Crónica 33 – Snowbirds (No los vacacionistas)

cronica 33

Hay un olor a chapopote que se mete por las ventanas y que lleva varios días dándome náuseas. Mi casa ha adquirido una energía pesada que despierta mis antiguas fantasías por creer que es posible cambiar mágicamente las cosas con el simple hecho de quejarme constantemente. Empiezo con mis nostalgias mexicanas, con angustias sobre la definición de hogar, con dudas sobre mi capacidad de poder cuidar de mí y anhelo con desesperación ser acogida por un ser protector que me abrace y me haga de comer cosas ricas como caldo de pollo, atole de guayaba, tortillas de maíz. Imagino a México como ese ente generoso y enorme al cual debo regresar para sentirme bien. Y sí, todo esto gracias al nauseabundo olor a chapopote que emana de la escuela para niños de enfrente de mi casa, a la cual le están arreglando el techo. Empiezo también con mis quejas primermundistas, pienso que cómo es posible que no nos hubieran avisado a los vecinos de estos trabajos, pues tenemos derecho a saber y a protestar ante la invasión de nuestro sentido olfativo. No sé de qué me ha servido tanta meditación últimamente, quizá para darme cuenta de mis reacciones inmediatamente rabiosas ante las cosas que no me gustan.

El verano está por concluir en Toronto, la actividad normal de la ciudad se reanuda el 6 de septiembre y, es curioso, pero a pesar de que aún faltan un par de semanas para el fin de la estación de calor, a partir de que la ciudad se pone de nuevo a trabajar, las temperaturas cálidas desaparecen. Este fenómeno lo he observado durante todos los años que he vivido aquí, cuidando siempre de no mezclar el efecto psicológico del fin de vacaciones con las temperaturas Celsius reales y, efectivamente, el fin de vacaciones significa también el fin del calor, por lo que para mí esta época se hace un poco más difícil pues comienza la cuenta regresiva hacia días cortos y oscuros, así como hacia el frío húmedo que cala hasta los huesos y me hace llorar.

Siempre se regresa a las labores un martes, pues el fin de semana previo, así como el lunes, se consideran tanto el puente del Día del Trabajo, como el fin del CNE (Canadian National Exhibition), también conocida como The Ex, la cual es una feria de tecnología y agricultura que existe desde 1879 y que, en épocas recientes, se ha convertido más en una atracción de puestos de comida, compras, juegos mecánicos, casinos, sorteos… Todavía

existen los pabellones dedicados a nuevos descubrimientos pero las familias van más que nada a pasar el día en juegos y comer cosas asquerosas como donas enpanizadas, rellenas de hamburguesa, sumergidas en jarabe de chocolate con trozos de tocino y otras aberraciones por el estilo.

Otra importante tradición del CNE es el show aéreo de los Snowbirds, quienes celebran 67 años de presentarse en Toronto y que, a últimas fechas, han causado gran polémica ante la pregunta de si deberían seguir existiendo o no, pues el sonido tan espantoso que producen sus acrobacias causan reacciones traumáticas en gran cantidad de inmigrantes que han escuchado ruidos semejantes en sus países en guerra. De hecho, el mes pasado se publicó en el Toronto Star un artículo de Craig Damian Smith, un candidato a doctor en ciencias sociales por la Universidad de Toronto, quien definió al show aéreo como arcaico e indecente dada la gran cantidad de inmigrantes con experiencias traumáticas que habitan en Toronto. El académico dice que no es en realidad una minoría, sino la mayoría de gente con este tipo de historias y que el ruido provocado por los aviones no hace más que recordar el terror vivido. Asimismo indica que los espectadores son muy pocos como para justificar el show. El mismo periódico publicó ayer las respuestas de la gente ante el artículo y en su gran mayoría condenan, algunos de manera agresiva y burlona, el punto de vista del académico. Argumentan que a nadie se le obliga a participar del show, que hay áreas donde la gente puede ir a pasar el día sin ser molestada por el ruido y que, ni modo… pues si viven en Canadá, deben de abrazar esa tradición que hace feliz a miles de personas y que antes de comprar sus casas cerca del área de vuelo, debieron haberse informado sobre el evento.

Desde antes de saber que el tema se había convertido en controversia, debo confesar que siempre me ha interesado, pues en lo personal, afortunadamente sin ninguna experiencia de guerra, el ruido de los aviones y verlos volar tan bajo me pone nerviosa y aprehensiva. Mi intuición entiende que debe ser absolutamente espantoso para varias personas escuchar y ver a estos aviones y, asimismo, me parece que un show de este tipo endulza la realidad de lo que son los horrores de la guerra, la cual no parece que vaya a parar nunca. Me imagino que para un niño nacido en un lugar relativamente pacífico es maravilloso ver máquinas voladoras moverse al mismo tiempo, y el estruendo de estos pájaros de metal debe ocasionarles una emoción espectacular. La destreza y la disciplina de

los pilotos debe ser un ejemplo, pero no me queda muy claro como de qué. Entiendo la tradición y el orgullo que los Snowbirds son para Canadá, pero en un mundo tan violento y tan desconectado del sufrimiento humano, me parece que este show es un tema que deberá seguir discutiéndose, y no dudo que dentro de algunos años sea suspendido, no tanto por sus efectos en personas, sino por lo poco atinado con el momento en que vive el mundo.

Ni cerrando las ventanas me liberaré del chapopote y de los ruidos aéreos, tampoco me liberaré de esta nostalgia. No me queda más que esperar a que el olor negro se esfume, que las celebraciones del puente terminen, que el show de los aviones pase sin accidente alguno, que el frío envuelva al ambiente y que acabe pues esta época de verano torontoniano que es la número diez para mí.

P. Rivera

One thought

  1. Como que ya vivimos en Pueblo y más, abajo de una basílica que celebra la llegada a la basílica del la Virgin de los Remedios, hemos tenido más de tres semanas de cohetes a partir de las 5am hasta media noche y la última noche toda la noche! Era como estar en zona de guerra y pensé en la trauma para cualquier ser que realmente ha vivido esa realidad. Estoy contigo. xo

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