¡AY JALISCO, NO TE RAJES!

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Foto: Juan José Arreola. Tomada de Álvarez Bravo, Lola, Escritores y artistas de México, México, FCE, 1982.

El problema de las familias disfuncionales, rotas, es la pérdida de sus tesoros de mitos, consejas, anécdotas; ese que otorga a los viejos de la tribu un papel preciado, el de la conservación de la memoria. Y a toda generación le entra la nostalgia. Cómo, en qué circunstancias se conocieron los tatarabuelos, los abuelos, los padres. Si el origen familiar viene del extranjero, cuándo y por qué los primeros dadores de semen y óvulos hicieron la maleta y pusieron pie en polvorosa. De Francia, de España, de Alemania, de Italia, incluso de Rusia o Polonia.

Y al río de una estirpe confluye otro. Y vendrán más.

De mi familia, la paterna y la materna, guardo una narrativa disfuncional, rota. Los Curiel y los Defossé. ¿Kuri en el remoto origen de Curiel? ¿Magma sefardí, judeo-español? ¿Libanés? ¿Qué movió al padre de mi madre, hombre de minas, a coger los bártulos y cruzar el Atlántico y casarse con una oaxaqueña para, en su recorrido de Reales de Minas (Pachuca, Zacatecas, Taxco), ir sembrando niñas vaporosas, guapísimas las tías, una con ojos violetas de Ava Gardner? Titipuchal de hijas y un varón.

Si ardua pero fascinante es la historia familiar, para algunos todo un hoyo negro, es de imaginar la frustración de quien, ni siquiera cadáver, guarda reposo. Se trate de un pariente anónimo o de un pariente celebridad, figura pública.

Puesto que un ramal familiar, el del compositor Gonzalo Curiel, enraíza en Jalisco, y de que mi hermana mayor, después de haber nacido en Guadalajara a Guadalajara ha regresado, tomo los asuntos jalisquillos como todos los de Guerrero, mi Estado (Mártir) de adopción. A pecho.

De siempre he admirado (algunos de sus miembros de gran influencia en mi vida de escritor) al Grupo Jalisco: Yáñez, Arreola, Rulfo, Martínez, Alatorre. Con Del Paso, mi tocayo, mantuve numerosas conversaciones cuando la hechura de Noticias del Imperio. Y, aunque me lo negó, juro que el título se lo sugerí yo, al calor de la pregunta de qué haría con la rebaba documental que generaba como estela la novela (me solicitó, a través de la inolvidable María del Carmen Ruiz Castañeda, le abriera la puerta a la Hemeroteca Nacional; lo que hice de mil amores).

El caso es que a alguien (nunca falta) se le ocurrió negociar con los descendientes del arquitecto Luis Barragán (genial, místico), gloria de Jalisco, 500 gramos de sus cenizas, para elaborar un diamante; esto a cambio de sus archivos. ¡Ah, la presencia eterna de sus huesos y papel en la humana historia!

Ya puede uno imaginar el siguiente diálogo entre dos damas linajudas, esas que produce la clase política a la mexicana:

—Nena, ¿tu diamante es un Diego Rivera?

—No Mireyita, ¡odio sus monotes! No. Mi diamante es un Justo Sierra.

El caso es que ya brincó, porque el suelo no está parejo, una diputada del Congreso del Estado de Jalisco. Clama, en dos idiomas (su apellido es Corona Nakamura), por una reforma al Artículo 13 de la Ley para Declarar y Honrar la Memoria de los Beneméritos del Estado (¡Uf!), para impedir que los herederos (y qué le digo de las viudas literarias) dispongan a su capricho de puñados o paletadas de cenizas de su prócer. Los restos pasarían a ser propiedad del Estado. En llegando a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, se chingó la patria.

Felicítola. ¡Hay Jalisco, no te rajes! (Aunque a Guadalajara, con tanto pavimento y esculturas de Sebastián, ya no le quede lo de “olorosa a tierra mojada”).

F.C

Foto 1

Foto: Luis Barragán. Tomada de Álvarez Bravo, Lola, Escritores y artistas de México, México, FCE, 1982.

Foto 4

Foto: Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, sobre Calle Liceo, 1954. Tomada de Las historias de Carlitos, http://historiascarlitos.blogspot.mx/2010/05/blog-post.html, consultada el día 29 de agosto de 2016.
Foto: Fernando del Paso. Tomada de Humanidades y Ciencias Sociales, marzo-abril de 2015, año XI, núm. 87, p. 3.

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