Philip Glass, octogenario

Philip Glass, octogenario

 Por Octavio Olvera

El viento aceleraba las espirales notas en ascenso del extraordinario ensamble multinacional: chinos, australianos, griegos, árabes, africanos, norteamericanos, hindúes, brasileños. Al piano su director: Philip Glass, soltando acordes de aparente simpleza por óvalos centrífugos hacia las inauditas dimensiones de la constelación más portentosa del firmamento.

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            Fue la noche del 18 de noviembre de 2010 en la explana del Palacio de Bellas Artes. Algún funcionario enemigo del chovinismo del hoy extinto CONACULTA, dejó prendido, discreto, en el programa de la polémica reapertura del Teatro Principal, a su vez, en el marco de Festejos del Bicentenario de la Independencia, un concierto de Glass “A las puertas del Palacio”. Entonces, una casi inadvertida estela continental de excelentes músicos festejó la pertenencia de nuestra patria al coro de las naciones soberanas.

Glass

 

Orión, ensamblada por el músico oriundo de Baltimore para estrenarla en el marco de la Olimpiada Cultural de Atenas en 2004, fue uno de los conductos universales en la celebración mexicana. “Orión, la más grande constelación en el cielo nocturno; puede ser vista en todas las estaciones, desde ambos hemisferios, norte y sur. Parece que casi todas las civilizaciones han creado mitos y se han inspirado en ésta. Conforme la obra avanza, cada uno de los compositores-intérpretes, incluyéndome, partimos de esa inspiración para crear nuestra pieza. De esta manera, el cielo estrellado, visto alrededor de nuestro planeta, nos inspiró para crear y presentar una obra musical y multicultural”, escribió Glass sobre la pieza que ejecutó aquél día.

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Contemporáneos de todos los hombres, un par de centenares de personas la escucharon en la explanada del máximo recinto artístico del país. Apenas una año antes, el autor de Metamorphosis había ofrecido un recital de música de cámara, acompañado de Wendy Sutter y su inseparable amigo Mick Rossi en el Voilá Acustique de Polanco, a donde muy pocos pudieron asistir. Ahora interpretaba su música para todo aquel que estuviera dispuesto a escucharlo. Transeúntes que jamás habían degustado nota alguna del norteamericano, se detuvieron para escuchar y enterarse sobre el intérprete y llevarse la tarea de buscar más de su música; otros pasaron sin más. Se añoró la presencia de Ravi Shankar, coautor con Glass del inicio del tercer interludio “India”, pero Kartik Seshadri tuvo una de sus mejores actuaciones con el sitar esa noche.

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Siete años pasaron desde entonces, Philip Glass contaba con setenta y tres. En ese lapso se presentó dos veces más en México: la puesta en escena en 2012, también en Bellas Artes, de la ópera considerada su obra maestra: Einstein on the beach, y la exclusiva presentación en el Museo Nacional de Antropología e Historia, en 2015.

Este 2017 Felipe Vidrio alcanza ocho décadas de vida. Con un amplio programa de conciertos lo celebra. El pasado 31 de enero inició al estrenar su Sinfonía 11 en el Carnegie Hall de la ciudad de Nueva York. Hasta ahora, no hay escala reportada en México dentro del festejo, pero este breve recuerdo de la ejecución de Orión al aire libre, en el corazón de la Ciudad de México, dentro de los fastos patrios, sirva para sumarnos a la fiesta. ¡Felices ochentas, maestro!

 

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