétera, que todo el dinero que quieren invertir sea dirigido exclusivamente a financiar becas” / En entrevista también agregó: “No sabemos por dónde van a venir los tiros (pero sí) que habrá gente que organice este tipo de homenajes, y vamos a ir con el abogado si quieren pasarse de listos.

Víctor Jiménez, director de la Fundación Juan Rulfo, en “Suaviza postura familia Rulfo” (nota de Francisco Morales V., Reforma, sábado 7 de enero de 2017, Sección Cultura, p. 20).

UNO

Lo afirmó Miguel León-Portilla en la última Feria Internacional del Libro de Guadalajara: “México, país de libros, país sin lectores”. ¿Y por qué demontres no México país lector, lecturas clásicas o populares, pero de calidad en sus respectivos regímenes prosódicos? No es este el lugar para un análisis, por fuerza multicausal. Sin embargo anticipo la causa —una de tantas, pero feroz— derivada de que, masivamente, el lenguaje es rehén de la televisión comercial. El lenguaje, los sentimientos, y la opinión.

Fenómeno descuidado por los lingüistas, en lo que se reza un credo, Televisa “gueyizó” (“No güey”, “Sí güey”) el habla de millones de compatriotas. En cuanto a los sentimientos, véase cualesquiera de las telenovelas al aire, triste remedo de las originales de los años 50’s. Por lo que toca a la opinión, ¿no se decía en un pasado no tan remoto “Lo dijo Jacobo”? —y sanseacabó.

Y hace rato la lectura, si se da, es “líquida”, electrónica.

De otra parte, México país de libros sin lectores, pero de grandes, extraordinarios escritores (“Vasto Parnaso” lo llamo yo). Si bien me limito al México independiente, aunque sin menoscabo de las literaturas Precolombina y Novohispana. Basta, para la primera, la labor de rescate realizada por el citado León-Portilla. Y, para la segunda, la antología Textos novohispanos realizada por Dolores Bravo (BEU, UNAM, 2016).

“Vasto Parnaso”, de 1810 en adelante, que sin embargo, en paradójica  contrapartida, carece de una poderosa tradición histórica, filológica y crítica. Lo que no debe confundirse con el dominante afán faccioso en aras de la glorificación de tal o cual autor. La novedad en la escritura histórica patria sigue datando de 1928, año en que aparece Historia de la literatura mexicana del ateneísta Carlos González Peña, y más deudora —sin ser esto un baldón— de la docencia que de la investigación. En este afán, acompaña al ateneísta González Peña, Julio Jiménez Rueda, con una (también) Historia de la literatura mexicana, del mismo remoto 1928.

En menesteres filológicos, no obstante los trabajos del Centro de Estudios Literarios —nacido con el específico objetivo de crear las condiciones para la historia, las historias, de nuestras letras—, y el Seminario de Edición Crítica de Textos, ambos adscritos al Instituto de Investigaciones Filológicas, es mucho lo por que queda por rescatar.

Y suman lustros de que la crítica ha perdido su vigor interpretativo y orientador, jalonada por la hagiografía y la instauración de facciones (que se refleja en revistas y suplementos, proyectos de investigación, contrataciones académicas, encuentros y congresos).

La última apuesta en lo que toca al pensamiento literario, la informa El deslinde, 1946, del también ateneísta Alfonso Reyes.

 

DOS

Por eso sorprende, y alarma poderosamente, que la Fundación Juan Rulfo reclame lo que reclamaba, en el campo de batalla universitario, el segundo Consejo Estudiantil Universitario (CEU), el de 1985-1986: la “Interlocución única”. En efecto, leemos en Reforma, primera plana, lunes 2 de enero de 2017, el siguiente recuadro;

JUAN RULFO, 100 AÑOS. CON EDICIONES ESPECIALES, UN COLOQUIO Y UNA EXPOSICIÓN SE CELEBRARÍA EN 2017 EL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL AUTOR DE “PEDRO PÁRAMO”. pág.15.

Pero lo que parecía el anuncio de una efeméride literaria más (“El calendario avisa”, lo llamo, por aquello del “El golpe avisa” de los cargadores en los mercados, fijos o ambulantes), oculta una prohibición pública —con su retintín de amenaza— que, visto lo supradicho, México país de libros pero no de lectores, una gran literatura ayuna de historias, con escasa filología y crítica tendenciosa, amerita un detenido examen.

¿De qué se trata? Leemos en la prometida página 15:

PROHIBE FUNDACIÓN / HOMENAJES OFICIALES

La Fundación Juan Rulfo so / licitó a la Presidencia de la República, a la Secretaría de / Cultura y a otras instancias / locales y federales que se abs / tengan de realizar homenajes / públicos al autor.

