Julia, la de los parques, frente al espejo

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Julia, la de los parques, frente al espejo

¿Alguna vez has tenido el recuerdo de un momento de cambio y quieres volver a vivir exactamente esa etapa? ¿Te das cuenta de que te gusta habitar en el pasado pues el ayer siempre ha sido mejor? ¿De que tú y tus circunstancias tenían un diseño más inteligente que el actual? ¿Te recuerdas más delgada(o), tal vez más fuerte, ingeniosa(o), conoces a la perfección a la gente que rodea tu vida, tienes absoluto control estético de las escenas que adornan tus vivencias, como un cuadro pintado con un mundo perfectamente delimitado que cobra vida?

Si tu respuesta es sí, tal como Julia, eres un alma romántica.

Julia vive en sus recuerdos y en los pocos momentos cuando está presente se obsesiona con asignar significados y símbolos a todo lo que ve y siente, necesita saber que su existencia tiene un propósito y que éste es algo que no sólo le gusta sino que le conviene. Julia pasa horas hablando con ella misma sobre ella misma.

Julia necesita una tregua.

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En la vida de Julia han habido tres ocasiones cuando ha recibido ese respiro gracias a que pudo emborracharse sola en frente de un espejo. En cada uno de esos momentos se miró tomar una botella completa de vino tinto; habló honestamente con sus ojos, a los cuales consideró hermosos, se vio llorar siguiendo con su mirada el camino que la sal y el agua de sus lágrimas dejaban marcado en su rostro, besó el reflejo de su boca imaginado lo que aquellos privilegiados a los que había dado entrada vieron en ella cuando la tuvieron tan cerca y vulnerable. Se trató con compasión y con misericordia y prometió a su reflejo embriagado un enfoque más valiente a la vida.

¿Pero se trata en realidad de valentía? O simplemente de una constante y sobria empatía por nuestras almas?

Esas son las preguntas que Julia sigue intentado responder.

Su primer descanso frente al espejo le enseñó la liberación; su segundo, la certeza de una inevitable madurez, y su tercero, el conocimiento ineludible de un fracaso. Tres momentos distintos, tres distintas edades, tres renacimientos.

Julia ha viajado por el mundo, ha probado comida exótica, ha ido a bares en ciudades extranjeras, ha tomado licores fuertes. Ha intentado vivir como si fuera un hombre y compara su realidad con ejemplos masculinos. Pero Julia no es muy buena para hacer dinero ni tampoco para perdonarse por ello a pesar de sentir mariposas en el estómago todo el tiempo; emoción por intentar realizar sus sueños. Julia pronto corta esas coloridas alas con un pesimismo crónico. Se embarca en conversaciones recicladas quizá herencia de aprendizajes de familia. Julia necesita expresar pero cree que sólo hay una forma.

Julia necesita volverse a emborrachar frente al espejo, quizá esta vez para aprender de lo que es capaz.

¿Y tú, alma romántica, qué has aprendido en tus treguas? Estoy segura que a Julia, la de los parques, le gustaría saber.

 

P. Rivera.

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