ÁLBUM / LÁMPARA VERDE, Fernando Curiel

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El 66 o el 67 del pasado siglo. Supongo que la lámpara la adquirimos en el Liverpool de Insurgentes, de las primeras tiendas departamentales en migrar del Primer Cuadro de la Ciudad; espacio que concentraba Palacio, Cabildo, Universidad, Comercio. El domicilio conyugal estaba a unos pasos del flamante Liverpool, en un edificio de la calle Tejocotes.

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Nos gustó sin dubitaciones. Sólida, medio escultura. Ese contraste de los verdes. Iluminó, en el  estudio, mis primeras malogradas letras, lecturas insaciables; la fotografía que nos consigna, a la lámpara y a mí la tomó Aníbal Angulo. Anduvo de la ceca a la meca, pero, a la hora de la separación, me siguió a mí.

Nuevas peregrinaciones domiciliarias, hasta sumar 25.

Ya sedentaria, reposa, sobreviviente, veterana, indemne, sobre un baúl conseguido en la estación ferroviaria de Irapuato. Si hablara. Hijos que nacen y, lo digo, aprenden a volar; vida conyugal, soltería; segundo matrimonio, segunda soltería; cielos, limbos, infiernos; amores que pasan y algunos que pasan para permanecer; rebrotes del corazón empecinado; tertulias, “grillas”, “tenebras”, fiestas; proyectos editoriales, unos consumados, otros nonatos. Lustros, décadas. Una Nación antigua y extraordinaria, la nuestra, malbaratada, pero al peor postor, que se sume (¡y maldita sea, se asume!) en una espiral de decadencia.

         Lámpara faro, la noche calma o tormentosa.

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