PÉRFIDO BREXIT

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PÉRFIDO BREXIT

Fernando Curiel

 

Asunto personal. La metida de pata como debutante en las letras patrias (una ¿novela? apresurada, disque objetual); mi temor fundado a la imitación deslumbrada del Arriola style;  la cercanía de la treintena (edad estigmatizada en los 60’s, de donde soy); una depresión, la enésima, disfrazada de “socialité” (y adicción al trago); la encrucijada de caminos (¿el Derecho para el que tenía dones? ¿la Escritura caiga quien caiga?); la puesta en escena neo-cardenista, providencial-burocrática-subvencionada y enloquecida del echeverriato (tazón de miel para mi generación universitaria); la circunstancia propicia de que un amigo, a la sazón entrañable, abriera a mi tribu de tres su casona en el barrio de Chelsea, el Támesis a unos pasos; etcétera; me llevaron a Londres, por largo tiempo, a comienzos de los 70’s, la juventud rebelde de vuelta a casa. La experiencia foránea de tiempo completo dio ruta a mi vida. Mi camino a Damasco.

Mutación. Me reconocí escritor fuera de la ley, rompe-géneros; descubrí los vasos comunicantes entre las Generaciones y las Ciudades; leí, superficial pero tenazmente, sobre la historia inglesa y, amparado por la distancia atlántica, sobre la de mi país (¡qué demodé me pareció El laberinto de la soledad!); reparé en el privilegio de haber protagonizado los 60’s chilangos (de ahí la obligación que contraje de rendir testimonio). Regresé otro, lo que el Destino, que todo lo sabe, dispusiera. El segundo libro me sacó la espina del primero, clavada hasta el tuétano. Dejé la Isla, camino a París, navegando en las aguas continentales de la Comunidad Europea.

2016. Han pasado, me lo recordó una nueva amiga periodista, más de de 40 años. Hoy, quien mete la pata, es Inglaterra. El país de la Revolución Industrial, el que con tal de no vivir una revolución social inventó las más osadas modernidades y que en el pasado dominó mares y territorios; ése país, ¡oh blogeros!, vota, en apretada mayoría, el Brexit. Y, al hacerlo, reabre el expediente polvoso de los odios tribales de Europa y anexas; sólo que ahora galos y tudescos como enemigos comunes (únicamente faltan en la danza macabra los eslavos neo-soviéticos).

¿Qué diablos pasó? Haciendo a un lado los pareceres de nuestros opinantes públicos intelectuales, no pocos pos-graduados, que ya bastante tienen con la comprensión de la Decadencia Mexicana, y con el arrepentimiento del candor de doncella que los llevó a creer en la democracia electoral, esa que ha producido las nupcias monstruosas PAN-PRD y una INELAND… decía que me atengo a las versiones surgidas en la propia Inglaterra mete pata. Recomiendo, por ejemplo, el análisis, dolorido y asombrado, pero furioso en el fondo, del ecuánime Tony Blair. Etcétera.

Pecado capital. Digo que nada tan frívolo, pero tan peligroso, como el prometer gana-votos. La ocurrencia de un Referéndum tiene nombre y apellido: David Cameron, el Primer Ministro ya por largarse con el estigma de la reculada inglesa. ¿A qué venía el tema de quedarse o salirse, quién y con qué fuerza lo exigía? Un político con visión de Estado, que es decir de la historia, no la inmediata sino la futura, hubiera dado por hecho consumado la pertenencia de Inglaterra a la Comunidad de Europa. Con todo y las oleadas migratorias. Reformas, sí, negociaciones concretas nuevas, pero nada más. No destapes, si la hay, y siempre la hay, la Caja de Pandora que encierra a tus demonios nacionales. Te partirán, se la partirán al país, la madre. El panorama de Inglaterra se encapota. Separatismo, Independencia. Gales, Irlanda, Escocia.

Pérfido BREXIT.

 

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Fotografías de Raymundo Alva Huitrón

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