Crónica 36 – México desde ForoTV

cronica

Desde muy pequeña he tenido una capacidad admirable para ver televisión mexicana basura, es decir, casi toda, pero en especial Televisa. Por alguna razón mi mente, a la cual considero dotada de cierta inteligencia, siempre ha sido capaz de hacerse a un lado por largas horas del día para que yo me engolosine con contenidos de mierda. Por supuesto que me doy cuenta y siempre se ha dado una lucha entre mi razón y mi corazón, especialmente en cuanto a telenovelas se refiere, pues la primera critica mi capacidad de sentarme largas horas en frente de estas historias estúpidas, mientras que el segundo se infla de emoción cuando ocurren besos, eso es a lo que más adicta soy.

Cuando era niña y en mi familia andábamos pasando por las turbulencias del divorcio, creo que mi madre y yo encontramos paz, compañía y en cierta manera apoyo, viendo telenovelas. No era lo más educativo ni productivo para ninguna de las dos, pero cuando menos estábamos juntas; ella digiriendo estar de pronto en otras circunstancias a las soñadas a los 19 años, a cargo de dos hijos, una niña y un adolescente; y yo tratando de entender el gran golpe traumático que fue la separación definitiva de mis padres y el súbito cambio a otra manera de vida. A las dos nos gustaba ver historias de amor, y hasta la fecha, cuando estoy de visita en su casa, me gusta compartir una tarde entera de tele con ella, es un espacio de escape pero también de comunicación y definitivamente de inmenso amor.

En mi vida adulta y viviendo en Canadá hay momentos en los que sólo veo noticias de México, por ejemplo, la pasada época invernal era como si mi vida cotidiana fuera en la CDMX, sabía los pormenores del tráfico, las marchas, los discursos caducos y demagógicos de nuestros nada carismáticos dirigentes. Todo esto gracias al canal ForoTV, al cual podía acceder por internet. Mi computadora funcionaba como televisión un buen rato de la mañana y de la noche. Mi mente, al igual que con las telenovelas, batallaba con el canal, pues ForotTV es Televisa y el exceso de cobertura de nuestro inepto presidente, la estética acartonada y de tetas operadas de la mayoría de las conductoras y la permanencia milenaria de programas como Matutino Express son, en verdad, torturas visuales y viscerales a la cuales no puedo entender cómo es que acuda con fervor. Quizá es la creencia de que así cubro la necesidad de mantener contacto con el lenguaje chilango y los temas que perturban a mi país. Cabe destacar, a manera de justificación,

que en Canadá no se reporta casi nunca nada de México, y cuando hay algo es siempre sobre temas de droga e inseguridad que pasaron ya hace tiempo o que no dicen nada nuevo bajo el sol.

Al comenzar la primavera y de un día para otro, el canal ForoTV dejó de funcionar y mi contacto cotidiano con México terminó. Fue una gran angustia que logré asumir con madurez, empecé a escuchar la radio canadiense, a leer todas las secciones del magro The Globe and Mail, periódico que me llega todos los días, y los sábados y domingos el Toronto Star. (Sé que existe el internet, que podría continuar igual y hasta mejor informada sobre México leyendo noticias en línea, pero no lo hago, nunca he sido adicta a esa actividad, quizá porque lo que necesito es no sólo leer sino escuchar español y ver a México).

Durante estos meses empecé, según yo, a comportarme de manera mucho más lógica con mi realidad de vida al estar informada de lo acontecido en el país y en la ciudad donde vivo. Pero pronto redescubrí que las noticias canadienses son Trump y Hillary Clinton o cualquier otra cosa que tenga que ver con Estados Unidos, que de Canadá se informa poco, que de Europa, Asia y África se informa si tiene que ver con intereses gringos o con terrorismo, y que Latinoamérica básicamente no existe. Esta falta de conexión con mis raíces la soporté un rato pero hace unos días me volvió la necesidad de saber más sobre México. Reintenté ForoTV, por alguna caprichosa razón volví a ser capaz de conectarme. Descubrí que la mayoría de los contenidos del canal cambiaron completamente, salvo por Matutino Express que ahí sigue, llueve, truene o relampaguee: se deshicieron de El Mañanero, programa que, confieso, a veces me hacía reír, y redistribuyeron como pepitas en mole a los periodistas, a la de Foro Global le dieron el programa de las 3, al de Final de Partida (no al crítico de Juanga) le dieron Hora 21, espacio que recuerdo era de Karla Iberia Sánchez y que era uno de los noticieros más surrealistas pero visibles del canal y que, ahora bajo el mando de uno de los hombre más anticarismáticos del mundo, no he podido soportar más de cinco minutos.

Noté también la invasión de comerciales autopropagandísticos y lo que más me dejó en shock fue el segmento publicitario donde todos los dizque reporteros o periodistas hablan sobre lo importante que es trabajar para una empresa como Televisa. Las cosas que dicen sobre ellos mismos y sobre la empresa, sobre todo cuando vienen de algunas de las voces más dizque informadas y disidentes, son difíciles de digerir. Comprendí que Televisa gobierna a México, que verdaderamente su petulancia y su desdén disfrazado de sensibilidad hacia el pueblo mexicano están presentes a todas horas y que la primera dama, la “Gaviota”, es una jugada más del

increíble posicionamiento que una cadena básicamente de contenido telenovelero ha logrado en mi país. Su poder es tétrico, están en todo, en el teatro, en el arte, en las publicaciones, ¡controlan todo! Creo que estoy perdiendo mi capacidad para ver mierda mexicana y lo celebro, y gracias a Netflix mi adicción a la sensiblería puede ser satisfecha con telenovelas chinas, japonesas, koreanas o de cualquier otra cultura, pues a pesar de ser porquerías no ocurren en mi país y por lo tanto no me angustian.

P. Rivera.

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