Testosterona pura

Testosterona pura

c64Mi vida en las últimas semanas ha estado carente de cosas excitantes que narrar. Han sido, más bien, meses en los que mis jornadas han cobrado un tono casero y aburridón. Obviamente los días aventureros y a veces todavía anhelados de búsqueda personal, de grandes borracheras, de obsesiones amorosas causantes de miles de mariposas en el estómago, de drama constante, ya no están, presiento no volverán y a pesar de que me tocó vivir mi adolescencia a los treinta y tantos años, es una época que recuerdo con nostalgia. Me hago un constante reclamo por no estar más activa, aunque entiendo que entré a una etapa distinta donde es natural que lo más importante sea el tiempo transcurrido en ver día a día mi panza crecer. Hasta ahora he sido afortunada, me he sentido en general bien, con apetito de león, energía, feliz…, una mujer en plenitud.

Al mismo tiempo, el mundo parece estar cayéndose, México exude un descenso moral histórico. Los supuestos líderes de todas partes tienen mentalidad de cavernícola y, a pesar de que en el discurso político se habla sobre mayor inclusión de las mujeres, en realidad la manera de tomar decisiones sigue siendo basada en testosterona pura, es decir, el constante ¿quién es más macho?

Los ataques en Siria, los propios y el último, perpetrado por Trump, son un ejemplo más de la demencia en la que vivimos; ahora todos lo apoyan, mientras que él no ha vuelto a mencionar o mejor dicho twittear el asunto, como si bombardear fuera tan natural como hacer hotcakes en domingo. Este es el estado del mundo en el que mi bebé nacerá. Aterrador, pero aún maravilloso.

El día para el gran acontecimiento se acerca, con exactitud no sé cuándo, pero como futura madre responsable me he asegurado de leer libros y de tomar clases prenatales, unas en la Ciudad de México y otras en Toronto. He entrado a un mundo nuevo de información y de batallas políticas en relación con los derechos de la mujer sobre su cuerpo y el nacimiento de sus hijos. Así como está de desubicado el mundo, así está también el panorama de lo que significa dar a luz, donde gracias a las decisiones, óptica e intervención de manos mayoritariamente masculinas se conservan los prejuicios de vergüenza e ineptitud sobre lo que son funciones naturales del cuerpo de la mujer.

En la Ciudad de México tomé una clase cuya filosofía radicaba en la indudable y cósmica capacidad de la mujer para dar a luz sin intervenciones médicas obligatorias (salvo casos de emergencia). Lo que percibí fue que el tener un hijo creyendo en una misma, es tema casi de guerra, ya que además de vivir con el constante y natural miedo de expulsar a un ser humano, además hay que defender el derecho a no ser narcotizada, mutilada o, peor aún, juzgada por no atenerse a las normas de la medicina tradicional. En Toronto las cosas no son muy distintas. Hay que defender lo mismo, salvo que una haya tenido la suerte de encontrar una partera, cosa casi imposible en esta ciudad donde tener hijos se ha puesto de moda, así como hacerlo en casa. Por mi edad y mi rebeldía para seguir modas acabé al cuidado de un médico obstetra recomendado por una querida amiga y, a pesar de que el hombre genuinamente me da confianza, empezamos ya con discusiones sobre sus sugerencias de intervención médica y juicios acerca de mi decisión a no ser anestesiada. La batalla por defender lo que idealmente quiero para el día de mi parto ha comenzado, a pesar de que no me obstino pues entiendo que es un acontecimiento impredecible y no me queda más que estar abierta a opciones.

El tema es uno más que refleja la testosterona con la que llevamos entendiendo, quizá ya por demasiado tiempo, la lógica de la vida, pues es imposible no ponerse a pensar en la negatividad casi natural con la que de entrada se juzga la acción física femenina de tener hijos. Palabras como dolor y contracción, no hacen más que implantar semillas de miedo, por lo que pareciera ser que los humanos estamos desalentados desde el día de nuestro nacimiento; la mayoría llegamos a este mundo de una manera violenta, con sustancias químicas en los cuerpos de nuestras madres, y manos impacientes que fuerzan nuestra salida a la vida, ignorando la intuición, sabiduría y fuerza con la que una madre y un hijo, simplemente por ser animales mamíferos, están equipados. No creo que las cosas vayan a cambiar pronto y pareciera ser que, como siempre, somos unos cuantos privilegiados, con acceso a la información, los que tenemos la capacidad de decidir distinto. Es siempre conveniente gobernar a miedosos por lo que será un trabajo titánico cambiar la perspectiva de la mayoría de las mujeres, especialmente en países como México donde el 99% de los nacimientos son por cesárea, sin entenderse muy bien por qué.

No se cuál será la historia de mi parto, pero espero que sea sin testosterona pura. Y que quede claro, mi opinión no refleja ni odio ni menosprecio por los hombres, sólo por el excesivo uso de su hormona.

Paula Rivera

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