La saga para conducir en Toronto

Crónica 49

La saga para conducir en Toronto

Una de las estadísticas más notables dada por los defensores del alcoholímetro obligatorio, es la comparación que se hace con Alemania donde la población toma un 35% más alcohol que en Canadá, pero su índice de accidentes es muchísimo menor.

 

En 2016 Toronto se convirtió en una de las ciudades con más atropellamientos a peatones en Canadá. Asimismo la provincia de Ontario goza el primer lugar en accidentes por conductores bajo la influencia del alcohol. La prueba de consumo no es obligatoria, sino que queda a discreción del oficial hacer que los conductores inspeccionados soplen o no el aparatito detector. Con respecto a los accidentes peatonales, el gobierno local ha decidido instalar cámaras escondidas no sólo en lugares clave como salidas de escuelas, sino en casi todas las calles. El debate ha sido agitado entre la población pues no todos están de acuerdo con que el gobierno actúe como big brother. También la propuesta de que la aplicación de la prueba de alcohol sea obligatoria ha generado gran polémica y, en ese sentido, sí que no entiendo muy bien por qué, pues si ya lo paran a uno, lo más seguro es que sea por manejar medio mal (especialmente en este país donde, a diferencia de México, la policía aún es respetable) y si no hay alcohol en la sangre sino puro descuido, entonces por qué temer soplar.

Una de las estadísticas más notables dada por los defensores del alcoholímetro obligatorio, es la comparación que se hace con Alemania donde la población toma un 35% más alcohol que en Canadá, pero su índice de accidentes es muchísimo menor.

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Cabe mencionar que una de las cosas más complicadas en Ontario es tener una licencia de manejo, el proceso es larguísimo y carísimo. Hay tres etapas para conseguir la licencia tipo G que es la más permisiva. Primero hay que pasar un examen teórico que es facilísimo y una vez logrado se obtiene la G1 con la cual uno puede manejar siempre y cuando sea acompañado por un individuo que cuente con la G por más de cuatro años, sólo puede conducir del amanecer al atardecer, es decir únicamente con luz del día (lo cual en invierno me imagino es casi imposible, pues amanece a las 9 y anochece a las 3), no entrar a las Highways, ni tampoco tener en la sangre ningún porcentaje de alcohol.

Después de un año con la G1 se tiene que hacer un examen práctico el cual tiene un costo de alrededor de 75 dólares que no son refundables en caso de ser reprobado y que consiste en hazañas sencillas como estacionarse en paralelo, dar vuelta en “U”, obedecer señales de tránsito, utilizar correctamente los espejos, tanto retrovisor como laterales, punto ciego, etc.

Hacer la cita para el examen es difícil pues los centros de prueba están generalmente saturados con conductores intentando pasarlo, algunos hasta por quinta vez. En efecto, nadie pero absolutamente nadie es aprobado a la primera, es una manera del gobierno —me imagino— de hacerse de algunos dólares extra. Si se logra pasar, al segundo o al enésimo intento, entonces se otorga la G2, la cual es aún más complicada de entender pues está llena de excepciones. Por ejemplo, si se es menor de 21 años, entonces el conductor debe de seguir siendo acompañado por otro con más experiencia, sigue sin poder tener ni una gota de alcohol en la sangre, pero puede ya introducirse al temido mundo de las Highways. Si se es mayor de 21 años, la G2 permite entonces todo tipo de libertades salvo la de beber alcohol. Después de otro año con la G2 se vuelve a concertar una cita para otro examen práctico, se vuelven a pagar los 75 dólares las veces que sean necesarias y el conductor es examinado en sus habilidades para manejar en las Highways. Si se aprueba el examen, entonces por fin se obtiene la G con la cual uno es libre de conducir en soledad o con compañía y con un 0.08% de nivel de alcohol en la sangre.

Cuando yo empecé a manejar en Toronto habiendo aprendido en la Ciudad de México a los quince años y en plena época de aguaceros, me pareció de lo más fácil y aburrido del mundo, pero cuando manejé por primera vez en las Highways, ¡uf…! Son realmente vías rápidas dónde a pesar de que el límite es 100 km por hora, nadie —en especial los grandes camiones transportistas— lo respetan. Entrar a estas vías requiere mantener el coche a cierta velocidad, generalmente baja, y una vez dentro se requiere de una aceleración rápida pues el carril de entrada desaparece a los pocos metros. Asimismo, para salir de una velocidad alta, se pasa a una muy baja, y esto es precisamente lo que los examinadores revisan en el examen práctico; que sin chistar, sin apanicarse y sin decir ¡Ay Dios! ¡Ay Dios!, ¡ahí viene un trailer enorme, sáquenme de aquí! (lo que yo dije en mi examen) se pase de 100 km por hora a 30 o viceversa.

Sin embargo los resultados de este dizque cuidadoso procedimiento no se reflejan en las calles; de ahí la cantidad de accidentes. La gente, como en casi todas las ciudades del mundo, simplemente por ser gente, manejamos de la chingada, no importando cuántos exámenes tengamos que pasar y pagar para poder conseguir nuestra licencia de manejo. ¿Y manejar en la nieve, compartiendo la calle con ciclistas necios con hipotermia que resbalan de un lado a o otro? bueno ese es otro asunto.

P. Rivera.

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