En representación de la / familia del escritor, Víctor Jiménez, director de la funda /ción envío una misiva en oc / tubre del año pasado en la / cual expone que la única forma de conmemoración posible es el otorgamiento de be / cas a jóvenes para las disciplinas de interés de Rulfo, como / la literatura, fotografía y cine.

Si ya el dictum “la única forma de conmemoración posible”, del todo disonante en un medio de teóricas libertades, incluidas las institucionales, así se atempere con el dulce de las becas juveniles, ya causa escozor, la prohibición —con su tácita amenaza— no concluye ahí. No. Aún hay más, como decía Raúl Velasco, prohombre de Televisa.

Sigue.

 

TRES

Continuemos con la prohibición-amenaza, vía carta, que la FJR enviara, en octubre pasado, a las instituciones culturales, señaladamente a la flamante Secretaría de Cultura (salida, no se olvide, de súbito, de la manga presidencial y sometida, vaya estreno, a un recorte presupuestal del 29 o 30 %).

Prohibición, amenaza, y línea programática. Esto último con la indicación de que, si hay conmemoración oficial, ésta deberá plegarse a becas juveniles (temas rulfianos: la literatura, la fotografía, el cine). Primera indicación.

Porque tenemos una segunda. Reza: “Solicitamos, muy atentamente, que se abstengan de gastar cualquier suma, por pequeña que sea, en otro tipo actividades, generalmente de naturaleza efímera y, como ya se dijo, de evidente sesgo político a favor no siempre del homenajeado”.

“¡Atiza!”, diría nuestro Alfonso Reyes, preferido de la burocracia homenajeante hay que decirlo.

Difícil me resulta imaginarme a María Cristina Cepeda, nueva secretaria de Cultura, forjada, al igual que su antecesor Rafael Tovar y de Teresa (q. e. p. d.),  en la escuela de la difusión de la cultura como espectáculo, “show”, rimbombancia, atendiendo a la lettre, dócil, la orden para evitar “el evidente sesgo político”.

Si bien se concede que hay algunas ocasiones de insincera conmemoración oficial (¿el Homenaje Nacional a Rulfo en Bellas Artes sexenios ha?), la descalificación es categórica, si no es que brutal, con remembranzas soviéticas o por lo menos castristas. ¿En qué país vivimos? La conmemoración oficial como la política por otros medios. Y eso sí, señoras, señores, que nada más no…

Y sigue.

Viene acto seguido, sin perderse el tono de la carta prohibición-amenaza-línea programática, una tercera indicación, con nombre y apellido: “Víctor Jiménez explicó que la fundación no quería que se hicieran para Rulfo conmemoraciones oficiales similares a las que recibió Octavio Paz en su centenario, en 2014.”

En este punto, reconozco que yo también me vi crítico con los fastos paceanos de tres años atrás, tanto que hablé y escribí del efecto arrasador “Tsunami Paz”. Plena comprobación del Sistema de Diablitos. Apropiación, no de la luz eléctrica como en el comercio callejero, sino de la fama, el lustre, el capital simbólico, la celebridad ajenas. Recuerdo el sonado caso de una famosa feria libresca, internacional por más señas, a la que se “colgó” una protesta social, a la que se “colgó” un escritor favorito de las mamás, al que se “colgó” otro aunque joven más bien avejentado. Y de esta suerte diabólica (por los de los “Diablitos”), todos colgados marcharon por las calles de la ciudad ferial, para regocijo de reporteros y fotógrafos de la “fuente cultural”.

También en el campo oficial me metí con la oportunista creación, en la Cámara de Diputados, por encima de la de Cultura, de una Comisión Especial OP, presidida por una legisladora a toda luces ajena a la obra, vida y milagros del poeta de Mixcoac. ¿Evidente “sesgo político” como señala la carta en cuestión? No. Vil “grilla”. Flaqueza por el “Fotomedro”.

No fui, además, el único, en mostrar perplejidad ante la afirmación de la señora viuda de Paz, en el sentido de que la conmemoración oficial de su marido, traducía un “desagravio”. ¿Desagravio, desagravio de qué demontres? ¿No había don Octavio renunciado a su larga carrera diplomática, o puéstose en disponibilidad, que para el caso es lo mismo? ¿Había habitado una celda de Lecumberri como su coetáneo José Revueltas? ¿No Julio Scherer le abrió la puerta de Excélsior para fundar con sus amigos la revista Plural?

Pero fui de los pocos que se sobresaltó ante el dicho olímpico de un funcionario de CONACULTA, en el sentido de que no nos hiciéramos bolas: Paz es de dimensión planetaria; en tanto Efraín Huerta y Revueltas, ambos también de la generación del 14, lo eran de dimensión local. ¡Sopas!

