AGENDA URBANA / HOLLYWOOD

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Fernando Curiel

 

1

En mi niñez ya adolescente y en mi adolescencia franca, ambas pueblerinas, los filmes que amaba prometían hazañas. Del Corazón, del Poder. Iba al cine Misión una y otra y otra vez. Dos tres días duraba la Transfiguración (¿qué le pasa a este mozuelo?).

Antídotos de mi preso real presente. Diez minutos entre Santa Prisca y la Puerta Norte. Ocho minutos entre Santa Prisca y la Puerta Sur. O la región Más Transparente del Aire. O la Mar Pacífico. Escapé —cuando escapé— a Tierra Firme.

 

2

(Aunque con  la vida —hecha, desecha, rehecha—, descubriré sobrio que el pequeño espacio ocultaba un intrincado Laberinto).

 

3

La la land me retrotrajo —disculpando la palabreja— a los tardíos 40’s y plenos 50’s taxqueños. Con una excepción. Y no hablo, no, de las mutaciones de Emma Stone. Bella y no. En veces Betty Davis en veces Doris Day. O los ojos comiéndole el rostro. Senos planos. Alguna arruga. Y si a estas vamos, tampoco eran, Gene Kelly o Fred Astaire, Tony Curtis. Lo digo por Ryan Goslig.

 

4

Excepción.

Happy End revisado a fondo. El Amor no vale lo que dura, juntos palomita hasta que la vida nos separe. El Amor vale por el separado recuerdo —hasta morir— de sus incendios.

 

LLL d 29 _5194.NEF

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