Crónica 37 -Lo último de mi Condesa

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La gran necesidad de ti es más fuerte que la culpa.

Tremor que mi cuerpo anticipa.

Momento de nuestro encuentro.

Te abrazo.

Pregunto mil cosas cuyas respuestas no me calman.

 

¿Cuánto más puedo seguir jugando a esto?

¿Juegas tú también?

 

Eres semilla que planté.

Profunda atracción que no quiero dejar ir,

Polvo luminoso que en cámara lenta brilla entre el espacio que separa nuestros cuerpos.

 

¿Amor?

 

Olvidas mi nombre.

Castigas nuestra mísera mesura de tiempo.

Saltas al lodo denso que te ahoga, no al claro y luminoso almendrado de mis ojos.

Mi cuerpo se endurece, el aire me abandona.

 

Tú no juegas a esto.

 

¿Nuestra historia?

Fue de tres:

a ella la imagino Verde Olivo.

Tú eres Azul.

¿Y yo?

Rosa claro que pretende arder en Rojo.

 

A ella la imagino fría.

Tú, carisma.

Yo, brasa que se apaga en búsqueda de tus vientos.

 

Eterno niño encantador:

por ti atraparía la luz de vida que me enciende,

la sostendría entre mis manos

y guiaría tus pasos que desde el lodo oscuro en el que habitas caminarían hacia el claro y luminoso almendrado de mis ojos.

 

¿Amor?

 

El mío:

Rosa aún princesa en busca de su inexistente Azul.

El tuyo:

Carisma Índigo habitado por un frío Verde Olivo cuya oscuridad es la paz de tu razón.

 

 

  1. Rivera

 

 

 

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