Pero de ahí a descalificar, por los excesos cometidos con Paz, el deber estatal (a nombre de la sociedad) de conmemorar —y no sólo con becas juveniles—  a sus próceres culturales, hay un abismo.

Sigue.

 CUATRO

A estas alturas de la insólita carta de la Fundación Juan Rulfo, suscrita por su CIO, inédita, atrevida, evocativa de autoritarismos arrumbados, la prohibición-amenaza-línea programática, arremete contra el corazón mismo de la República de las Letras, los dolientes, los conmemorantes, los “pósteros” que dijera Manuel Gutiérrez Nájera. Leemos en Reforma: “No queremos que el dinero siga justificando promoción de reflectores para un grupito de escritores de cuarta o quinta categoría que son expertos en todo, que no lo son en nada”. Dice el periódico que dijo Jiménez. ¡Atiza! ¡Sopas!

¿No quieren, quiénes no quieren? ¿La familia, pese a que uno de los hijos, el cineasta documentalista “suaviza posturas”? ¿Un areópago permanente? ¿Una comisión ad hoc? El director de la FJR por sus pistolas? ¿Y qué “grupito de escritores” de ínfimo nivel se repele con todas las letras?

No, conjeturo, las decenas de escritores de aquí y del extranjero que participaron en la (sin duda) excesiva conmemoración de don Octavio, ejemplo que la FJR se empeña en rehuir. Excesiva y al mismo tiempo parcial, al escamotearse la perspectiva generacional, Paz, Huerta y Revueltas (los de 1914), cada quien por su lado; pero no sólo el trío, también Neftalí Beltrán, Rafael Solana y tantos otros. Dejo que se pongan el saco quienes crean que tienen que ponérselo. Aunque no me sorprendería que alguien adujera que el director se cura en salud. Toda vez que en el programa digamos autorizado de la FJR, organismo que reclama con vehemencia, rijosa como el segundo CEU, “interlocución única”, o aquí sólo mis chicharrones truenan, se anuncia un libro del propio firmante de la carta que comentamos todavía azorados. Ni más ni menos que Ladridos, astros, agonías. Rilke y Broch en el lector Rulfo (en lo personal, confieso desconocer la obra en los campos de la historia, la filología y la crítica literarias del arquitecto Jiménez; y me disculpo).

Pero, aclaro, lo que aquí me interesa no es la respuesta, si la hay, de los escritores aludidos —de cuarta o quinta categoría—. Mi interés se centra, si las hay, en las respuestas institucionales. Porque resulta que el programa de rulfianas celebraciones, el bueno, aparecen implicadas otras instituciones educativas y culturales. Por ejemplo, la UNAM, para la que realizo investigación, profeso clases y difundo la cultura. Máxima Casa de Estudios, además, copatrocinadora del proyecto cinematográfico que corre a carga del hijo cineasta.

Me detengo, grosso modo, en el programa centenario de la fundación. Reediciones de El llano en llamas, Pedro Páramo y El gallo de oro. Guiones cinematográficos de Rulfo, o sobre su obra. Estudios diversos. Una exposición fotográfica. Traducciones a lenguas indígenas. Y un coloquio en la UNAM.

A lo que se agrega la realización de la serie Cien años con Juan Rulfo, dirigida por Juan Carlos Rulfo, no recuerdo cuántos capítulos de 50 minutos de duración, que proyectará la televisión pública, canales de paga y “plataformas de streaming”. Serie financiada por la productora Media Luna (del propio Juan Carlos), la Filmoteca de la UNAM, la Secretaría de Cultura, el Instituto Mexicano de Cinematografía, la Cineteca Nacional y Televisión Española.

Confieso que busqué el pasado domingo 8 de enero, La Jornada y Proceso, en busca de reacciones a la carta, que prohíbe, desliza amenazas (ya cumplidas por la declaración de Jiménez a Reforma del sábado 7) y da línea institucional. Búsqueda inútil. En Proceso, con gran despliegue, sólo lo relativo a Cien años con Rulfo.

 

CINCO

Exenta la UNAM de las prohibiciones y amenazas lanzadas a diestra y siniestra por la FJR (y hasta donde sé, las instituciones aludidas optaron por las calladas), no se trataba, sin embargo, de la pipa de la paz. Con motivo del Día del Libro y de la Rosa importado a Ciudad Universitaria desde la trasatlántica Cataluña, la Coordinación de Difusión Cultural programa, entre los consabidos homenajes que el golpe del calendario avisa, el del centenario de Juan Rulfo. Con la participación de la Fundación. La ausencia, esta ocasión,  de rosas por repartir, quedó compensada sobradamente con la presencia de la escritora Rosa Beltrán, titular de la Dirección de Literatura de la CDC, paso de Departamento a Dirección que me tocara verificar allá en los 80’s del siglo XX. Cito de un artículo de David Marcial Pérez, publicado en un diario español:

La universidad insignia de México, UNAM, concentrará el grueso de los actos de conmemoración del centenario de Juan Rulfo. Una semana —del 16 al 19 de mayo— de conferencias y presentaciones de libros que servirán además para señalar la reconciliación entre una pata de la universidad y la Fundación Juan Rulfo, albacea del legado del autor jalisciense, tras una polémica abierta un mes antes[1].

