AGENDA URBANA / 2 MARCHAS 2

AGENDA URBANA / 2 MARCHAS 2

Fernando Curiel

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Viéndolo bien, no resulta escasa mi ejecutoria de “marchista”.

En los 50’s, en mi Secundaria taxqueña, la “Vicente Guerrero”, los jaleos ciudadanos aunque con hilos manejados desde la Ciudad de México (Donato Miranda Fonseca, viejo rival), que tiraron al gobernador Caballero Aburto.

En el 68, a trechos (mi entonces esposa Hilda Rivera Delgado esperaba a nuestro hijo Adrián), en una ciudad tomada por su clase media (¿qué preclaro miembro suyo no “marchó”?). Esto amén de los episodios que me tocaron (Secretario de Estudio y Cuenta de la Suprema Corte, cabe Palacio Nacional), en pleno Zócalo, uno de los escenarios del Movimiento Estudiantil. Presente tengo yo aquella oficial Manifestación del Desagravio (la noche anterior se izó la bandera de huelga en vez de la nacional: Rubicón), con las tanquetas del Ejército encapsulando a los burócratas rejegos.

En los 80’s, yo en el equipo del rector Jorge Carpizo, marchamos por Reforma no recuerdo a causa de qué.

En los 90’s, con Belem, Guadalupe y un grupo, previo desayuno en La Copa de Leche de 5 de Mayo, a la altura de Sears nos sumamos a la en verdad ex-cep-cio-nal Marcha contra la Violencia, casi toda ella vestida de blanco.

Por el contrario, decidí no marchar el pasado 12 de febrero. Y no sólo por la sospecha de mi propalada tesis del “Diablito”, aportación del Comercio Informal a la política (a la) mexicana. Aquí llano “robo” de energía social ajena. No de balde sobraron, antes del 12, los llamados a la abstención de políticos (siempre en campaña) y partidos (jamás gobernando aunque se tenga el poder).

Me asomaría con mis hijos Paula y Jerry, sí, deber reporteril, pero no marcharía. Ocasión, además, de recorrer viejos rumbos, hoy mi Zona Cero. La Diana Cazadora, mi numen, en otro lado; desaparecidos el Cine y Restaurante Chapultepec, la Librería de Cristal, el departamento que compartí en Río Atoyac con el actor Manuel Ojeda, mi café Kabah, el Taller Mester en Río de la Plata; difamado uno de los parajes emblemáticos de la Ciudad de México (¡qué CDMX ni qué ocho cuartos!) con la fraudulenta Estela de Luz.

Doy mis razones.

PRIMERA. ¿Por qué en vez de una marcha, dos? Si “Vibrar México”, con la reconocible cabeza de María Elena Morera, convocó el 31 de enero, ¿a cuenta  de qué se apuntó Isabel de Wallace y su “México Unidos”, el 7 de febrero, con otra marcha? “Sospechosismo”, diría un político al que acaban de darle respiración artificial, el panista Santiago Creel (y junto a él a otros muchos de la prehistoria política, entre ellos a Augusto Gómez Villanueva, mi jefe diplomático en Managua del que guardo gratísimos recuerdos). ¿Agua (¡aguas!) de qué molino?

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Lo cierto es que la marcha “Vibra México” pareció blandir la consigna Anti-Trump, en tanto “Mexicanos unidos”, unía a la consigna Anti-Tump, otra, Pro-Peña Nieto. “La idea era que este último irrumpiera al momento del canto del himno”, trató en vano de convencerme un amigo paranoide con la Cosa Pública.

Pero la confusión se había adueñado de los preparativos y especulación sobre el domingo 12. Y si a esas vamos, ¿por qué, en vez de dos marchas, 6, como en los toros?

SEGUNDA. Cuando la Marcha contra la Violencia, su rostro falto de misericordia, el secuestro, se cebaba con la burguesía (a la fecha no distingue clases). Y ni asomo de mano negra oficial. Lo que opinara el presidente (es un decir) Fox, valía gorro. Pero el entonces jefe de gobierno, AMLO, me imagino que al caer en cuenta de que se vaciaban las boutiques de Polanco, Acapulco, Valle de Bravo, Puerto Vallarta y Cancún, tras prendas de lino y sombreros cucos “Careyes style”, concluyó que se trataba de una protesta de “Pirrurris” (demostrando de paso una de sus fuentes teóricas: el “Chavo” no “del 8”, sino de “la Ibero”). Grave error político. Se deshizo el pobre por deshacer la convocatoria a la marcha, que lo era también contra la violencia capitalina (ese cáncer que hoy por hoy, con todo y Constitución, Carta a Santa Claus con copia a los Reyes Magos, nos infesta, lo mismo en una lonchería que en el Periférico).

Sumamos, aquella vez, 400 mil (o más) hasta la madre. Terminaba su circunvalación del zócalo la vanguardia, cuando aún se desprendía de la Columna de la Independencia la retaguardia. ¡A-som-bro-so! ¡Im-pre-sio-nan-te!. Mientras que a las 2 marchas del 12 de febrero las lastró la desunión, la opacidad. Así le(s) fue.

TERCERA. Lo he llamado “Milagro surrealista”, ni siquiera previsto por André Bretón cuando, en mala o buena hora, según se le vea, nos visitó. Efecto del “Bóreas” Trump, Peña Nieto sube en índices de popularidad; soslayadas quedan corrupción y su gemela impunidad; se archivan los quemantes expedientes de Tlatlaya, Iguala y demás; se “vende” como mérito personal la sin concesiones (salvo desacato o traición) defensa de la patria mexicana; en el horizonte asoma, inmediata, la victoria del PRI en las elecciones del Estado de México y, mediata, la figura de un Canciller que a lo mejor aprende rápido, como sucesora presidencial. Baja el precio del peso frente al dólar.

¿Un presidente a la cabeza de una Nación, la aprobación retrospectiva de un régimen polémico a rabiar, la resurrección del desarbolado PRI? ¿Eso buscaban los que buscaban otra cosa en la frustrada Marcha de la Unidad? ¿El escenario que días más tarde ofrecería el montaje de Huajutla, Hidalgo?

En fin…lo que vi in situ y leí y escuché antes y después del domingo. Baja concurrencia: ¿diez mil, veinte mil sumadas ambas marchas? La vanguardia de “Vibra México” una mixtura de protesta, cocktail (“Vimos al Señor Tal acompañado de la Señora Tal y a la Señora Tal acompañada del Señor Tal”) y presentación de revistas (Letras Libres). Un caos en El Ángel. Veloz mutis de muchos de los participantes en primera línea. Pies en polvorosa de la Wallace rumbo a Sanborns.

No. No marché esta vez.

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Fotos: Alejandro Aguilar

 

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