Avenida Juan Escutia a las 3 am, un viernes por la noche

Crónica 46

Avenida Juan Escutia a las 3 am, un viernes por la noche

 El intercambio de ideas, planes y gustos musicales que para mí significa una relación amorosa, contigo nunca ocurrió. Intento tras intento, respuestas violentas. Tu naturaleza quizá: agredir ante la impotencia; mientras que la mía: sólo duda. Incluso ahora, después de tantos años, sigo preguntándome si hubo una atracción real de tu parte.

Borrachos hasta la médula, los dos pasajeros en una camioneta blanca conducida por un ser aún más desorientado que tú y yo juntos. Parados en medio de la avenida Juan Escutia por la policía capitalina, el chofer —tu amigo— discutiendo de manera inverosímil con la autoridad que no había una gota de alcohol en su sangre. Tú y yo dentro de la cabina; yo preguntándote con una especie de ironía amenazante si tu gusto por mí era tan grande como para impedir mi futura salida permanente del país. Tu respuesta nerviosa y balbuceante confirmando que mi paciencia no daría para mucho más contigo.

Y aún a pesar de la clara perspectiva de la imposibilidad de nuestra historia, me enamoré de ti como una imbécil.

Sigo soñando contigo, imaginándome encuentros fortuitos, despierto a mitad de una historia que intento concluir a mi manera, antes de ceder ante la luz de la mañana que amenaza con el empezar de mi vida real.

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Miles de cartas escritas, más nunca enviadas, de corazones rojos dibujados con tu nombre en el centro, centenares de rituales, de consultas en libros que predicen el futuro, innumerables intentos por conectar con la parte de ti que he decidido compagina con mi ser.

Milagrosamente no acabamos todos en “El Torito”, el chofer —tu amigo— logró convencer o sobornar a la autoridad capitalina sobre su sobriedad. Emprendimos nuestro camino hacia unos tacos en la calle de Oaxaca. Ustedes, los dos hombres, continuaron bebiendo; yo pasé a la limonada. Te quedaste dormido en la mesa, como un niño aburrido en clase de matemáticas. Tu cara resbalaba por la mesa grasosa y yo trataba de detener tu caída acomodándote en mi regazo. Tu amigo y yo platicando de ti, de tu pasado, de la historia ya vieja entre ustedes dos.

Y aún a pesar de la clara perspectiva de que mi futuro contigo sería cuidarte como a un nene, me enamoré de ti como una imbécil.

Sigo pensando que si me lo hubieras permitido, hubiera podido contigo, con tus hábitos y vicios, tu vida sería el reto de la mía, la prueba de un amor total que deja los egoísmos personales por los del prójimo.

Fantaseo con encuentros fortuitos, a mitad del día mi mente se traslada a los parques que caminamos juntos, recreo nuestros pasos agarrados de la mano, las conversaciones que en mi versión a distancia son siempre fluidas, reveladoras, compartidas.

 Horas llorando por ti, trazando las veredas que me llevaron a encontrarte y abrazarte, no una sino mil veces.

Te cargamos entre los dos y te depositamos en la camioneta blanca. Inmediatamente me hice cargo de la conducción, el estado del chofer —tu amigo— había pasado del sólido al líquido. Los llevé hasta tu casa, te ayudé a bajar, te deposité en tu cama. Me acosté a tu lado y te observé dormir. Tus ronquidos, una especie de rugido milenario de dolor. De tu amigo no supimos nada hasta varios días después, cuando nos enteramos que sobrevivió el derretimiento de su cuerpo en el alcohol y que, en cualquier momento, estaría listo para la próxima pachanga.

Y aún a pesar de los juicios fulminantes que hago de mí misma, me enamoré de ti como una imbécil.

Sigo deseando que a pesar de recordar nuestras aventuras en soledad, de autonombrarme absurda, inestable, poco seria, un día endulces mi ego y confirmes la reciprocidad de nuestra historia. Que confieses matar tu tiempo con mi recuerdo. Los esfuerzos por olvidar son cotidianos, serios. La inmensa ternura que me despiertas es como un sello imborrable con el cual estoy aprendiendo a vivir. Inmensa ternura que será depositada en otros seres, en otros lugares. Te dejo ir aun cuando el tiempo no cure la violencia de tu desapego.

P. Rivera

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