Haciendo a un lado lo de “una pata de la universidad”, expresión no muy feliz, se impone la pregunta: ¿polémica, qué polémica con la sola institución de carácter nacional “perdonada” por la FJR al prohibir urbi et orbis, los homenajes del centenario natalicio de Rulfo? Cito de la misma fuente:

El motivo de la controversia fue la programación en una feria universitaria del ensayo de Cristina Rivera Garza sobre la figura de Rulfo, una obra que la fundación considera difamatoria, y que desencadenó la renuncia de su director a participar en la feria, así como la retirada de la cesión tanto de las fotos como del nombre de Rulfo para ilustrar el evento.[2]

Desde luego escuece lo de “cesión tanto de las fotos como del nombre de Rulfo”. En comentario “subido” a este blog “Puño electrónico”, a pregunta de contertulios taxqueños, aduje que lo que el periodista español llama “controversia”, revestía en realidad “un conflicto de intereses” entre el pensamiento en una sola dirección, intransigente, “rulfifundamentalista” de la FJR, y la naturaleza incluyente, universal, discrepante, dialogante de ideas y tendencias, de la UNAM.

¿Se canceló, por parte de Difusión Cultural la presentación del libro de Rivera Garza? ¡Por supuesto que no! En declaración de los hijos del finado, si bien reconocieron no haber leído el libro en cuestión, insistieron en su supuesto carácter difamatorio. Acusación sobre la que no se abundó en los medios de prensa, pese a revestir gravedad suma. Hasta donde alcanzo, del código penal han desaparecido el delito de difamación (¿y el de injuria?), lo que ahorra el punto de acudir a una instancia judicial para declararlo. Pero, entonces, con qué ¿criterio se le carga tamaño sambenito y se ordena el retiro de nombre y fotografías rulfianas, a escasas horas de la inauguración de la feria? De alguna manera, en descargo del estigma, del libro de Rivera Garza, Había mucha neblina o humo o no sé qué, del mismo se ocupan favorablemente Juan Villoro y Javier Rodríguez Marcos en el número de “Babelia” aquí en cita. ¿Demandará la FJR a El País, o por lo menos llamará a un boicot del periódico?

 

SEIS

Para no alargar. Ya en ocasión del homenaje que los exclusivos amigos de Gabriel Zaid le organizaron en las instalaciones de El Colegio Nacional —celebración a la que don Gabriel, congruente con su legendaria reserva, no asistió—, hablé de una fiesta privada en recinto público con sus correspondientes gastos de publicidad, mantenimiento, personal, botellitas de agua, señalizadores, etcétera.

De otra parte, merced al llamémosle así, escándalo levantado por la exposición en el MUAC, de Jill Magid, norteamericana, ya sabe usted, la mudanza de 525 gramos de las cenizas del gran arquitecto en diamante, para mí simple y llano Plan de Negocios en relación a la Marca Arquitecto Barragán, la multicitada CDU convocó a mesas de discusión. Mesas en las se ha planteado la cuestión de los límites de los legalmente poseedores de legados y archivos de figurones de la cultura finados, respecto a un doble apremio. De un lado, el derecho de investigación por parte de los especialistas, bienquistos o no, de los herederos o sus empleados. De otro, sobre todo en países como el nuestro sin políticas públicas de la memoria intelectual (literaria, artística, cultural), la obligación conmemorativa del Estado, si crítica en vez de zalamera mejor, de su pasado ejemplar. Pasado que es un presente.

Puesto que la invitación de celebrantes se la reserva, estricta, la FJR, ¿cómo en el caso de Zaid, se trata de una fiesta privada en instalaciones y con recursos públicos? ¿Se aprovechará la gran tomadura de pelo, en el campo del Arte, incluido el más desenfado y osado Arte Contemporáneo, de “Cenizas y diamantes”, para el serio examen de la condición pública, aunque en legítimas manos privadas, de la Memoria Nacional? Legítimos derechos patrimoniales de orden privado de una parte, legítimos derechos públicos simbólicos de otro. Rulfo, bien nacional.

[1]Cfr. del referido periodista, “Brillante fotógrafo, formidable escritor”, en “Babelia», suplemento cultural de El País, núm. 1328, sábado 6 de mayo de 2017, p. 4.

[2]Ibidem.

 

 

 

 

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