Ciudad helada. Auto vs. Bici

Crónica 50

Ciudad helada. Auto vs. Bici

El pleito entre automovilistas y ciclistas es cada día más violento, pero es innegable la realidad del invierno y es un hecho que en cuanto empiezan las temperaturas congelantes el promedio de bicicletas en la calle baja

 

Hoy el día está a 22 grados Centígrados. Salir a la calle es en verdad una sensación extraña, pues cuando la atmósfera está tan helada, se forma un vaho que torna el ambiente en una especie de mundo algodonado y surrealista. Desde ayer la radio anuncia el fuerte descenso de la temperatura, acompañada por vientos fuertes que remueven la nieve acumulada en el piso y, como una tormenta de arena, bloquean la visibilidad, especialmente en las vías rápidas que conectan a la ciudad con los suburbios.

Estos días invernales me causan mucha angustia. Desde la madrugada mi cuerpo siente el cambio atmosférico, ya van dos noches que despierto agitada, con el corazón latiéndome a mil y con una sensación de miedo. Nunca me acostumbraré al frío, no sólo no me gusta, sino que he desarrollado reacciones químicas y físicas de pánico ante su fuerza. Los días se vuelven de encierro aunque hay gente salvaje y valiente que anda del tingo al tango con los huesos y líquidos corporales congelados. Hay hasta ciclistas que, aunque no mueren de hipotermia, desafortunadamente sí sucumben en accidentes, pues es imposible controlar un aparato tan endeble en el hielo del pavimento y con vientos que confunden tanto a conductores de autos y camiones, como a ellos mismos.

Hay una campaña fuerte en esta ciudad para eliminar el uso del coche y la idea, en teoría, suena maravillosa, pero no sé muy bien cómo intentan lidiar con la realidad de las temperaturas congelantes y el riesgo que éstas implican para los seres humanos montados en aparatos tan vulnerables como las bicicletas. El alcalde de la ciudad ha decidido que los automovilistas muy pronto tendrán que pagar una cuota de dos dólares por el uso de vías equivalentes al Periférico de la Cd.Mx.; vías en bastante mal estado que en realidad no son tan rápidas como para cobrar por el privilegio. Asimismo se decidió invertir en nuevos tranvías, cuyo tamaño agrandado podrá dar mayor cupo al ya de por sí saturado número de usuarios. Sin embargo, hoy escuché por la radio que los tranvías no estarán listos para cuando el gobierno lo había prometido, 2019, pues la empresa Bombardier no podrá cumplir con el contrato acordado. El gobierno de Toronto ya interpuso una demanda por 50 millones de dólares a esta empresa constructora.

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El pleito entre automovilistas y ciclistas es cada día más violento, pero es innegable la realidad del invierno y es un hecho que en cuanto empiezan las temperaturas congelantes el promedio de bicicletas en la calle baja considerablemente, lo que me hace pensar que los torontonianos no botarán el auto tan fácilmente, a menos que uno sea de las personas que viven en los nuevos condominios en el centro de la ciudad, los cuales cuestan un millón de dólares, cabe una persona, una muda de ropa, y un cepillo de dientes, pero están conectados con restaurantes, oficinas, gimnasios, bancos, por lo que el uso de cualquier vehículo es innecesario.

En mi muy humilde opinión, en lo que habría que enfocarse es en la promoción y elaboración de vehículos eléctricos o solares, la tecnología existe hace tiempo, pero por supuesto nadie quiere dejar de creer que el petróleo sigue siendo la fuerza motora de las economías fuertes, de ahí que se sigan vendiendo coches cada vez más grandes y poco ahorradores, y que nuestro flamante Primer Ministro, Justin, haya aprobado la construcción de una vía para mover más petróleo en el Oeste de Canadá, aunque el proyecto invada y ponga en riesgo reservas ecológicas protegidas y la mitad de la comunidad indígena se le esté echando encima.

P. Rivera.

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