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Claudio Acevedo

 Querido follower:

No fue fácil decidirme a regresar al país. Sólo que mi madre puso como condición, para heredarla, que fijara mi domicilio en México, en la ciudad que me diera la gana pero en México. “Adonde a usted le pluga” —entendí “se le hinchen”— , me dijo, ceremonioso, vía telefónica, el notario.

Yo estaba harto, de otra parte. Me gustaba, sí, mi oficio, uno de los más viejos del mundo. Satisfacía mi veta depravada. Y mi venganza se había cumplido en tiempo, a tiempo, mi padre todavía vivo. El día más infame del Consejo de Administración de la Minera Veta Divina. La fotografía —dentro de un sobre, un ejemplar por consejero— del heredero cometiendo fellatio pintó de grana los rostros, salvo el blanco cadavérico del Presidente. Se encontraban, como lo supuse, en la Sala de Juntas, lujosa, tras los ventanales del piso treinta en el Paseo de la Reforma. El que había mudado el perfil de París por el de Houston.

En un contenedor viajó por mar mi biblioteca, y en ella, la colección de libros de Arte, en los que hoy por hoy me solazo en mi jaula electrónica. Cuando no estaba en cueros, sino vestido, no había Galería o Museo de Londres —y de otras ciudades prestigiosas cuando viajaba— que no visitara. Ni libro —catálogo, monografía— que se me escapara. Sin excluir el Paparrucha Art.

Ya en la Ciudad de México, me ha interesó el activismo de una joven, Avelina Lésper, directora de MILENIO ARTE. En un aparatoso Foro Internacional Aciertos y Retos de la Difusión Cultural y la Extensión Universitaria, tronó contra el Arte Contemporáneo —categoría inventada por Christien’s, la gran rematadora— en manos fenicias. Los que crean, los que lo exponen, los que lo compran y venden, sus panegiristas, el público que cae en la trampa. Manejo que cierra las puertas de galerías y museos a no pocos artistas de verdad (sé de dos o tres, talentosísimos).

Terreno minado. ¿Qué es hoy la pintura? ¿Qué la escultura? ¿Lo que dice el Mercado, por años terreno de los millonarios coleccionistas (como la Peggy Guggenheim), coleccionistas cultos (Gertrude Stein), dealers respetuosos de la Gran Pintura? Pura simulación a la que no escapa el lavado de dinero.

Terreno en verdad pantanoso. ¡Cuánta paparrucha, superchería, tomadura de pelo! ¡Tanto director(a) de museo con la boca abierta ante el despliegue de muestras que son Marcas, productos que son simple basura!

Quizá nos auxilió el siguiente planteamiento de Eugenio Garbuno Aviña: “¿qué significa el arte contemporáneo para la sociedad actual? ¿Existe un significado? Lo que observa el atento espectador, a simple vista, es que la estética del arte contemporáneo refleja el ‘grado cero’, ‘la muerte”, o ‘el fin del arte’… por todas partes el sinsentido, es decir, el arte sin significado”.ciudad-de-mexico

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