LECCIONES SAN ANGELINAS

Plaza de San Jacinto

LECCIONES SANANGELINAS

Fernando Curiel

Para Amalia y sus hijos

Estará usted de acuerdo conmigo, en que el barrio de San Ángel, asediado islote urbano, de fácil acceso por el Periférico, el entubado Río Magdalena, Revolución, las avenidas de La Paz y Altavista (e Insurgentes y San Jerónimo) ofrece una amplia oferta restaurantera. Yo le soy fiel a la pionera Fonda San Ángel, a un costado de la Plaza de Jacinto, paso obligado al sabatino Bazar. Su carta hace mérito a las suculencias del arranque, por los 80’s del pasado siglo (si es que, como nos pasa con el XIX, en efecto ya terminó).

Me reservé un desayuno dominical —San Ángel menos congestionado que el sábado—, para leer, releer, sendos artículos de dos entrañables amigos universitarios, Humberto Muñoz y Diego Valadés. El primer artículo con una agenda latente del hoy y mañana (y pasado mañana) de la UNAM, sólo visible en épocas de crisis (que los tres, Humberto, Diego y yo nos conocemos al dedillo). El segundo con una cuestión que ya nos quema los aparejos.

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Muñoz, ex coordinador de Humanidades, al frente de un Seminario de Investigación sobre Educación Superior, constriñe a cinco puntos la referida agenda. El primero, positivo, señala no sólo que en una época de descrédito de las instituciones, la universidad pública guarda, por el contrario, alta estimativa, sino también la necesidad de “elaborar proyectos y opciones educativas” mediante alianzas, redes en todas direcciones, robusteciendo los “nexos con el entorno social”. El segundo, subraya la necesidad de transformación universitaria en “un sitio de interconectividad y de unión del conocimiento científico y cultural” (con mi pluma Sanborns “Made in China” anoté la necesidad de la específica, la permanente mención de las Humanidades, tan faltas a su vez de revitalización). El tercero apunta que ante el empuje de la universidad privada, la pública necesita avanzar en la “recreación de la esfera pública, y formar parte de la opinión pública” (apunté dos ausencias: un espacio de reflexión, y difusión, sobre las historia mexicana y española a partir de 1939, máxime que la LOPPE de 1976 se inspiró, para mí superficialmente, en la

Transición Posfranquista; y un espacio de reflexión, y difusión, de la franca decadencia de México, “lumbre en los aparejos” arriba mencionada y tema, que estamos por ver, del artículo segundo traído a cuento en este blog, “Puño electrónico”).

Críticos, no menos premiosos, los puntos 4 y 5. Respectivamente, la necesaria reestructuración del Gobierno universitario, en busca de la legitimidad fuera de duda y reconcomios; y el desaforado peso que la burocracia universitaria ha cobrado por encima de la academia, imponiéndole sus criterios.

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Diego Valadés, talentoso constitucionalista, dueño de una excepcional ejecutoria política dentro y fuera del campus, cuya capacidad oratoria envidio, escribe, respecto al entero Estado Mexicano —y a su clase política— de una “legitimidad en entredicho”. ¿Y en que descansa la legitimidad pública? Señoras, señores, “followers” de este blog colectivo, hete que la legitimidad pública “depende de la eficacia de las instituciones”. Sólo que, de tiempo atrás, la eficacia del Estado mexicano “ha venido decreciendo”. Y, ojo, si no la ha perdido por completo, “hacia ella va”. En contrapartida: una “desobediencia civil” en aumento.

El quid: ingobernabilidad. Proceso, digamos cada día más y más acelerado, que “erosiona la legitimidad del Estado”. ¿Quién carga con las cuentas? Todos. Los gobernantes, con desprestigio (que, añado, cunde aquí y allá, sin que lo pare la multimillonaria e inútil propaganda oficial, por estos días desatada; véase en este blog la sección “Horrible publicidad horripilante”). Los gobernantes, con incertidumbre (que, añado, en los últimos días, con una CNTE poder público fáctico de corte además violento, y alzas de precios maquilladas de bajas, bañadas además con aguaceros torrenciales, ya no son malestar sino ira social). No escapa a mi amigo, no podía escapar, la facultad legal de la atribución punitiva del Estado, connatural a su invención, rasgo de la Modernidad.

¿Y los partidos políticos? Meto la cuchara: órganos de interés público con fines privados que no excluyen la megalomanía, franquicias electorales, a su modo cárteles a la luz del día y sobradamente subvencionados. Los partidos, apunta Valadés, apelan a las emociones para liquidar al enemigo, se abstienen de aportar soluciones, se matan por lo que será un “cascarón vacío”. Añado: medran pero se disparan al pie.

¿Y la democracia? Lo que debería ser una forma de gobierno, tórnase “impedimento para gobernar”.

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En el Barrio de San Ángel, esta mañana dominguera, parece que todo sigue igual. Reuniones familiares, compras, “flirteo”. Pero no. No todo sigue igual. Lo dijo mi tocayo Del Paso: hemos cambiado para empeorar.

 

San Ángel. Frontera y Dr. Gálvez

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