Dos costumbres inglesas de Canadá

Dos costumbres inglesas de Canadá

Dos hábitos ingleses de Canadá que, a pesar de los años vividos aquí me siguen llamando la atención son: una, que no se puede comprar alcohol en cualquier súper o tiendita de la esquina, sino sólo en las tiendas gubernamentales LCB (Liquor Control Board), y dos, que cuando la gente utiliza las escaleras eléctricas se arrima hacia el lado derecho para dejar pasar por el lado izquierdo a la gente que quiere ir más rápido.

Según me dicen, en México esta segunda práctica es de uso común entre las personas, pero la verdad nunca he visto que el comportamiento mecánico de la gente sea ese. Uno se instala a platicar con quien venga y si alguien quiere adelantarse, o se amuela, o tiene la suerte de que el cuerpo bloqueador sea cortés y se haga a un lado. En Canadá es motivo de gran ofensa no comportarse así de manera automática, es realmente visto como un acto de invasión e incivilización total. Lo curioso es que para mí, actuar de esa manera requiere siempre de un recordatorio mental, no es algo que se me haya convertido en instinto y, de hecho, si estoy acompañada por alguien, me molesta que la plática tenga que interrumpirse mientras subimos por las escaleras, pues es muy difícil mantener una conversación con el cuello en posición tortícolis gracias a que tenemos que pararnos en una especie de fila india.

La primera práctica siempre me ha parecido aún más extraña, pero sobre todo cargada de una especie de control juicioso por parte del gobierno canadiense, pues ir a tiendas especiales para comprar alcohol lo hace a uno sentirse como miembro de AA, pues no hay como la naturalidad de adquirir una botella de vino tinto o de tequila al mismo tiempo que se compra un trozo de carne, quesos, verduras y una barra de pan para la cena. En la muchísima más civilizada provincia de Québec esto no ocurre, aunque también existen las tiendas gubernamentales SAQ (Société des alcools du Québec), y así como en México o Europa, el alcohol se puede adquirir en cualquier parte. Cuando me mudé a Canadá, a la ciudad de Vancouver, a una edad de plena pachanga, donde la cerveza y el vino eran artículos de despensa casi diaria para mí y mis amigos, en verdad que me resultaba extraño tener que ir a una tienda del gobierno para adquirir mi dosis alcohólica. Siempre olían mal, como a cerveza podrida, los que te atendían. Su aspecto era de malhechores y afuera siempre había gente pidiendo dinero para poder entrar y comprar su Licor del 43.

Es verdad que al cabo de todos estos años las cosas han cambiado un poco. En Canadá como en muchas partes del mundo americano, tomar vino se ha vuelto una cuestión de estatus de clase media, por lo que varias de las tiendas portan no sólo un mejor look, sino también una mejor clientela. Ejemplo maravilloso es la tienda LCBO (Ontario) de Summerhill, la cual está ubicada en la zona privilegiadísima de Rosedale en Toronto, sitio donde alguna vez estuvo una estación de tren de pasajeros, es en verdad hermosa.

Algo que sorprende mucho a mi familia cuando viene a visitarme es que si vamos a un restaurante y pedimos una botella de vino que no alcanzamos a consumir completa, nos la podemos llevar, a diferencia de México que esto es absolutamente ilegal. No entiendo muy bien cómo funciona el asunto, pero es impensable e imposible salir con un tinto a medio tomar cerrado con su mismo corcho dentro de una bolsa de papel.

P. Rivera.

 

image1

 

 

Deja un comentario