BLOGERAS Y BLOGESPACIO por Claudio Acevedo

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BLOGERAS Y BLOGESPACIO

Claudio Acevedo

 

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A las tribus de “Skin head” y de “Emos”, las vi nacer en Inglaterra y Holanda. Testigos impasibles del apocalipsis urbano, carroñeros. Iba yo haciendo cartel en la industria porno, películas y fotografías, living sex. Europa era para mí un mapa de prestigiosas ruinas artísticas, que seguí al pie de la letra. Además de Inglaterra, donde me había radicado, y Holanda, cuya otredad (perdón por la palabreja) me fascinaba por su pintura, sus canales, su lucha contra el mar, su tú a tú con Dios… decía que, además de Inglaterra y Holanda, Francia, España, Alemania y, dentro de la cortina de hierro, Checoslovaquia. Vivía y viajaba sin apuros económicos; tenía mis propios ingresos y en el banco Barclays los depósitos mensuales de mi madre. El odio a mi padre se pulía, afilaba cada 24 horas. Nada tenía que agregar a mi credo filosófico.

2

Sí, en efecto, venimos del légamo, basura orgánica que se hace vida, células, batracios, bautizo de la especie que asciende en la escala. Sí, en efecto, a la sociedad la mueven fuerzas productivas y relaciones de producción en permanente lucha de clases. Sí, en efecto, nacimos para el placer, intelectualizándolo deseo por la madre e instinto asesino contra el padre (pero mis motivos son otros), aterrados por Tánatos. Darwin, Marx y Freud lo dijeron todo.

3

“Skin head” lo fui un rato, unido a grupos fúnebres en Trafalgar Square y Picadilly Circus. Emo en Amsterdam. Me aburrí como ostra. Torné a mi verdadera naturaleza. La colección de sacos de tweed, lana irlandesa. La de corbatas de ratán escocés, a cuadros. Los zapatos de ante. Trajes cruzados a lo Príncipe Carlos, y blazers, azules y color camello, para los cocktails y las recepciones de una industria clandestina, en el filo de la ley.

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Amores a puñados. Niñas preciosas que, en vez de al psiquiátrico, fueron a dar a camas filmadas con lascivia. Del joven, al que le hago (censurado), y cuya fotografía colé en una junta en la que mi padre y sus cómplices en la minera se repartían el pastel, creí enamorarme. Y yo nunca me enamoro. Un tiempo me apasioné por el alpinismo, proeza mística. ¿Cómo explicar la transfiguración de trepar paredes de hielo en procura de cimas que nunca son las más altas? El sol quebrándose en iridiscencias, soplando luz. Tocas un cabello de Dios. Picos de Suiza, España.

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¿En qué me ocupo desde mi regreso a México para recibir la herencia de mi madre, a última hora perdonada por el abuelo ultrajado? (luego lo explico). Leo a raudales, a raudales escucho música, a raudales veo videos. De vez en vez paseo por la Ciudad de México, visito las playas de Oaxaca, regreso a Taxco. Y cazo blogeras, finolis en la revista Quién, playmates en páginas de “encueratrices”. Me conecto, bajo sus fotos. Con algunas “chateo”. En el último número de Quién me conmovió la historia de Michelle Salas, la hija de Luis Miguel y de Stephanie Salas, bisnieta de Silvia Pinal (leo todo, pero no su autobiografía). No da su dirección electrónica, lo que lamento. ¿O basta la pista StereotypeMess? Pero probaré. Sigo hojeando. Nada sabía de la hija de Carlos Fuentes con Rita Macedo, todo un caso. ¡Qué matrona se ha puesto Salma Hayek! Podría unirse al anuncio de rebosantes canastas básicas de SEDESOL. Y me interesó el seminario que Michel Domit, “Maestro espiritual” (¿quién expide este título, la SEP?), ofrece en su santuario de Valle de Bravo. A lo mejor me inscribo.

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Fotos  de Michelle Salas tomadas de http://www.stereotypemess.com/, consultada el 19 de septiembre de 2016.

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