AU/San Antonio, Texas. Paisa ¡No!

 

“Los golpeó el olor a polvo y sudor y orines. Antes de cubrir el escondite, el tipo les espetó que esperaran, en total silencio, a su regreso; palabras de odio antes que de esperanza.”

PAISA ¡NO!

 Fernando Curiel

I

Los metieron al vagón del tren de madrugada. El frío mordisqueaba los huesos. Eran doce, hombres y mujeres, una niña. Habían cruzado el Río Bravo al anochecer, aprovechando el momento en el que los patrulleros gringos concentraron sus fuerzas cerca del Puente Viejo para rechazar las oleadas que, suicidas, dejaban la orilla mexicana. Rifles, perros de hocicos trémulos, los esperaban del otro lado. Ellos, en cambio, ocultos a unos seis kilómetros, vadearon, gracias Virgencita, la corriente. Un sujeto sucio, chaparro, con cachucha del equipo Dodgers los condujo a toda prisa a una bodega maloliente, luego a una casa al parecer deshabitada; por último, cruzando a gatas un ducto, a las afueras del Laredo tejano. El guía daba órdenes rabiosas, silbantes. No podían hablar entre ellos, preguntar maldita la cosa, hacer el menor ruido. Caminaron envueltos por una oscuridad amenazante que se enfriaba a cada paso. A lo lejos pasó un tren. Entonces los sepultó.

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Vigilados por unos ojos de rata, los hombres y las mujeres, la niña atontada por el frío y el cansancio, el hambre, se metieron en un hoyo de pequeña entrada, disimulado por un ramaje entretejido.

Los golpeó el olor a polvo y sudor y orines. Antes de cubrir el escondite, el tipo les espetó que esperaran, en total silencio, a su regreso; palabras de odio antes que de esperanza. Temblaban de frío y de miedo. Sospecharon el avance de ejércitos de tarántulas. Casi vieron el haz de la linterna policial que los descubría al hocico de perros y rifles. Pero aguantaron la espera. Ateridos. Vivos en su tumba.

2

II

Por eso el clima cálido, aunque de olor penetrante, a plástico nuevo, del vagón del ferrocarril, confortó sus corazones desamparados. El guía había regresado; rata silbante que, antes de desenterrarlos, exigió su paga, más de lo acordado con su cómplice en el Laredo mexicano. Ya afuera —no tardaría en helar— supieron que viajarían toda la noche en el vagón hasta una estación de quién sabe qué ciudad, pero no lejos, donde alguien los recogería; que no se molestaran en tratar de salir antes del vagón porque éste no se podía abrir por dentro.

Te tendiste, igual que los otros. La quietud rompió el yugo que les había impedido rezar, sollozar, darse alientos. Procedías de Axixintla, en Guerrero, antes de Juliantla si vas para Taxco. De aquí a la Ciudad de México, la puta que la parió, y de la Ciudad de México, la puta que la parió, al norte, viaje sobresaltado y humillante, hasta Nuevo Laredo. Pero descansaban, descansabas ya en Jerusalén.

El tren riela sobre una planicie sin más ondulaciones que las crestas de los huizaches. Cielo y tierra llanos, tan diferentes. Nada de bajar o subir por cerros y atajos, esquivar barrancas. El viento lunar juega con el penacho de humo. Andabas, paisano, en los veintiocho años. El paisaje se repite: rieles que convergen en el horizonte, manchones de acacias en playones calcáreos. Únicamente cambia la luz. La oscura del cielo se adelgaza. La violácea de la tierra se bruñe. Están por llegar a la estación prometida.

Te sedujo, paisano, la fotografía a colores. Tu primo Rubén, su esposa y sus tres hijos, el último nacido en Texas, posan ante el mostrador de un McDonald’s de San Antonio. Todos visten las mismas prendas. Tenis, calcetas, bermudas floreadas, camisetas con la leyenda I LOVE TEXAS. Sonríen para ti, exclusivamente para ti, con toda la boca. La gordura tensa las telas, pone a prueba las costuras. El cuerpo de Rubén y el de su esposa se asemejan. Pecho chichón rebosante; vientre atinajado que se derrama debajo de la cintura; brazos del grosor de un tronco. Decidiste ocupar tu lugar junto a ellos; sonreír tú también porcino.

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III

El vagón, luego llamado con gastado énfasis “de la muerte”, jamás fue enganchado a convoy alguno. Las posturas de los doce cadáveres acusaban una agonía atroz. Construido para el transporte de productos congelados, el vagón quedó sellado no bien el guía con la gorra de los Dodgers cerró la puerta. Agotaron el oxígeno en minutos.

 

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5

 

Agenda Urbana (AU)

 

Créditos fotos.

Foto 1. Tomada de http://ilo.org/global/topics/labour-migration/lang–es/index.htm

Foto. 2. Tomada de http://www.salud-mental.org/?p=2784

Foto 3. Tomada de http://amqueretaro.com/newsweek/2013/06/30/migracion-en-queretaro-fenomeno-de-varios-matices

Foto 4 y 5. Antonio Sierra García

 

 

 

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